Publicado: 02.07.2015 20:29 |Actualizado: 03.07.2015 11:15

Crónica del regreso de una sirena

La nadadora Gemma Mengual, una de las deportistas más laureadas de la historia de España, explica por qué vuelve a la competición para disputar el dúo mixto en el Mundial de natación de Kazan: "Siempre he tenido la presión de lo que la gente esperaba de mí y ahora voy a pasar de eso. Voy a pasármelo bien".

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Pau Ribas y Gemma Mengual, durante la presentación del ejercicio. @fmn_oficial

Pau Ribas y Gemma Mengual, durante la presentación del ejercicio. @fmn_oficial

MADRID.- Gemma no se lo explica. No acaba de saber cómo ha acabado otra vez metida en el embrollo de la máxima competición. “Cuando me di cuenta de que ya no había marcha atrás me dije: ‘¡Ay madre mía! ¿Por qué? Si yo ya estaba harta’”, rememora Gemma Mengual (Barcelona, 1977). Tres años después de su retirada definitiva, una de las deportistas más laureadas de la historia de España regresa al agua para disputar una nueva disciplina que se estrenará en el próximo Mundial de Kazán, el dúo mixto de natación sincronizada.

En los últimos tres años, la sirena española más grande de la historia se ha dedicado a su familia y a sus negocios. A sus dos hijos, Nil y Jou, y a su pareja, Enric. Si antes era una rutina diaria de levantarse a las 7 u 8 de la mañana, entrenar ocho o nueve horas, volver a casa ya de noche e irse a dormir, en febrero de 2012 tornó en alguien “normal”. Tiene restaurantes, compromisos publicitarios y hace una vida normal con los suyos. “Cada día es diferente. Me levanto, llevo al niño al cole, voy a trabajar, a veces como en casa y otras no... Mi vida ha cambiado a mejor; es más variada. Puedo irme a comprar, o acudir una tarde al cine o hacer una escapada de fin de semana con los niños y con Enric a algún sitio. Antes esas cosas no las podía hacer y menos los fines de semana, ya que los sábados entrenaba. Está claro que en aquella época era lo que yo quería hacer, pero ahora mi vida es mucho más divertida”, explica entre risas.



"Estaba bastante harta de la competición"

Lo que nunca dejó de hacer fue mantener el contacto con el agua, con la piscina, con el deporte al que dio visibilidad en nuestro país. Durante este tiempo ha estado asesorando al equipo nacional de natación sincronizada, corrigiendo movimientos y aconsejando, junto con Esther Jaumà, la seleccionadora, y con Ana Montero, la directora técnica. Sin embargo, desde hace un par de meses lo compagina con las prácticas para competir en Rusia en el torneo que se disputa entre el 24 de julio y el 9 de agosto. Lo hará con Pau Ribas, un joven de 19 años al que dobla en edad, y quien comenzó a entrenar allá por febrero en días sueltos. El asunto se puso ya serio en abril, cuando Pau se ejercitaba entre tres y cuatro horas los lunes, martes, jueves y viernes. Mengual entró ya de lleno entonces en el juego.

-"Todo lo que podía dar, ya lo he dado", dijo en el momento de su retirada. ¿Por qué volver ahora entonces?

Desde luego no era la idea inicial. Pero me he ido animando al ser una competición diferente, algo en lo que creo que me lo puedo pasar bien y también gracias a las prácticas con Pau.

-¿Mantiene, por tanto, lo mismo que aquel momento, que ya dio todo lo que podía?

Sí, sí, lo tengo claro. En esta competición voy a nadar al nivel que pueda. Es evidente que la técnica y la esencia no se pierden. Pero ni he entrenado ni me he preparado como lo hacía entonces ni voy a competir en una modalidad como la que competía en aquella época. Es totalmente diferente, creo que se puede hacer algo bonito. Y pienso, además, que es algo en lo que puedo ayudar a Pau.

Aunque a mediados de mayo lo tenía ya bastante asumido, no fue hasta un mes después cuando estuvo decidida al cien por cien. Hace tres semanas, cuando ya disponían de una coreografía, decidieron comunicarlo. Una información que se hizo pública la pasada semana. La pionera vuelve a serlo, anunciaron los titulares. Al contrario de lo que suele suceder en los deportistas, era su entorno el que la animaba a regresar a un deporte en el que logró un oro mundial, dos platas olímpicas y otras 36 medallas, mientras ella era reticente. La vuelta de otras nadadoras retiradas le supuso el empujón definitivo para saltar al agua. "No soy la única loca, así que tampoco va a ser tan raro", bromea.

