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Felipe, el desatascador

El Fuenlabrada obliga al Real Madrid a exprimir al pívot para lograr su pase a las semifinales

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Amenazado de pájara colectiva, después de un deambular semierrático en las últimas semanas, el Madrid necesitó del acelerón de todo un campeón de Europa para dejar atrás al Fuenlabrada (75-66) y avanzar hacia las semifinales de la Copa del Rey. Felipe, un tipo con más recursos de los que se le reconocen y a veces exhibe, tuvo que desplegarlos todos para desactivar, en la recta final, la encomiable resistencia de los pupilos de Porfi Fisac, un grupo que optimiza todo lo que tiene. El Madrid, que es un equipo velocista, se maneja a disgusto en la carrera de fondo, que le obliga a trabajar el doble. Los blancos están hechos para resolver por la vía rápida. Entrar a discutir los pormenores les incomoda. Y más ante un rival que parte con desventaja desde la salida.

No les quedó, sin embargo, más remedio ante el Fuenlabrada cuya estrategia de carrera fue de lo más inteligente durante todo el recorrido. Los muchachos de Porfi Fisac mantuvieron un ritmo constante, sin grandes acelerones ni desgastes gratuitos. Bien compactos atrás, tampoco permitieron que el Madrid se marchara enganchado a la mano caliente de Singler. El Fuenlabrada respondió a cada estirón del alero estadounidense lanzándole a Penny y, en alguna ocasión, a Hall.

Los blancos se verán las caras con el Banca Cívica, otro grupo de fondistas

Laso tuvo que mover ficha. Buscar recursos para intentar despegarse de la incómoda vigilancia de los fuenlabreños. Los encontró en Felipe y Velikovic, dos hombres altos y rápidos, con variedad de registros. Pero ni siquiera así logró el Madrid marcar la pauta de la contienda. Ni marcharse con garantías de no tener que volver a mirar atrás. La pista apareció llena de vericuetos. Y sus cuatro puntos de ventaja al descanso (35-31) fueron más un reflejo de su reajuste defensivo que de su productividad en ataque, sostenida de en pequeñas aportaciones.

Laso estimó que así su equipo no llegaría a la meta. Y, al regreso de la pausa, recuperó a sus artilleros: Carroll, Llull, Mirotic... Desde la línea de tres, el Madrid logró abrir su mayor distancia (46-40), nada del otro mundo tampoco. Fisac no se dejó intimidar. Ni corto ni perezoso, le copió la táctica. Mainoldi y Laviña buscaron y encontraron el triple con la misma eficacia que los blancos. Y todo volvió a su estado inicial: 53-53. Si algo no le falta al Fuenlabra es capacidad de aguante. Se ha acostumbrado a trabajar mucho para sumar sus victorias. La clave está en no desesperar. Incluso en los momentos de mayor flojera, si los tuvo, fueron apenas apreciables en el instante final.

A los fuenlabreños les faltaron recursos y resuello en la recta final

Así las cosas, el Madrid se encontró luchando por una plaza en la semifinal en un escenario hostil y desagradable. En evidente inferioridad en la grada, el conjunto de Laso se vio obligado a redoblar sus esfuerzos, tras media hora de tira y afloja. No entraba en sus previsiones tener que remar contra tantos elementos adversos. Reyes tuvo que intervenir de nuevo; como anotador, reboteador y como asistente de Velikovic. La remangada del campeón de Europa tuvo un efecto contagioso en sus compañeros. La carrera enloqueció ante la perspectiva cercana de la meta, justo lo que quería el Madrid. Su estirada entonces abrió hueco (71-60). Y al Fuenlabrada le faltó resuello y acierto para salir de nuevo a la caza. Su pelea, sin embargo, justificó con creces su presencia en el Sant Jordi. El Madrid alcanzó el mínimo objetivo exigible. La meta está a dos partidos. Esta noche le aguarda otra serie eliminatoria ante el Banca Cívica, otro especialista del fondo.

Real Madrid: Llull (8), Suárez (0), Singler (7), Begic (2), Mirotic (7) –cinco inicial–; Tomic (6), Pocius (3), Felipe Reyes (17), S. Rodríguez (4), Velikovic (13) y Carroll (8).

Fuenlabrada: Laviña (6), Blanco (6), Mainoldi (13), Hall (6), Colom (12) –cinco inicial–; Penney (12), Vega (0), Laso (0), Diouf (0), Cortaberría (3), S. Sánchez (2) y Múñoz (2).

Árbitros: Pérez Pizarro, Perea y Peruga. Sin eliminados.

Palau Sant Jordi: 14.100 espectadores. Último partido de los cuartos de final.