Publicado: 02.03.2014 08:47 |Actualizado: 02.03.2014 08:47

Futre: "¿Crisis? La prueba está en la peluquería de mi novia"

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El viernes cumplió 48 años Paulo Futre (Montijo, 1966), un futbolista que siempre sacaba lo mejor de sí mismo frente al Real Madrid, porque "me iba la vida en ello. Era un partido que yo empezaba a jugar tres o cuatro días antes. Me convencía a mí mismo: 'Paulo, tú has nacido para jugar este tipo de partidos' y la verdad es que, por encima de una responsabilidad, era un placer, una descarga de pasión". De eso han pasado más de veinte años, pero Futre, el número '10' del Atlético, no olvida. "Me siento reflejado en Diego Costa. Su puesta en escena es como era la mía. En el césped parecíamos locos maleducados, pero después somos gente que sabemos pedir perdón. Es más, yo recuerdo que diez minutos antes de terminar los partidos ya sabía los errores que había cometido y me decía a mí mismo, 'Paulo, procura que sea la última vez'".

Napoleón decía que "el verdadero carácter aparece siempre en las grandes circunstancias".

Sí, claro. Uno tiene que aceptarse tal y como es, luchar por lo que quieres ser y, de futbolista, te apetece hacer de todo. Luego, con los años uno se vuelve más humano y te apetece que la gente hable de tus amigos en vez de tus enemigos. La época de los enemigos ya pasó. Pero entonces, cuando jugábamos frente al Madrid y escuchaba el nombre de Buyo, significaba algo más que un enemigo. Significaba una motivación tremenda para mí, ver esa portería, ver a ese portero, sentir que ese era tu día.

¿Eso realmente le hacia mejor futbolista?

Creo que sí. Acepté esa responsabilidad con gusto. Aceptaba que que Buyo era mi enemigo y ni nos saludábamos. Si se piensa ahora fríamente, era como un circo. Había como dos derbis: uno el que jugaba yo frente a Buyo y otro el que jugaban el resto del equipo. Pero entonces era así y los dos aceptamos ese papel que nos dejó marcados para siempre. Todavía me acuerdo del derbi de 1987 en el que yo le quité como un loco la pelota de las manos y, claro, acabé expulsado.

Sin embargo, ahora presume de su amistad con Buyo. ¿Ha perdido la memoria?

No, por favor, aún es pronto. Pero, ¿sabe lo que pasó? Para mí Buyo era un personaje lejano. A lo sumo, le veía y le decía 'hasta luego' y ya era demasiado. Pero en el verano de 2008, con la Eurocopa, trabajamos en la misma emisora de radio, y descubrí que era un buen tipo. Sentí que éramos compatibles y fíjese lo que es la vida que ahora vamos a hacer entre los dos un campus de fútbol esta Semana Santa para niños en Las Rozas (14 al 19 de abril).

¿Qué fue de aquel gran sindicalista que era Paulo Futre?

La sensación de que hice lo que debía hacer. Casi todas mis discusiones siempre fueron por defender a terceros, por cosas de las que podía estar al margen. Yo ganaba mucho dinero y me iba bien. Pero necesitaba ser así y todavía lo necesito. Tengo mi propio programa de televisión en Portugal, hago partidos para ayudar a la gente y no me importa opinar políticamente. Si puedo ayudar, ayudo, aunque yo no necesito que me ayuden. Por eso no me importa reconocer que la vida está horrible, que la crisis casi ha dejado esto como un solar y que la España en la que yo jugaba al fútbol no era como ésta. Había otras posibilidades.

¿En qué nota usted la crisis?

En los restaurantes, en las peluquerías... Sin ir más lejos, en la peluquería de mi novia, que se dedica a eso aquí, en España, y que me confiesa que esto no es lo que era. Al parecer, las mujeres, que antes iban una vez a la semana a la peluquería, ahora van una vez al mes. No me parece justo. No me gusta que la gente tenga que reducir su calidad de vida. No me gusta que uno de mis hijos, que es licenciado en Bellas Artes, no gane lo que ganaba antes con el mismo esfuerzo. No me gusta que haya muchos jóvenes que se han licenciado para nada y que tengan que recurrir a trabajos que no están a ese nivel y que no se parecen a lo que estudiaron.

Quizá usted un gran privilegiado. A los 21 años, fue campeón de Europa con el Oporto.

Pero no se trata de eso. Yo no digo que todo el mundo pueda ser futbolista o solucionar su vida con el fútbol. Sé que no es posible. Pero lo que no veo normal es que jóvenes, de 30 o 31 años, aún permanezcan en la casa de sus padres, porque no tienen posibilidades para independizarse. ¿Eso es normal? Para mí al menos, no, y me parece recordar que en la España, en la que yo jugué al fútbol, en la década de los noventa, eso no pasaba. Había otra felicidad, otro ambiente.

¿Qué se puede hacer?

No lo sé. Sinceramente, no lo sé. Hay mucha gente que tiene ideas, pero no veo que se propongan soluciones. Quizá porque nadie estaba preparado para esto. Por eso hay que esperar, pero no hay que dejar de quejarse, de decir que merecemos más y, sobre todo, los jóvenes. Tengo dos hijos de veintitantos años. Estoy en la calle. Veo lo que pasa y no me gusta lo que pasa, sobre todo aquí en España. Al fin y al cabo, en Portugal casi siempre estuvimos peor.

¿Qué sentido tiene sufrir como locos por un partido de fútbol en una vida como ésta?

Mucho, demasiado. No hay que renunciar a eso. Es parte de la pasión del fin de semana. ¿Qué sería de la vida sin las pasiones? ¿Qué sería de la vida sin el Atlético? No podemos dejar de apreciar lo mejor que tenemos. Máxime en una época como ésta en la que el Atlético ha llegado hasta aquí, y esto es demasiado meritorio. Incluso más que en mi época. Entonces nuestra plantilla estaba más igualada, se jugaba de igual a igual frente al Madrid, pero ahora el milagro es estar en marzo a tres puntos del Madrid. Eso no sólo es un milagro. También un orgullo que te hace saltar, gritar que 'todo es posible'.

¿No tiene la sensación de que el Atlético ha comenzado a entregarse? ¿No salió fustigado viendo el último 3-0 frente a Osasuna?

No. Al revés. Pamplona siempre fue un campo difícil. En mi época recuerdo que era dificilísimo jugar allí y que casi nunca se podía ganar. Además, una derrota no puede devolvernos al infierno. La vida no es así. Al contrario. Debe recordarnos que el mérito es estar aquí y que el Atlético actual ha de ser un reflejo de la sociedad. Hace unos años vivía en el infierno, endeudado. Ahora, tiene esperanzas de ganar la Liga..