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La final que quería el Madrid

Los blancos se imponen al Banca Cívica y hoy se medirán al Barcelona

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Equipo castizo donde los haya, el Real Madrid acude esta tarde al encuentro del Barcelona con el refrareno en la mano y en la boca. “A la tercera, va la vencida”, dice el proverbio popular. A la tercera, debería ir la vencida, repiten, a su modo, los pupilos de Pablo Laso, tras alcanzar ayer su tercera final de la Copa del Rey consecutiva, a costa del Banca Cívica (92-84). El triunfo, sin embargo, sembró tantas dudas como certezas sobre el estado de los blancos, un grupo que se maneja a ramalazos.

Dotado de jugadores extraordinarios y de una plantilla tan amplia que Laso pudo permitirse ayer el lujo de reservar a Felipe Reyes y Velikovic, protagonistas principales en la victoria blanca de cuartos, el Madrid no acaba de encontrar el tono que le llevó a dominar los partidos como una apisonadora. Ante el Banca Cívica, un equipo muy justito en el juego interior, los madridistas fueron incapaces de administrar con solvencia sus ventajas, que fueron varias y muy amplias –hasta 20 puntos, con el 67-47–, pero no definitivas hasta el final.

El Madrid es un equipo tan bipolar que, ayer, tras ejercer su mando y su superioridad en el primer cuarto con aparente facilidad, protagonizó cinco minutos bochornosos en el siguiente. Hasta 25 puntos encajaron los de Laso en esa desastrosa mitad de cuarto, circunstancia que devolvió al partido a los sevillanos, cuando ya parecían muertos. El 46-44 del descanso, con triple final de Tepic, reabría la contienda y las dudas entre los pocos madridistas que jaleaban a los de Laso en la grada.

Pero, como si se sintiera más a gusto en la contienda apretada o necesitara de una amenaza para enchufarse, el Madrid se conectó de nuevo, como una exhalación. Enganchados a Mirotic, ayer en estado de gracia (21 puntos y tres rebotes), y a la chispa de Llull (17 puntos y siete asistencias), los blancos dieron, en un abrir y cerrar de ojos, un estirón tan amplio que olió a definitivo (67-47). Nada más lejos de la realidad.

No se rindió nunca el Banca Cívica, siempre atento a las pájaras de los madrileños para reengancharse al encuentro. Ora Bogdanovic, ora Callaway, Triguero o English, siempre desde el perímetro, los sevillanos les buscaron las cosquillas a los blancos. Y se las encontraron una vez más. Confortado con el marcador, el Madrid se dejó ir de nuevo. Y el Banca Cívica autoalimentó su esperanza: 79-72. Convencidos de que la sorpresa aún tenía un margen, los de Joan Plaza intentaron explotar las debilidades defensivas del rival. Pero ya no les alcanzó. Puesto el pase a la final en un brete, el Madrid tuvo el suficiente ánimo para ir en su busca por enésima vez. Era una cuestión de voluntad, pues recursos tenía de sobra. Demostrado quedó.

Así las cosas, los blancos comparecen esta tarde en la final que tanto querían. Ante el Barça, su bestia negra los dos últimos años. Por lo visto ayer, llegan con menor desgaste que los azulgrana, pero con más dudas acerca de su juego. Les cuesta imponer su estilo y su superioridad incluso ante equipos con muchos menos recursos. Claro que Laso siempre puede tirar de Felipe y de Velikovic, casi inéditos ayer. Cinco minutos jugó el internacional español. Dos más, el ala-pívot serbio.