Publicado: 12.10.2014 08:00 |Actualizado: 12.10.2014 08:00

El fútbol en el país más rico de Europa

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En un país en el que la enseñanza académica es trilingüe (alemán, francés e inglés), el fútbol es casi una anécdota. Por lo tanto, no es extraño que jamás un futbolista luxemburgués haya jugado en la Liga española. Luxemburgo no es España. Luxemburgo es otra cosa. Luxemburgo sabe vivir sin héroes. El balón no gobierna a la sociedad. Sus ciudadanos no consumen tantas horas de fútbol ni presumen de la grandeza de sus mejores equipos, el F91 Dudelange, el Spora o el Jeunesse Esch.

Luxemburgo, en realidad, es el país de los bancos, el paraíso para grandes fortunas como la de la familia Pujol, el país donde la tasa de desempleo no representa una gran preocupación. La crisis siempre se vio a distancia. La fiscalidad es muy ventajosa. El IVA no supera el 15% y las posibilidades de encontrar un empleo son tan buenas que el Gran Ducado cada vez aloja a más inmigrantes, entre ellos unos 6.000 españoles, que encuentran unas condiciones laborales que no se parecen a las de España. El salario mínimo interprofesional no es de 641 euros, sino de 1.800. Por eso se trata de otro mundo, en el que el sector financiero representa lo que el turismo en España en verano: la fuente principal de ingresos.

Luxemburgo es un un país que acepta sin envidias que nunca fue ni será una potencia deportivaVisto esto, es más fácil construir una crónica social que futbolística del Gran Ducado de Luxemburgo. Un país que hace deporte, pero no está obsesionado con el deporte. Su Liga, denominada BGL Luxembourg, está integrada por catorce equipos, entre los que hay futbolistas, no ídolos, y mucho menos multimillonarios. Los mejores jugadores de su historia como Jeff Strasser, Fernand Brosius o Jeannot Moes son perfectos desconocidos fuera del país e, incluso, en el propio país, que nunca ha presumido de su biografía deportiva. En su historia no figura nadie tan importante como los hermanos Frank y Andy Schleck, los ciclistas que maravillaron en el Tour de Francia la década pasada; el tenista Gilles Muller o esa antigua medalla olímpica del atleta Josy Barthel, que logró en los 1.500 metros de los Juegos Olímpicos de Helsinki de 1952. Pero esos son pequeñas pinceladas en un país que acepta sin envidias que nunca fue ni será una potencia deportiva. Y no pasa nada. Allí, el fanatismo, el corazón de hincha, no mueve a masas de gentes.

Nadie reprocha a sus jugadores que sean enormes desconocidos o que nunca vayan a marcar un gol en un MundialPor lo tanto, Luxemburgo es lo contrario que nosotros. No se arrepiente de nada de lo que le pasa en el fútbol. Hasta se conforma con vivir de los recuerdos como en aquella fase previa, en la que estuvo a punto de clasificarse para la Eurocopa de 1964. Sus jugadores siempre serán apodados 'los leones' y nadie les reprocha que sean enormes desconocidos o que nunca vayan a marcar un gol en un Mundial. Luxemburgo es el séptimo país más pequeño del mundo. Una excepción que el joven español Alejandro, después de cuatro años viviendo en el Gran Ducado, consideraba un mundo aparte en un programa de televisión. "Más que una capital europea, parece un pueblecito en una estación de esquí suiza". Rodeado de amplias montañas y extensos bosques, el nivel de vida es alto y la lluvia, una constante (alrededor de 191 días al año), pero nada de eso desmerece a un país, que se ha convertido en una salida frente a la crisis, sobre todo, para miles de portugueses, italianos y españoles.

Luxemburgo no será esta noche rival para España igual que España no es rival para Luxemburgo fuera de los terrenos de juego. Si medimos la situación económica de ambos países, el Gran Ducado parece un paraíso en el que nadie te regala nada, pero los números cantan. Sin ir más lejos, esa tasa de desempleo, que no es ningún drama y que no impide que los futbolistas, que se enfrentan hoy a España, hablen tres idiomas, sin haber emigrado fuera, sean ejecutivos de bancos y puedan decirles a los nuestros que en su país la mayoría de los jóvenes que terminan sus estudios en la universidad no pasan al paro. Pequeñas cosas que hacen grandes diferencias..., y no sólo futbolísticas.