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El fútbol baja a la mina

La FIFA cruza los dedos ante un experimento, Suráfrica 2010, que juzgará la capacidad organizativa de todo el continente. El triunfo de España es el que más se pagará en primas, pero el que menos en las apuestas

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El fútbol se ha visto convertido finalmente en un negocio que alcanza su momento cumbre en la disputa de un Mundial. También en este que viene, aunque los recaudadores han perdonado unos euros y sacrificado miles de viajes de hinchas para estrenar un mercado sin explotar y sin garantías. Porque Suráfrica 2010 es sencillamente un experimento y, como tal, un riesgo. El fútbol del primer mundo abre sus puertas al continente africano a través de su primera potencia sin tener muy claro si ya está preparado para afrontar una competición de tanta envergadura.

Muchos participantes tuercen el gesto ante el temor de lo que les espera en cuanto a organización y seguridad. Aunque también los hay que alegran la cara. A la cabeza, Del Bosque, claro, incapaz de esconder la buena persona que lleva dentro incluso ante evidencias así. Ante los contratiempos que le pronostican en suelo surafricano, siempre ha respondido lo mismo: 'Esta gente que no lo suele pasar bien, se merece que la examinemos con generosidad'.

En todo caso, ya no hay marcha atrás. Suráfrica albergará con sus trompetas y su mala fama, con su desigualdad y los fantasmas del racismo en el ambiente, con sus minas y sus paisajes, con mucha más ilusión que infraestructuras, la XIX Copa del Mundo de fútbol. Consciente de que todo el mundo va a estar mirándolo, el país anfitrión, en realidad todo su continente, se toma la ocasión como una puerta para la propaganda: demostrar que África es algo más que hambre, conflictos y enfermedades.

Así que más que temer la cita, conviene disfrutarla. Porque finalmente, un Mundial es puro fútbol. Y eso iguala todos los escenarios. Lo importante es el balón (que en este caso también ha levantado polvareda por el afán innovador de la mercadotecnia: es una pelota de playa, sostienen los guardametas) y los que lo manejan. Es decir, los futbolistas. Y por ahí, España enseña a los mejores.

Por una vez, la roja es la principal favorita para ganar el Mundial

La selección llega por una vez con el cartel de favorito colgado. Y no es una aureola postiza, colocada casi por inercia en cada edición por el entusiasmo patrio de rigor, sino una leyenda merecida, ganada a pulso a base de estadística y exhibiciones, y adjudicada sin discusión por los propios adversarios. España es favorita porque intimida a los demás y confía en sí misma. Nadie quiere encontrársela enfrente. Tiene su techo aún en el modesto cuarto puesto de Brasil 50 y ya es hora de superarlo y conquistar algo grande. Aparece empujada por el viento a favor de su título en la Eurocopa 2008 y por el hambre de una colección de jugadores que no están dispuestos a dejar pasar la oportunidad de entrar para siempre en la historia.

Habrá quien vea en los asuntos económicos otro aliciente para que los jugadores busquen la victoria, pero, a la hora de la verdad, las primas no cuentan tanto cuando el balón se pone en movimiento. En realidad, para gente tan sobrada de dinero como los futbolistas españoles, liderar la lista de recompensas pactadas por hacerse con el título (600.000 euros por cabeza) ha sido un torpe desliz que mancha su reputación y sonroja a los que van a animarles sin desmayo incluso desde la cola del INEM. Curiosa paradoja: el triunfo más rentable para los futbolistas será el de España; sin embargo, será el peor pagado para los apostantes: 5,25 frente a los 5,75 por apuesta que conceden a los que pujen por Brasil, la segunda más favorita, 7,50 de Argentina y 8,0 de Inglaterra. Nueva Zelanda y Corea del Norte (1.500) son las que menos cuentan en las quinielas.

Así pues, la selección de Xavi tendrá la oposición de los de siempre, combinados que han nacido para vencer, que se las apañan para salir airosos de estos torneos de corto recorrido sin atender a su pasado reciente ni a los trámites para llegar a la meta. Que se limitan a competir y plantarse arriba. El especialista es Brasil, el pentacampeón, también en su actual traje europeizado impuesto por Dunga, en donde cabe la inspiración individual (Kaká lleva un año guardándose para esta cita), pero mucho más la organización colectiva.

La XIX Copa del Mundo llega con más ilusión que infraestructuras

Inglaterra no tiene tanta tradición ganadora, pero computa como una de las grandes aspirantes. Se han rendido los inventores del fútbol a la industrialización de los italianos y eso ha conseguido que se los tome más en serio. Capello ordena el acento desbocado de los británicos y la combinación ha dado una selección potente y temida, que defiende, golpea y vive en parte de Rooney, uno de los futbolistas de los que más se espera en el próximo mes.

También de Messi, cuya sola presencia coloca a Argentina, pese a su decadente y controvertido trayecto, como una de las cuatro candidatas principales. Pero para su desgracia, peso no lo soporta el actual mejor jugador del planeta, sino el último que lo fue y posiblemente lo sea de todos los tiempos. Argentina y el Mundial estarán marcados por Maradona, un imán para todas las miradas. Ya no atrae su fútbol, sino su caótica y agresora personalidad. Toda la vida suspirando porque su fútbol diera influencia a la selección y ahora Argentina llora por lo contrario, porque las excentricidades de su Dios no arruinen el caudal talentoso que esconden las botas mencionadas de Messi o las de su yerno el Kun.

En suma, mucho talento reunido (736 jugadores) y unas cuantas ausencias notables, algunas por inoportunas lesiones que no se han cansado de aparecer hasta el último momento. 32 selecciones distribuidas en ocho grupos. Diez sedes con capacidad total para 566.209 espectadores, pocos comparados con los que se espera atraer a través de las televisiones (un catorce por ciento más de telespectadores calcula la FIFA con respecto al Mundial de Alemania). 64 partidos en un mes. Arranca Suráfrica 2010.