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Giovanni Jaramillo: valor, coraje y nobleza

Ex campeón de España de pesos gallo, el boxeador nos abre las puertas de su escuela de boxeo en el madrileño barrio de Carabanchel, donde valores como el respeto y la humildad se abren hueco.

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Giova posa ante el ring del Club Boxeo Carabanchel. /REVISTA ELITE SPORT

Cuando la humildad se pone los guantes no queda más remedio que abrir los ojos, dejarse impactar y abrazar cada historia que cuenta Giova. Relata sus vivencias con emoción, intercalando anécdotas con certeros golpes de saltos temporales y con una nota de desesperanza por lo que pudo ser y una lesión no le dejó. La sensación que queda tras conocerle es la que también da nombre al título de su película de boxeo favorita: Cinderella Man. Jaramillo es El luchador, El hombre que no se dejó tumbar. Desde que llegó a España con 14 años recién cumplidos, su pelea en los combates la trasladó a la vida, su sueño es su familia, su ilusión es su trabajo, su triunfo es el respeto ganado.

Desde que nos abre las puertas del ‘Club Boxeo Carabanchel’, gimnasio que regenta con el corazón por bandera, la familiaridad y la confianza se huelen en cada gota de sudor de los allí presentes, en cada palabra, cada gesto, cada visita. Los sacos se alinean marcando el pasillo hacia el ring, que sirve de altar donde se reparten ilusiones a puñetazos. “Yo no monté la escuela, pero yo era el que la llevaba. Se creó en septiembre de 2012, aunque desde 2013 es mía. Yo ahora mismo aquí soy multiusos: limpio, doy clases, hago arreglos, y en las cuentas me ayuda mucho mi mujer”, destaca Giova, que en su afán por ayudar a la gente se ha llevado decepciones económicas y sentimentales. Como en la película de Russel Crowe, “cada día siente que falla cuando es el mundo el que lo hace”.

"Quiero ayudar a la gente, inculcar el respeto hacia los demás. No quiero incentivarles a que peleen, pero sí a que aprendan a defenderse"

Todo corazón, su educación y amabilidad se funden con un entorno de ‘violencia consentida’, disimulada por el entrenamiento y por los golpes pactados. El sonido desacompasado del impacto sobre los sacos rezuma calma cuando el movimiento llega a su final. El boxeo es pelea, pero es un arma que bien empleada surte de valores y compromiso. “Yo quiero ayudar a la gente. Con algunos lo consigo. Tienen que ver el lado positivo de lo que yo he conseguido. Cuando vine aquí no tenía nada. Vivía con mi madre de alquiler y me tocaba buscarme trabajo los fines de semana porque las clases en el gimnasio no te dan para pedir créditos a los bancos. Hay que trabajar y hay que entrenar mucho”, señala Giovanni.

"Intento sacar a chicos de la calle, que no hagan cosas peores"

El boxeador, campeón de España de pesos gallo y bicampeón nacional de full contact, pretende “inculcar el respeto hacia los demás”. “No quiero incentivarles a que peleen, pero sí a que aprendan a defenderse. Cuando dominas cierta técnica ya sabes que puedes hacer daño e intentas evitar conflictos. Yo antes era muy peleón, pero ahora aunque me busquen problemas lo evito. Hay mucha responsabilidad en todo esto. Ya sabemos en el barrio en el que estamos, un barrio humilde, y hay chicos que intento sacarles un poco de la calle, que no hagan cosas peores. Yo también fui un niño de esos en su día”, recuerda Jaramillo, que llegó a España de Colombia con 14 años.

Giovanni Jaramillo, en su gimnasio. /REVISTA ELITE SPORT

Nacido en Pereira (Colombia) en 1980 y con doble nacionalidad hispano-colombiana, no lo tuvo fácil en sus inicios. Aquel niño que luchaba por evitar caer en las tentaciones de la calle en su ciudad de origen, llegó a Madrid y se tuvo que hacer respetar en una época en la que la comunidad latina no estaba tan extendida. Su altura, para él un hándicap, le obligaba a crecerse ante las adversidades: “Yo tenía un problema con mi estatura, y cuando veía alguien grande que me miraba mal, me iba a por él. Lo superé gracias a una psicóloga del Centro de Alto Rendimiento (CAR)”.

