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El fortín de Benítez

El técnico ha hecho de Melwood un santuario para que los jugadores encuentren el mejor ambiente de entrenamiento

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Un letrero golpea una alambrada con virulencia. El viento hace que apenas se pueda leer: Bill Shankly training ground. Unos niños juegan al fútbol dentro. Todos conocen la historia del mítico entrenador del Liverpool de carrerilla y todos sueñan con entrenar un par de manzanas abajo. En Melwood. La Fortaleza del Liverpool.

Mellwood se levanta en el barrio de West Derby, al noreste del centro de la ciudad. El lugar tiene más pinta de prisión inexpugnable que de campo de entrenamiento, pero los lujosos coches que aparecen por la puerta principal de Crown Road 12 devuelven a la fortaleza un cierto carisma futbolero.

Las diferencias con España son notables. Los periodistas tienen prohibida la entrada. 'Aquí solo entra la prensa cuando lo decide Rafa', dice el portero desde la garita. Así que hay que ingeniárselas para ver el corazón red de las formas más surrealistas: Arriesgadas (Varios aficionados siguen el entrenamiento desde el capó de sus coches), absurdas (unos estudiantes de Erasmus lo intentan seguir por un agujero) y la infalible (pasar con un jugador).

Las instalaciones, futuristas y funcionales, no tienen nada que ver con las de hace diez años. La mano de Benítez se ve a cada paso, aunque el peso de la historia conquiste cada palmo de Melwood. Salas de descanso, allí los jugadores se pueden echar la siesta; comedor, con nutricionista personalizado; gimnasio con tecnología de otro planeta y millones de carteles. 'La filosofía es impregnar al jugador de lo que significa jugar aquí', me comenta Benítez.

Los españoles suelen ser los primeros, a las diez de la mañana, en llegar a Mellwood. Allí pasan cerca de seis horas de media al día. Desayuno, hora y media de sesión en el cesped sin Benítez. 'Rafa sólo está en la parte táctica', comenta Arbeloa y después gimnasio, comida y descanso de una hora en la habitación (decorada con momentos gloriosos de la historia red) correspondiente.

Cuando Torres sale del coche y cruza el aparcamiento, abre una puerta y ve mensajes de todo tipo. Shankly, Cruyff, Russ, Daglish... 'En este pasillo se dan cuenta que no están en un club cualquiera', comenta Ian Cotton, director de comunicación del club.

El despacho de Rafa está repleto de columnas de videos. El manager realmente ve una selección que le ha hecho el equipo de ojeadores y hace que sus jornadas sean maratonianas. 'Pasa aquí todo el día. Si está centrado en su trabajo, se le hace de noche estudiando cosas', dice una de las asistentes que tiene en Melwood. Y es que Benítez es Mellwood.

Mientras, fuera de Melwood, los supporters adoran a los españoles por cada rincón de Liverpool. En los aledaños de Anfield uno se encuentra un bar decorado con motivos de El Nino, la ausencia de la ñ resulta pintoresca, y también se ve en los cientos de camisetas que pueblan The Kop, la grada por antonomasia de Anfield.