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Las futbolistas exigen su derecho a ser profesionales

Un modesto club cacereño inicia el desafío legal de tumbar una barrera de desigualdad aún vigente en el deporte español

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A Vania le haría feliz que su familia pudiera presumir de hija futbolista profesional en su país, Brasil; Eva sueña con poner en manos de su padre, Vicente Montes famoso abogado deportivo, la negociación de un futuro contrato; a Yaye le gustaría lucir en el DNI la profesión de futbolista; Mercedes pasearía con orgullo por las calles de su pueblo el título de primera futbolista profesional de Talavera la Real (Badajoz); y Marina disfrutaría vistiendo la camiseta de la Real Sociedad, su equipo preferido. Sin embargo, es imposible. En pleno siglo XXI, ninguna mujer puede ejercer en España la profesión de futbolista.

'En muchos deportes esas barreras ya no existen, y creo que en el fútbol deberían desaparecer. Las mujeres y los hombres somos iguales', reivindica María Ángeles García, Yaye, capitana del Club de Fútbol Femenino Cáceres, equipo del grupo V de la Primera División Nacional. Su presidenta, María José López, pretende remover los cimientos de tan rancio marco legal hasta lograr cambiarlo.

El origen de la discriminación se halla en los estatutos de la Federación Española, donde se excluye expresamente al fútbol femenino de la posibilidad de obtener licencias profesionales. 'Hemos enviado a los diferentes organismos implicados un estudio jurídico, y estamos elaborando otro de carácter deportivo', explica María José López. 'En algunos de esos estamentos se han mostrado sorprendidos por la situación y en la Federación, con la que lo hemos comentado más de una vez, no se nos presta atención', añade.

La demanda de la presidenta cacereña pretende traspasar el ámbito nacional. 'La Federación Internacional de Futbolistas Profesionales [presidida por el español Gerardo González Movilla] creó el pasado octubre una comisión para estudiar este asunto. Ya han elaborado un informe, siguen trabajando y, sobre todo, demuestran que la preocupación existe', opina López.

Vania Martins conoce el problema a ras de hierba. La delantera brasileña (27 años) del Cáceres podría vivir con holgura del fútbol, pero se mantiene con un modesto sueldo que completa dirigiendo a un equipo prebenjamín de niños y a otro de niñas. 'En mi país tampoco hay liga profesional, son torneos amateurs que un año se celebran, otro no y así.... Es muy difícil, por eso hay muchas jugadoras fuera', relata.

'Mi padre y mi hermano siempre me apoyaron, pero como no había equipos de chicas tenía que jugar con chicos recuerda Vania. Y algunos sí mostraban perjuicios por tener que jugar conmigo. En ese sentido, España me ha sorprendido, no esperaba que desde pequeños puedan mezclarse niños y niñas. Lo que me encantaría es que el fútbol fuese igual para todos'.

Eva Montes sólo tiene 15 años, pero apoya resuelta a su compañera brasileña: 'Por supuesto que me gustaría ser profesional. Llevo jugando desde pequeña y creo que el fútbol femenino debe seguir creciendo. Para eso estamos luchando'. Es una guerra donde las batallas menos cruentas, pero quizás más significativas, se libran en el entorno más cercano y, aparentemente, inocente. 'Las amigas me dicen que lo deje porque no tengo tiempo para salir confiesa Eva. No he convencido a ninguna porque son muy señoritas, prefieren niños y eso'.

Marina García (14), pequeña en estatura pero grande como directora de juego (ha sido dos veces internacional sub-17), también está acostumbrada a cierta incomprensión: 'Las amigas están todo el día diciéndome que para qué juego al fútbol, que es una tontería'.

Raúl Polo, entrenador del Cáceres y recién llegado al fútbol femenino, apenas ha necesitado ocho meses para predicar la igualdad: 'Habría que darles, por lo menos, las mismas posibilidades que a los hombres. Luego se lo tendría que ganar cada una con su trabajo, pero seguro que por ganas demostrarían más que muchos futbolistas hombres'.

'La única diferencia respecto a los hombres es que las muchachas, precisamente por no ser profesionales, tienen como primera prioridad sus estudios o sus trabajos, según el caso. Aún así, tiene que haber una causa muy grave para que falten a un entrenamiento. De hecho, a veces hay que parar a alguna que está lesionada y quiere seguir desvela Polo, ex jugador del Valladolid, Cacereño y Don Benito. Demuestran más ganas que los chicos, que se creen que lo saben todo; ellas ponen más la antena'.

Para reforzar la reivindicación y, a la vez, argumentar ante los más reticentes, María José López recurre a tres textos legales de peso: el principio de igualdad entre hombre y mujer que consagra la Constitución, la Directiva Europea relativa a la aplicación del principio de igualdad de trato entre hombres y mujeres en lo que se refiere al acceso al empleo, y la Ley de Igualdad, salvaguarda del derecho al ámbito profesional de la mujer.

'Fundamentalmente, se trata de poder ejercer un derecho', resume la presidenta del Cáceres.