Afincado desde su llegada a España en el barrio madrileño de Carabanchel, con 18 años
empezó a boxear. “Me atraía de siempre, pero nunca lo había practicado porque me gustaba más el fútbol. Me estaba poniendo gordito y decidí hacer algo de deporte. Me metí en este mismo gimnasio, que se llamaba ‘Gimnasio Egea’ hace muchísimos años. Entrenábamos en la sala de atrás y a los tres meses hice mi primer combate interclubs. Lo que era el combate me gustaba, me encantaba pelear”, señala Jaramillo, que viste durante la entrevista una camiseta con la imagen de Manny Pacquiao, boxeador al que admira.

Más que un peón con sueños de campeón

“Retroceder nunca, rendirse jamás”. Así reza la canción dedicada por los ‘Hombres Púa’ a Giovanni, quien también empleaba la música del grupo madrileño como presentación antes de sus combates con el sonido de “Pasión y cojones”. En ambas dejan clara parte de la filosofía del boxeador, más que un peón con sueños de campeón, un obrero del ring, puro talento, puro talante, todo un purasangre.

Jaramillo tiene su propia canción, dedicada por los 'Hombres Púa' bajo el nombre: "Retroceder nunca, rendirse jamás"

Su título más importante fue el Campeonato de España del peso gallo conseguido el 15 de mayo de 2010 en Leganés (Madrid) frente a Xavier Urpí, durante una velada que sirvió también de homenaje a Javier Castillejo, ‘El lince de Parla’. “Ha sido el logro más importante de mi carrera”, resalta Giovanni, quien había vuelto a los cuadriláteros tras retirarse de su oficio de instalador de moquetas, “un trabajo en el que ganaba mucho más de lo que podía ingresar en cualquier combate”.

Giova, tras vencer a Xavi Urpi en la final del Campeonato de España. /J. L. RECIO

Jaramillo, que también estuvo tres años en el equipo olímpico pero que no pudo pelear mucho por “circunstancias de la vida”, dejó de boxear cuatro años y medio en 2005, “sin nada”: “Eso me producía ansiedad. Pero claro, yo veía cómo avanzaban mis antiguos compañeros, que llegaban con Ricardo Sánchez Atocha. Que estuviera él me animó mucho, porque para mí es uno de los mejores promotores, sino el mejor. Él ha tenido a Castillejo, a Poli, a grandes campeones. Y yo me siento muy orgulloso de decir que he estado en la cuadra de Ricardo Sánchez Atocha, porque ahí no llega cualquiera. Con 28 empecé a entrenar y el 31 de octubre de 2009 regresé. Lo pasé muy mal el tiempo que estuve retirado, aunque también pude vivir mejor”.

Tras conquistar el campeonato de España en 2010, el 11 noviembre de ese mismo año peleó contra el belga Stephane Jamoye por el título de la Unión Europea, antesala al de Europa “Él tenía muy buen ránking a nivel mundial porque era el campeón del mundo junior, un título al que yo no podía optar por edad. Era el quinto del mundo. Yo podía haber conseguido su puesto sólo con ganarle. Se me rompió el tendón del brazo en el segundo asalto y aguanté hasta el 11”, señala con una particular nota de tristeza, pensando que sin esa lesión podría haber ganado. Ese momento se le ha grabado en su vida del mismo modo que su tatuaje en la espalda. Todos los días lo lleva con él. Finalmente

"Cuando me subía a un ring me despedía de mi familia porque nunca se sabe. Dentro de todo eso, hay  algo que es hermoso, que es vencer el miedo"

“Cuando yo me subía a un ring me despedía de mi mujer, de mi familia, porque nunca se sabe. Dentro de todo eso, hay algo que es hermoso, que es vencer el miedo. Yo siempre he salido con mucho miedo al ring. No de mi rival, porque le tengo respeto, pero el miedo escénico, a fallar a tu gente, a tu entrenador, a defraudar. Soy muy supersticioso. Me subía al ring con la pierna derecha, me santiguaba, tocaba la esquina azul antes de iniciar el combate. Y ponía mi altar como un torero. En la pelea con Jamoye, me dijo un chaval, ‘mira, de nada te ha valido’. Y le contesté: ‘sí me ha valido porque estoy vivo’. Yo sólo le pido a Dios que me ayude a salir andando y con salud”.

