Publicado: 05.04.2014 09:03 |Actualizado: 05.04.2014 09:03

Gabriel Calderón, entrenador del Betis: "Nuestras derrotas han sido las más dignas del mundo"

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Fue Gabriel Calderón (Rawson, Argentina, 1960) un futbolista inolvidable en el Betis. Un hombre capaz de silenciar La Maestranza cada vez que lanzaba un golpe franco. Todo un caballero en Andalucía. "Llegué a jugar una final del Mundial con Argentina, pero nunca fui tan feliz como en el Betis". Ahora, 25 años después, sufre como entrenador lo que no está en los escritos, casi destinado al descenso. Una vida difícil que, pese a todo, le compensa, porque las emociones merecen la pena. "Además, yo siempre soñé con volver aquí", recuerda. Accionista y socio del Betis, no negoció ni un céntimo en su regreso y se siente como el hombre que ha venido a ayudar a un familiar que está en la UVI. Una declaración de amor para un hombre fortalecido por la dificultad. "Aun así, no me dejo vencer por la pasión: la razón siempre será importante".

Usted es un hombre de la generación de Maradona, de aquel Mundial 1979 que ganaron siendo niños. ¿Se siente marcado por el espíritu de Diego?

Realmente, no sé lo que es el espíritu de Maradona. No sé ni siquiera lo que significa esa pregunta y, en todo caso, yo tengo mi propio espíritu, que es el espíritu de mi país, el del futbolista argentino que siempre va al límite de sus posibilidades, el del hombre que no se deja intimidar por nada, el del que muchas veces pierde sin merecer perder....

Se lo preguntaba porque he leído declaraciones suyas muy maradonianas, demasiado pasionales: "necesitamos héroes", "mi currículum es extraordinario"....

No, yo jamás he dicho que mi currículum es extraordinario...

Bueno, esa declaración suya está recogida en Internet cuando fichó por el Betis...

Pues no es verdad. Yo no tengo nada que decir de mi currículum....

El sentido es el de ganar: es un fútbol que intenta mejorar, que necesita gente que pueda ayudarle, motivarle a hacerlo y yo lo hice. Me adapté bien y tuve un resultado que dura para toda la vida. Además, hay más cosas que el fútbol. La experiencia me ayudó a descubrir países que me han hecho más culto, en los que supe vivir de otra manera: todo eso también es importante. En Arabia, por ejemplo, no había discotecas ni cines ni se toma alcohol. Era una vida diferente en la que podía faltarte hasta libertad. Pero, a cambio, descubrí lo maravilloso que es el Mar Rojo, un clima hermosísimo o una comida inolvidable.

"En Arabia me quitaron la posibilidad de disfrutar de un sueño que merecía y que me había ganado yo mismo (disputar un Mundial)"Pero, precisamente, en Arabia no fueron agradecidos con usted. A los pocos días de clasificar a la selección para el Mundial 2006, los jeques lo despidieron.

Eso fue muy duro. Hice lo que nadie ha hecho jamás en Arabia, que fue clasificarles para un Mundial. Pero me quitaron la posibilidad de disfrutar de un sueño que merecía y que me había ganado yo mismo. Casi diez años después, todavía sigo preguntándome por qué, pero en Arabia son así. Me mandaron un responsable, con la liquidación que me correspondía y no se habló más. Ni siquiera los jugadores lo entendieron. Pero aun así prefiero estar agradecido a ellos. Me dieron la oportunidad cuando yo no era nadie en esta profesión. No había demostrado nada para dirigir a su país.

Ahora, en el Betis. ¿Está destinado a vivir en la crueldad como entrenador?

Bueno, es que mi vida nunca fue fácil. Mi propia infancia me preparó para la dificultad. Por lo tanto, ya no me asusta. Mi niñez fue así. En casa los suelos eran de tierra, no había luz ni gas ni agua caliente... Eramos una familia numerosa de nueve hermanos y yo era el mayor con lo que significa eso. Tenía que ayudar a mi padre en el campo, a pintar la casa, a cortar la hierba, a lo que fuese. Teníamos lo justo o no teníamos, porque el sueldo de mi padre, que era maestro de escuela, no daba para todos. Recuerdo que con 14 años, cuando me fui a la ciudad a estudiar Secundaria comía una sola vez al día, porque no tenía, mis padres no podían mandarme más dinero, pero yo no decía nada para no inquietar a nadie. Tuvo que ser un amigo el que me invitase a comer a casa.

"Me bastaba con cualquier cosa que fuese semiredonda para construir una pelota de fútbol"¿Entonces el fútbol fue una salvación para usted?

