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Forlán, orgullo charrúa

El delantero uruguayo marca dos goles y fabrica uno para Simao y otro para el Kun Agüero en la victoria ante el Racing (4-1)

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Forlán no tiene el aura que envuelve todo lo que hace el Kun, pero dinamita a los contrarios por movimiento y trabajo. Se le piden goles, pero es tan honrado en el esfuerzo que ningún entrenador se ha atrevido a cuestionarle en tiempos de sequía.

Forlán zapa y zapa hasta que encuentra el camino del gol, bien para él, bien para otro compañero. Tiene al Calderón entregado y éste le canta orgulloso el 'uruguayo, uruguayo'. Es un reconocimiento a la genética histórica del fútbol charrúa. Sus datos de ayer hablan de un futbolista decisivo en todo lo que sucedió para el Atlético. Dos goles y dos asistencias.

Al Atlético le va jugar a la carrera. Y en esas, o se enciende o se atropella. No es un equipo preparado para jugar diferentes clases de partidos. Le cuesta manejar las marchas del juego, lo que explica que con 10 jugadores el Racing no le perdiera la cara nunca. Todo lo contrario. El equipo de Muñiz tuvo el partido a tiro pese a su inferioridad numérica desde la salvaje entrada de César Navas a Assunçao. No tiene el Atlético un mediocentro o un mediapunta que sepa acelerar o frenar según convenga. No hay un futbolista en el corazón del campo que entienda el fútbol desde las necesidades puntuales de cada momento. Podría ser Banega, pero no entra entre las preferencias de Aguirre. El equipo juega a una velocidad, casi siempre la sexta, y que sea lo que Dios quiera.

Las jugadas acaban bien o mal según quién las conduce. Si son Forlán. Agüero, Maxi o Simao, puede haber algo que aplaudir. Quizá el más punzante de todos sea Forlán. En el primero de los goles del Atlético le mató un balón con la cabeza a Simao para que lo reventara en la portería de Toño. Un alivio, porque antes Heitinga había cometido otro penalti de esos que está convirtiendo en sospechosa de torpeza a toda la defensa rojiblanca. Los centrales del Atlético van al bulto, se desentienden del balón y cuando hacen por apartarse terminan por trabar o derribar a los contrarios. No quieren hacer penalti, pero los cometen por el aturullamiento con el que defienden las jugadas.

No se quedó Forlán en esa dejada con la cabeza. Lo siguiente fue un pase al hueco a Agüero. Necesitaba el Kun un balón que le pusiera ante lo que es. Una pelota al hueco para lucir su arrancada de frente a la portería y volver a medir su frialdad cara a cara con un portero. Cuando Toño abandonó el arco, ya le había visto Agüero el agujero. Le batió con el interior del pie. Con un tiro raso, tan suave como inalcanzable.

El Kun volvió a ser el Kun y el Atlético también siguió con ese perfil de equipo al que le cuesta dominar. Pereira acongojó al Calderón con su hiperactividad. Parecía que en cualquier momento su ratonería iba a fructificar. Lo impidió Forlán. Listo y rotundo para descerrajar a Toñó con un derechazo y un cabezazo.