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España sigue bailando

Villa, Torres y Cazorla culminan el fútbol elaborado de la roja ante la ambiciosa Chile

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Cuando España es Brasil habla la pelota y la grada jalea orgullosa cada toque. Es un estilo. Una manera de entender el fútbol que cuadra con la el ADN de cualquier españolito medio que un día se sintió alguien con un balónen los pies.

Es técnica, es precisión, es fútbol en movimiento. Es ponerse por delante en el marcador y que corra detrás del balón el madero, el que no la tiene. La pelota expuesta en la hierba como dueña absoluta del juego. Diciéndole al contrario, si la quieres, sígueme; sí puedes, claro. Como siempre hizo Brasil, cuando Brasil era Brasil. Un gol y ahora corre es la invitación tramposa. Pero corre bien, que si no te vas a parar en seco en el fondo de tu portería con otro gol en el saco. ¿Y te preguntarás cómo fue? ¿En qué toque me perdí?

En tiempos del músculo, del fútbol cibernético, con esos programas que destripan el juego para luego dictarlo, España ha conseguido meter el fútbol en el túnel del tiempo. Lo hizo con Luis Aragonés en la Eurocopa y, ahora, con Del Bosque. No era nada fácil que esa idea cuajara en los tiempos que corren. La tendencia moderna es despreciar el balón hasta preferirlo mal botado en una segunda jugada que intentar construir con él.

Es cierto que es difícil mantener esas secuencias de toque durante la mayor parte del partido, pero cuando España engancha una, la grada se enciende porque le recorre por el interior el placer del fútbol bien jugado.

Se encontrará España pocos amistosos jugados con la intensidad que jugó Chile. Bielsa come fútbol y sus equipos lo devoran. En otra época y con tro seleccionador este partido hubiera sido un trámite funcionaral. Chile, como la mayoría de equipos suramericanos que vienen a hacer bolos en verano, hubiera mostrado los detalles de sus estrellas y poco más. Pero Bielsa no concibe el fútbol de pasarela ni en un amistoso.

Del Bosque lo sabía y por eso superpobló el centro del campo al añadir en el once a Xabi Alonso. Intuyó que Bielsa propondría el juego desde su ataque al balón en campo contrario si hace falta. Jugó con un solo punta casi todo el partido, pero este grupo de jugadores ya demostró que eso le da igual. Primero Villa y luego fue Torres. Cada uno se fue con un gol. Y ambos leyeron a la perfección lo que ese juego tocado requiere. Desmarques a los costados, tocar y marcharse. Hasta que aparece el agujero y se abre.

Villa se lo descubrió a Riera y este sacó un penalti. Con los partidos igualados en el marcador, España no desmerece la seriedad táctica. Mastica los partidos con tranquilidad. Cuando se pone por delante en el marcador es cuando empieza el baile. Aparecen los toques eléctricos y se elevan por encima de todos sus centrocampistas. Alonso en el juego largo, Senna en el fútbol fácil, y Xavi y Cesc en toda aquella conexión que sólo ellos pueden ejecutar.

No es sólo que entreguen el balón al pie, a la velocidad que sea o rodeados de cuatro contrarios. Es que no hay quién se lo quite. Lo protegen con el cuerpo, lo miman con toquecitos cortos, se frenan y aceleran. Todo en muy pocos metros. Todo con una sencillez y una eficacia sublimes. Como el segundo gol. Xavi recibió libre en una contra. Cuarenta metros por delante. La conducción fue majestuosa. Con el turbo puesto y moviendo la cabeza de lado a lado. Buscando el pase y el momento. Localizó a Torres a la derecha y lo puso en el camino del gol. El resto fue cosa del Niño. Un recorte que puso al central de Chile mirando a las valla publicitarias y un toque abajo, al otro palo. Otro baile más.