Publicado: 22.02.2014 08:00 |Actualizado: 22.02.2014 08:00

Fran Escribá, el hombre que no se conformó con ser funcionario

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"Aprobé la oposición y comencé a jugar en equipos de la zona como el Eldense y el Novelda. Pero cuando inicié mi trabajo como entrenador en Valencia pedí la excedencia. Quizá porque no tengo el carácter con el que se identifica a los funcionarios. Necesito algo más y no me gusta la seguridad", explica Fran Escribá (Valencia, 1965), el actual entrenador del Elche, que hoy se enfrenta al Real Madrid en el Santiago Bernabéu (16.00 horas). Es un hombre distinto que no sólo trabajó durante siete años como administrativo en los Juzgados de Elche (1991-99). También ha sido un ex futbolista de talento, un proyecto de judoka ("llegué a soñar con ser campeón olímpico") y ahora es un atleta popular. A menudo, sale a correr para fortalecer la cultura del esfuerzo. A menudo, se le ve rodar por la ladera del río Vinapoló. El año pasado hizo la Media Maratón de Elche en 1 hora, 44 minutos y 49 segundos, a una media inferior a 5,00'/kilómetro, un tiempo notable para un hombre de su edad, paciente, discreto, amante de la literatura de Murakami y siempre partidario del optimismo. "Las circunstancias cambian, pero hay un consejo que siempre me ha gustado transmitir al futbolista: entrena y juega hasta el último día de tu carrera con la ilusión de pensar que tu mejor partido aun está por llegar".

Fran Escribá sabe lo que dice, porque él también fue futbolista. Un futbolista que apuntaba a lo máximo. "Yo era el niño bonito de la escuela del Valencia. El que iba a llegar seguro era yo. Y no llegué. Era el típico futbolista con proyección al que llaman de las categorías inferiores para la selección. Pero luego se dieron circunstancias que me impidieron llegar o que no supe madurar. Ahora, con la perspectiva de 25 años, sé que era futbolista para haber jugado en el Valencia. Era un zurdo de calidad y puedo decir sin presumir que fui un mediocampista con llegada, resistente, con una educación en el deporte".

Pero su carrera claudicó en equipos de Segunda B y Tercera hasta ese día en el que se convenció de que podría ser entrenador. "Supongo que sentía envidia cuando veía a Rafa Benítez en el Valencia, y quise probar". Entonces hizo una primera e importante sociedad con Quique Sánchez Flores con el que empezó en Getafe y continuó en el Valencia, en el Benfica o en el Atlético de Madrid como segundo entrenador. Fueron siete años. "Al sacarnos el título nacional, vimos que trabajamos bien juntos. Éramos muy jóvenes, el presidente del Getafe confió mucho en nosotros, y quizá fueron los mejores años...".

Hace dos temporadas, Escribá pudo marcharse con Quique a Dubai y prolongar esa sociedad. "Si fuera cómodo, me habría ido y ganaría cinco o seis veces más de lo que gano ahora". Pero entonces se reivindicó a sí mismo. "No me gusta ir a los sitios para pasar el rato". Se postuló como primer entrenador. "Creía en otro tipo de trabajo". Apareció entonces el Elche con la necesidad de volver a Primera. Los resultados le dieron la razón en un solo año. "No me costó independizarme, porque cuando me preparé para esto quería entrenar yo".

Desde entonces, acepta los peligros de hablar en público. "Las victorias siempre se pueden resumir con un 'sabía lo que tenían que hacer', pero cuando pierdes sueles alargarte en explicaciones y puedes matar al grupo". Aun así, jamás olvida lo que significa entrenar a un equipo como el Elche. "El talento, que marca diferencias en Primera, lo tienen futbolistas prohibitivos para nosotros. Por eso necesitamos más físico", insiste. "Si se iguala en el físico, el talento te acerca".

Escribá es un tipo serio, ordenado, "aunque no excesivamente", que fue capaz de preparar unas oposiciones para ayudar a su novia y sacarlas él antes que ella. Siempre marcado por la obra de García Marquez Cien años de soledad ("leí la última página con sentimiento de pena. Habría leído 500 más"), procura un discurso ágil e interesante: "El Elche es un club más grande de lo que la gente se cree. El año pasado venían 20.000 espectadores a vernos en Segunda". Todo un premio para la ciudad y para Escribá, un entrenador muy democrático, capaz de acordarse de Menotti al hablar de fútbol. "No me gustan las concentraciones largas, porque, como dijo Menotti, si los partidos se ganarán en las concentraciones, el equipo de la prisión siempre saldría campeón". De ahí que sea un hombre cercano a los futbolistas, incapaz de olvidarse de su infancia ("iba a Misa bien lavado y repeinado con las botas de fútbol puestas") en la que se enamoró del fútbol de Johan Cruyff. "Era un jugador tan elegante...". Aunque durante aquellos años se hizo otra promesa que más o menos el fútbol le ha permitido cumplir. "Me acuerdo que quería ser diplomático para vivir en muchos sitios y conocer gentes y culturas. Las fronteras sólo son unos papeles. Nuestra única patria plena es la Tierra".