"Voy a ir a hacer algo que esté bien y a pasármelo lo mejor posible. Competir sin miedo al fracaso es una gran experiencia"

Lo que sí cambia, y para ella marca la diferencia, es que esta vez el deporte es un juego. Nada de histeria, ni de titulares en portadas o telediarios, ni de presión por lograr una medalla que muchos ya dan por hecha. “Estaba bastante harta de la competición. Siempre he tenido la presión de lo que la gente esperaba de mí y ahora voy a pasar de eso. Voy a ir a hacer algo que esté bien y a pasármelo lo mejor posible. Competir sin ese peso es una gran experiencia. Tirarme al agua a disfrutarlo, sin pensar más allá. Para hacerlo bien, porque evidentemente quieres hacerlo bien, pero sin ese peso y sin miedo al fracaso. En mi caso, voy a ir más tranquila”.

La exitosa sirena catalana mantiene un estado físico envidiable, pese a los tres años sin competir a alto nivel y a que roza ya la cuarentena. No ha seguido ninguna rutina concreta, pero ha continuado nadando y ha estado haciendo pilates. “Nunca he parado del todo. Siempre he ido haciendo cositas, pero sin marcármelo como una obligación, sino por mí, para sentirme bien”. Lo que evidentemente sí nota es la falta de práctica diaria durante horas. Se ve capaz de hacer los movimientos y ejercicios con los que deslumbró hace pocos años, pero no de las largas y duras jornadas de entrenamiento que hay detrás de esas coreografías de apenas unos minutos.

Gemma Mengual, durante la final del Mundial de 2009. MARTIN BUREAU / AFP

Al ritmo de Evanescence

“No me veo capaz para nada de todo ese proceso. Porque no es lo mismo cuando tenía 20 años que ahora que tengo 38, o cuando contaba casi 30 que seguía en activo y no tenía hijos ni nada. Mi situación ha cambiado radicalmente: en este momento se trata de buscar una hora y media o dos para poder entrenar; antes era mi obligación. Evidentemente, como no estoy tan en forma como antes, me canso”, razona. Actualmente, la rutina en la que está centrada con Pau es repetición, repetición, repetición de un ejercicio al ritmo de Bring me to Life, del grupo de metal rock Evanescence. Dos horas, quizás algo más en el caso de Ribas, en el CAR de Sant Cugat (Barcelona). Una práctica radicalmente distinta a lo que el joven estaba acostumbrado.

Mengual le ha tenido que adoctrinar en la dinámica del equipo nacional: todo va muy rápido y hay que estar cien por cien concentrado lo que dura el entreno. La experimentada sirena le obliga, además, a llevarse los deberes a casa. “A lo mejor antes en su club se iba a casa sin más. Pero yo ahora le digo: ‘Mañana quiero que te acuerdes de todo lo que hemos cambiado hoy’ y ‘Te pones la música de la coreografía cuando vayas en coche a tu casa’ –carcajea-. Yo eso lo hice toda la vida porque era lo normal”.

"Sin que Pau perdiera su forma de ser y de nadar, ha tenido que coger un punto de elegancia que no tenía. Lo hacía más como un autómata"

Entrenar y competir con un chico supone no sólo una nueva experiencia sino también tener que lidiar con importantes diferencias, algunas de ellas inabordables. Han tenido que adaptarse mutuamente a sus estilos, por las divergencias a la hora de entender la música, de moverse o en la fuerza. “Sin que él perdiera su forma de ser y de nadar, ha tenido que coger un punto de elegancia que no tenía. Lo hacía más como un autómata. En cuanto a la técnica, como él tiene muy poca flexibilidad, ha tenido que mejorar también un poco en esto. Yo en el agua también me he tenido que adaptar y quizás no hemos usado algunas cosas que se podían haber hecho”. Los entrenos ahora son mucho mejores, por supuesto, que hace unas semanas; han conectado en el agua. Han pasado del “¡Uff, madre mía!” al “¡Jolín! Esto se empieza a ver decente”.

No se aventura en sus amables palabras ni un atisbo de regresar del todo a la máxima competición. Lo del Mundial de Kazán no es meter el pie para probar como está el agua y después tirarse en bomba. El esfuerzo es sólo para la ocasión, para representar a España en el estreno de la modalidad y para ayudar a Pau, al que tras el torneo buscarán otra pareja. También hay un punto de reto personal, pero no quiere ni oír hablar de un regreso a lo grande: “Qué pereza volver a estar ahí con los jueces y esperando al número que me toca para salir. Todos esos momentos previos que no me gustaban, aunque luego te acabas acostumbrando. Cuando terminas tienes un subidón, pero antes de salir estas cagao. Desde hace semanas me he repetido muchas veces: ‘Jo, qué necesidad tenía de volver a esto’".