Para mí, el fútbol era lo mejor que me quedaba. No tenía televisión, no tenía juegos y un muchacho necesita jugar a algo, a lo que sea pero a algo, y yo descubrí la posibilidad de jugar al fútbol. Era lo más fácil, lo más barato, que tenía a mi alcance. Me bastaba con cualquier cosa que fuese semiredonda para construir una pelota de fútbol... Yo sé que ahora son cosas que se cuentan a los chavales y les cuesta entender. Pero yo no cambio esos orígenes por nada, porque me dieron unos valores deportivos, religiosos... que me acompañan para toda la vida. Mis padres eran muy, muy trabajadores, muy religiosos, muy compañeros..., esa solidaridad no se cambia por nada.

¿El camino es volver a la infancia?

Bueno, sí, quizá....

"¿Para qué voy a hablar de los árbitros? ¿acaso es normal que se hayan equivocado tanto en contra nuestra?"En realidad, se lo digo porque la vida está siendo muy cruel con usted en el Betis. ¿Todavía hay posibilidad de un final feliz?

Si ganamos seis de los siete partidos que quedan, sí, ¿por qué no? Pero sé que el margen de error ya es pequeño. Sé que no pido un milagro, porque esos partidos se pueden ganar, hasta ahora nuestras derrotas han sido las derrotas más dignas del mundo, pero también sé que esos partidos, igual que se pueden ganar, se pueden perder. Ante el Málaga, nos hicieron dos goles en los últimos ocho minutos..., y los árbitros, ¿para qué voy a hablar de los árbitros? ¿acaso es normal que se hayan equivocado tanto en contra nuestra?

¿De qué vale ahora torturarse?

No, no es eso. Sé que el fútbol es lo que es, pero estamos aquí para ganar o, como mínimo, para perder con dignidad. Y eso claro que es importante, porque no te deja relajarte nunca y porque siempre te pide más. Sé que hay otras vidas más difíciles que éstas, lo sé porque los veo en las calles de Sevilla, en las que hay necesidad, como lo vi en mi infancia. Pero ahora mismo yo tengo que vivir mi profesión, porque es mi presente. Sé que he cambiado al equipo y que, aunque tengamos tres o cuatro lesiones, mantenemos el nivel y somos competitivos, pero también veo que no es suficiente.

Sólo le escucho hablar de fútbol como una necesidad, casi como un drama. Usted perdió a su hermana Lucía fallecida de extraña manera en Kenia con 32 años. ¿Acaso eso no ayuda a desdramatizar un descenso?

Eso es una herida en el corazón que no cicatriza nunca. Nosotros somos una familia numerosa, nos consideramos unidos como un equipo de fútbol y, de repente, aquello...  Sigues viviendo, porque tienes que vivir, porque estas cosas son ley de vida. Los seres humanos no podemos cambiarlo. Tarde o temprano, la muerte siempre aparece, es la vida... Pero mientras uno siga viviendo, porque nunca sabes cuando llegará tu momento, debes esforzarte por vivir como quieres vivir y, para mí, el principal sentido que le encuentro al fútbol es el de ganar, porque eso genera demasiada alegría. Tengo que ser fiel a ella.

El escritor Eduardo Galeano se hace la siguiente pregunta en su libro El fútbol a sol y sombra: "¿En qué se parece el fútbol a Dios?" ¿Qué opina usted?

Bueno, es que yo no compararía al fútbol con Dios. Pero no cabe duda que para mí el fútbol es lo más grande, se puede practicar fácil y en cualquier parte, no importa el sexo ni la raza ni la clase social a la que pertenezcas ni el color de la piel ni la edad...

"Esos silencios del Villamarín cada vez que yo iba a tirar un golpe franco me acompañan toda la vida"¿Entonces por qué no sale usted a tirar el golpe franco que salve al Betis?

Pagaría por poder hacerlo y que esto fuese como el fútbol americano, donde las leyendas siempre tienen su momento... En realidad, esos silencios del Villamarín cada vez que yo iba a tirar un golpe franco me acompañan toda la vida, porque representan la cultura de Andalucía trasladada al fútbol... Por lo tanto, para mí es un honor haber estado ahí... Pero, claro, físicamente ya no estoy para poder hacerlo.

Antes, le pagaban por divertirse; ahora le pagan por sufrir. ¿Por qué con la edad vamos a peor?

Me pagan para ganar. Yo quiero ganar siempre, y eso se tiene que reflejar en los equipos que entreno. Puedo perder o ganar, pero si pierdo tengo la obligación de hacerlo con dignidad, de saber que esos partidos, igual que los perdimos, podíamos haberlos ganado que es lo que nos pasa ahora con el Betis.

Al parecer, perdonó mucho dinero para venir al Betis.

Para mí, el dinero no es tanto. He ganado mucho, he salido adelante, he podido ayudar a mi familia... ¿Quién me lo iba a decir a los 14 años cuando comía una vez al día? Ahora tengo lo que necesito. Por eso no vine al Betis pensando en el dinero porque lo que le pasa al Betis es como si me pasase a mí. Yo siempre quise volver aquí, el Betis me dio lo mejor de mi vida, se habla de este equipo y una parte está dedicada a mí, eso no es historia, es un honor.