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Experto en Bernabéu

El campo del Madrid inspira a Claudio Ranieri, que ya ha ganado allí con dos equipos, Valencia y Atlético

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A Molina jamás se le olvidará aquella mañana del 30 de octubre de 1999. Entonces defendía la portería del Atlético de Madrid. El entrenador era Claudio Ranieri (Roma, 1951), un tipo desafiante, visceral y, a veces, distante. Los futbolistas no le tenían en demasiada estima. Pero aquella mañana les dejó con la boca abierta. Reunió a los jugadores y les soltó como si fuera el propietario de una pócima milagrosa: 'Si tantas ganas tenéis de vencer al Madrid, tenéis que hacer exactamente lo que os digo'. Dicho y hecho. Aquella noche fue la última que los rojiblancos ganaron a los madrileños en su estadio: 1-3.

El secreto de Ranieri no se escondía bajo ningún discurso. Más bien consistía en una cámara de vídeo. Les puso el partido entre el Oviedo y el Real Madrid. Los de Luis Aragonés, entonces entrenador de los asturianos, no derrotaron a los blancos, pero habían arrancado un inesperado empate a dos. Antes de encender las luces, el entrenador plasmó su mensaje: había que jugar como el Oviedo, presionar muy arriba y otras cuatro o cinco instrucciones. Ranieri no se equivocó esta vez. Esa noche, el Atlético venció en el Bernabéu con dos goles de Hasselbaink y uno de José Mari. Esa noche, en el Paseo de la Castellana, el runrún de un silbidito, al son de la música inconfundible de El puente sobre el río Kwai, el himno con el que la grada coreaba a Jimmy, tardó varias horas en apagarse.

Luego, Ranieri desertó, se borró literalmente de su trabajo con la llegada de la administración judicial, acabó destituido por Rubí, llegó Antic y el Atlético bajó a segunda. El resto de la historia ya la saben. Los rojiblancos no han vuelto a toser desde entonces a los madridistas. Pero Ranieri sí.

El italiano ha hecho llorar demasiadas veces al Madrid. Un año antes, en la temporada 98-99, su Valencia hizo papilla al club blanco en una eliminatoria de Copa (6-0). Y también le ganó en el Bernabéu en Liga un año antes (1-2).

Casi una década después, Ranieri se presentó en Delle Alpi en la Champions con un Juventus con el organismo herido. Fue suficiente cruzarse con el Madrid para recuperar el camino perdido. Desde entonces, la vida ha cambiado de opinión en Turín. Los resultados han mejorado la salud. El dirigente Jean Claude Banc ya no tiene que defender al entrenador frente a la opinión pública. 'La confianza se da solo una vez', dijo a finales de octubre, cuando media Italia debatía sobre la fecha de caducidad del técnico.

Quizá el Madrid inspira a Ranieri. De ahí el bálsamo, la voz de la conciencia. Una de las cosas que hizo el mes pasado, antes de que el Madrid pisase Delle Alpi, fue convocar al capitán Del Piero a una reunión a solas. Pretendía buscar el origen de los males que azotaban al Juventus.

Del Piero, de 33 años, es hombre que ya no se calla ante nada. Leyenda viva de la vechia signora, le soltó: 'Usted debe ser más abierto con los futbolistas, así será más fácil remar juntos'. El entrenador escuchó y aceptó, algo impensable en el Ranieri que aterrizó en los noventa en Valencia para imponer mano dura. Aquel fue un tipo militar que parecía saberlo todo. La primera y la última palabra era la suya.

En el fondo, allá donde ha estado, Ranieri ha dejado una imagen contradictoria. A los 57 años tal vez está en su última estación como entrenador tras una vida prolífica y a veces exitosa. Su carácter se debatió entre la ironía de cara al exterior (mal vista en los vestuarios) y el desafío más devastador. Le ha faltado el cariño del día a día, el sentido paternal. Ganó y perdió. No logró ser demasiado querido. Pero nunca abandonó una máxima: al Madrid hay que ganarle. Hoy lo intentará de nuevo.