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La fiesta de fin de curso

La Roja cierra la temporada con una comodísima goleada ante Venezuela. Marcaron Villa, Pedro y Xabi Alonso, con la ayuda de Vega

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En el Menesianos te llevaban al pantano de Cazalegas y es posible que aún conserven la costumbre. A la selección la llevaron más lejos para celebrar el fin de curso, a Puerto La Cruz, al norte de Venezuela, en pleno mar Caribe. Pero en esencia, quizás sin las canciones de rigor en el autobús y la mochila con los bocadillos, supo a lo mismo. Con más patadas al principio de las que se admiten en un simple amistoso, pero con las vacaciones indisimuladamente grabadas en cada cara (al final jugó hasta un juvenil en Venezuela que, literal, se ganó la plaza por sorteo). España cerró la temporada con otra victoria, eso no iba a consentir que se le discutiera, pero a la ligera, recostada sobre el asiento, en mangas de camisa y con las piernas cruzadas. Más que con desgana se empleó con relajación y suficiencia, convencida de su superioridad sobre el adversario y de que la vida y el reto no le obligaba a emplearse más.

Le ayudó, por supuesto, el calor, esos 36 grados que invitaban más a utilizar la hierba para echarse un rato, en la sombra, que para correr por ella. Y le ayudó, claro, la bondad de un marcador a favor a las primeras de cambio. En el fondo, Vega, el cancerbero de la vinotinto, un amigo, fue el que mejor escenificó la jornada, el profesor que soltaba la tiza y la regla por un día, se calzaba los guantes y hacía en falso las veces de portero. Villa se animó a probarle de falta desde Caracas por algo, porque los españoles estaban avisados de la fragilidad del meta, de su aire Sylvester Stallone en Evasión o Victoria. Por eso Xabi repitió experimento al borde del descanso. La premisa no era tanto esta vez jugar como tirar. Y le salió. Le bastó un tiempo.

Con menos toque en la alineación y menos hambre, España se limitó a dejar crecer el marcador por pura inercia. Protestó con firmeza (y Busquets, que no perdona una tangana, al frente de la manifestación) las entradas al margen de la ley con las que Venezuela quiso presentarse y enseñó la bota afilada de Marchena para recomendar al rival un descenso de la temperatura. Frente a una defensa llena de suplentes en sus clubes (Marchena, Albiol y Arbeloa), las cosas de Del Bosque, a Venezuela sí le dio para lucir ciertas maneras, un extremo escurridizo (Orozco) y un llegador por sorpresa (Maldonado, luego Arango) ante el que Víctor Valdés (espléndido) fue demasiado portero.

La segunda parte no modificó el paisaje pese a los cambios. España conservó la pelota, pero no sin añadirle la velocidad y profundidad que la vuelven grande y diferente (ni con Silva y Cazorla). Así que el partido se fue muriendo sin ganar interés. Ni siquiera cuando Venezuela apretó un poco. Quedó reducido al recuento clásico de las efemérides: el debut de Manu (el 19º que lo hace con Del Bosque), el gol 47º de Villa, el récord de victorias de un seleccionador español (39) y el guiño inevitable del técnico a su capitán de cara a la estadística: un minuto de Iker para que los suyos ya parezcan 121 encuentros con La Roja.

Venezuela: Vega; Rosales (A. González, m. 89), Lucena, Perozo, Cichero; Rincón, Seijas (Di Giorgi, m. 46); C. González (Meza, m. 64), Maldonado (Miku, m.46), Orozco (Arango, m. 46); y Moreno (Guerra, m. 72).

España: Valdés (Casillas, m. 89); Iraola, Albiol, Marchena, Arbeloa (Capdevila, m. 62); Busquets, Alonso (Silva, m. 46), Iniesta (Cazorla, m. 46); Pedro, Llorente (Torres, m. 62) y Villa (Del Moral, m. 46).

Goles: 0-1. M. 4. Villa lanza una falta directa ajustada desde unos 35 metros, el balón golpea en el palo izquierdo y en Vega y entra. 0-2. M. 20. Pedro, con la izquierda, a pase de Villa. 0-3. M. 45. Xabi Alonso, de falta directa, desde unos 30 metros, al palo derecho.

Árbitro: Buckley (Perú). Amarilla a Cichero, Lucena, Marchena.

Anzoátegui: 40.000 espectadores.