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Un gemelo para Cristiano

La madurez de Van Persie ha acabado con un pasado difícil

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El gol ya forma parte de su familia. Sin ser un delantero centro puro, viaja como máximo realizador en la Premier, un valor añadido en un campeonato en el que juegan Agüero, Rooney o Luis Suárez. En realidad, el gol era lo único que le faltaba a RobbieVan Persie (Róterdam, 1983) para que Arsène Wenger lo igualase a Henry, elegido mejor jugador en la historia del Arsenal. 'Los dos aprendieron con los años el arte del gol'. Y la realidad es que Van Persie vive ahora una escandalosa plenitud, que es lo más parecido a un cuento de hadas. 'Se encuentra en un momento en el que no tiene que buscar los goles', dice Wenger, 'sino que estos acaban llegándole a él'. Ha aceptado la responsabilidad con un aire triunfal, casi déspota. 'Su posición parece fácil, pero no lo es'.

Hijo de un pintor y de una escultora, Van Persie tampoco necesita que hagan propaganda suya: ya la hace él, y divinamente. Su aspecto lo sitúa en anuncios de televisión rodeado de bellas mujeres. Y no se sabe quién es más presumido, si él o ellas. Van Persie es así: el pelo, siempre brillante y magníficamente alineado; los dientes blancos y una sonrisa de época. Wenger lo sitúa 'a la altura de Messi'. Van Persie también lleva el 10 en un equipo que se caracteriza por un excelente trato a la pelota. Pero, a diferencia de Messi, Robbie fue un muchacho difícil. En 2004, cuando llegó del Feyenoord, Wenger lo recuerda como un chico con poca paz. Criado en un barrio duro de Róterdam, no se dejaba influir con facilidad. Tenía poco oído para escuchar. En la soledad empe-zaba el infierno. Vivió años en dirección prohibida. Su recuerdo ahora no le hace ilusión.

Sin ser delantero centro, es el máximo goleador de la Premier

Acusado de una violación que no cometió, pasó días en la cárcel. Wenger tampoco lo sacaba de la línea de cal. Van Persie era un extremo que se aislaba a la mínima. Su compromiso no se parecía al de esos dos extraordinarios holandeses Bergkamp y Overmars, que emocionaron a la grada de Highbury. Sus piernas eran tan frágiles que una voz autorizada como la de Venables lo juzgó a lo bestia: 'Tiene gran talento, pero no le sirve de mucho: siempre está lesionado'.

Siete años después, parece como si ese pasado no le perteneciese. A los 28 años, no sólo es un futbolista maduro al que Wenger ha concedido toda la libertad que necesite. Cuando Song, Ram-sey, Walcott o Gervinho levantan la cabeza, lo mejor que puede sucederles es que Van Persie esté cerca. Wenger ya casi ni le orienta, porque 'siempre está en el lugar correcto en el momento justo'. Su mensaje ha adquiri-do valor. Desde el verano, es el capitán del Arsenal. Wenger lo citó a solas cuando se enteró de que el futbolista había puesto en venta su piso de Londres. Ante la marcha de Cesc, Nasri o Clichy, las dudas amargaban su porvenir internacional. Pero Wenger le convenció. O, más bien, le prometió que le ayudaría a convertirse en el mejor futbolista del mundo. Fue una declaración de amor, ¿y lo de la casa? Siguió en venta, pero porque Van Persie buscaba una más grande en Londres y no fuera de Londres. Al menos, por el momento.