Jero García, su maestro, su ‘Hermano Mayor’

Su entrenador era Jero García, ex boxeador profesional, regente de ‘La Escuela’ de boxeo en el Paseo de Extremadura y mediático presentador del programa ‘Hermano Mayor’ en Cuatro. “Es mi maestro, el que me ha enseñado todo. Él me sacó de la calle. Con él empecé y hasta el final de mi carrera estuve con él, excepto una etapa que tuve un parón. Volví con él porque era con quien estaba a gusto y me sentía bien. Yo le tengo mucho aprecio, las paredes de mi gimnasio están llenas de fotos suyas. Aquí empecé con él y tengo la alegría de que aquí está nuestro espíritu. Todo lo que yo aprendo aquí lo intento transmitir. Él me cogió como si fuera un hermano y me llevó por todos los gimnasios, porque yo por aquél entonces no hacía nada, no trabajaba ni estudiaba, estaba todo el día en la calle. Pero se me metió muy en las venas esto y yo me acoplé a él como una lapa, todo el día al lado suyo, siguiéndole gimnasio tras gimnasio. Así me pude hacer muy deprisa y pelear pronto”, explica Giova con emoción.

"Jero García es mi maestro, el que me ha enseñado todo. Él me sacó de la calle"

‘El demonio de Tarifa’, como también llaman a Giovanni por el nombre de la plaza cercana a su casa y a su gimnasio, es conocido y respetado en el barrio, un pequeño ‘pueblo’ en el que todos se conocen. Allí, su escuela se incrusta en la calle Avefría como un pequeño templo sin ínfulas, dividido entre la ‘Sala Giova’ (boxeo) y la ‘Sala Bruce’ (con fotos del gran Bruce Lee y donde se practican el resto de actividades que imparte el gimnasio). Está decorado con su cinturón de campeón de España y diversos pares de guantes, con decenas de fotos donde él nos destaca la que tiene con su ídolo Julio César Chávez, la de ‘Maravilla’ Martínez con su esposa Arancha, o un póster de la mítica pelea ‘The rumble in the jungle’ entre Foreman y Alí, quien para él es el mejor boxeador de la historia.

Giovanni Jaramillo esconde su timidez con palabras, con recuerdos que muestran su afecto incondicional a su profesión. Una de sus mayores virtudes es el amor que profesa a lo que hace y a aquellos que le rodean. Preocupado por mostrar sus agradecimientos, no se olvida de los clientes y profesores de su gimnasio, de su maestro Jero García, de su mánager-promotor Sánchez Atocha e incluso de los vecinos de arriba, a los que afirma “dar mucho la tabarra”. Pero su recuerdo más especial es para su familia.

Jaramillo, dando clases en el Club Boxeo Carabanchel. /REVISTA ELITE SPORT

Veintidós años de novios y once de casados le unen con su esposa Arancha, un vínculo fortalecido con pasos hacia delante, arriesgando y luchando por las mismas penas y alegrías. Una familia política que ha hecho suya (“mi cuñado es como mi hermano”) y que nunca abandona, con el emotivo detalle de que todos los días cuando se levanta temprano para ir a correr se detiene en el cementerio para rezar ante la tumba de la abuela de su mujer. Y no puedo olvidarme de su hija Lucía, desbordante de ilusión y amabilidad a sus diez años, que incluso nos regaló, además de galletas, una sesión de guantes con su padre (sólo técnica, que también se trabaja allí en modo infantil, evitando el combate). Todo esto demuestra que en la vida hay gente que viene de serie y hay otras personas que son fuera de serie. Su altura no se mide en centímetros, sino en grandeza de corazón.

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