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Ferrero, más vale en la grada que en casa

Verdasco-Beck, primer partido de los cuartos ante Alemania

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En la agenda de Juan Carlos Ferrero, este fin de semana aparecía en blanco. No en vano, es uno de los pocos en los que no se disputan torneos ATP. Las fechas estaban reservadas para la Copa Davis, así que, en teoría, el valenciano tenía descanso. Sin embargo, las circunstancias han querido que Ferrero haya tenido que romper sus planes y regresar al equipo español, algo que no hacía desde hace cuatro años.

Primero cayó Rafa Nadal, lesionado sin fecha de retorno. Después, Ferrer, otro de los habituales en las convocatorias de la Davis, anunció su ausencia. Dos plazas estaban aseguradas: Verdasco y Feliciano se asocian bien en el doble y el primero, tras su victoria en Argentina, se ha convertido en un jugador robusto, el segundo español tras la soberanía de Nadal. A Robredo enseguida se le dio como fijo para disputar la eliminatoria de cuartos ante Alemania en Marbella, entre otras cosas por su actuación en Roland Garros (llegó a cuartos y fue el mejor español). Pero seguía quedando una plaza libre.

Dos nombres quedaron sobre la mesa: Almagro y Ferrero. El otro Grand Slam europeo, Wimbledon, ayudó a decantar el fiel de la balanza en favor del valenciano. Costa le llamó y él aceptó sin renuencias, a pesar de que lo más probable es que se quede en la grada y no llegue a jugar.

El historial de Ferrero en Davis es envidiable. De los jugadores que siguen en activo, sólo cuatro (Youzhny, Safin, Hewitt y él) pueden presumir de haber ganado dos veces la ensaladera. Fue el héroe en Barcelona, en 2000, una de sus primeras apariciones estelares en el tenis. En la final de Sevilla contra Estados Unidos en 2004 sólo fue una figura accesoria y perdió su único partido, el de dobles. Por el camino jugó una final más, en Australia 2003, en la que España perdió en la hierba.

Toda esa gloria parecía olvidada. Ferrero entró en un bajón, las lesiones se sucedieron y se perdió en el averno de la clasificación mundial, a años luz de distancia de la primera posición que llegó a ocupar. La última vez que se incorporó a filas fue en el año 2005, en la primera ronda contra Italia, en Torre del Greco. Perdió contra Seppi, ganó a Bracciali, España pasó y él cayó en el olvido mientras poco a poco iba descendiendo en el escalafón del tenis. Tuvo opción de viajar a Perú el pasado año, pero causó baja para sortear el largo viaje y la altura de Lima. Nadie quería jugar una eliminatoria que sonaba a encerrona.

Esta vez, sin embargo, Ferrero no se lo pensó dos veces. Viene de su mejor resultado en un grande en los últimos años y merece la pena volver a sentirse importante. 'Es una buena oportunidad, me encuentro en un buen momento de forma, aunque las posibilidades de jugar son pocas', reconocía ayer Juan Carlos. 'En Benidorm, cuando estuve fuera viendo a los otros jugar, lo echaba de menos. Creo que ha sido una decisión acertada venir aquí, aunque sea para entrenarme', asegura Ferrero, sabedor de que tiene que aprovechar el tenis que le queda para poder volver a brillar. Aunque, de momento, sea desde la grada.