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Godín es Simeone

El tanto del defensa uruguayo despejó un triunfo cómodo del Atlético

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Godín ya no se deja nada al azar. Aquel defensa, que fue un coladero en la época de Manzano, ha desaparecido. Ha recuperado el prestigio de la Copa de América, su vieja aureola de cacique y sus días heroicos. Juega con tanto instinto que hasta ha contagiado a Miranda y miren que parecía difícil. Pero va a más Godin. Anoche, se sintió tan fuerte que subió al área de Osasuna. Allí recogió algo más que las migajas. Hizo el trabajo de los delanteros. Logró un gol que vale vidas, que pertenece a gentes espabiladas y sin miedo a cambiar partidos. Y lo hizo, porque hasta entonces la noche no distinguía a casi nadie. Los delanteros se sentían muy aislados, con poca fuerza para hacer milagros.

Godin quizá sea hasta el gran reflejo de Simeone: esto no es fútbol, esto es intensidad. Ante todo, una cuestión de personalidad que no admite provocaciones. Y, por encima de gustos, se establece una idea capital: se puede ganar con cualquier tipo de futbolistas. No hacen falta siquiera que sean mejores que el rival lo que no quiere decir que los del Atlético no sean mejores que los de Osasuna. La realidad es que anoche no lo fueron. Al menos, en la primera parte. Pero Godín tuvo el semblante en el área de Osasuna que faltó a la gente que la trabaja. Es más, de la incapacidad de Falcao nació el gol de Godín. De eso y de la timidez de Nekouman para hacerse respetar en una zona en la que las excusas se pagan caro.

Falcao y Adrián perdieron la oportunidad de sentenciar 

El gol tumbó a Osasuna, que se convirtió en un muro de hormigón. Sus respuestas fueron insípidas, una mala broma en comparación de lo que necesitaba. Todo eso respaldó al Atlético, que jugó en campo abierto, como necesita. La pelota corrió deprisa. Koke tuvo talento y regate. Pero, sobre todo, Falcao y Adrián encontraron dos prodigiosas ocasiones para cerrar el partido. El problema es que ninguno de ellos fue Godín. Trataron de regatear a tanta gente que se les hizo demasiado tarde. Así que la noche no olvidó el miedo y Simeone se acordó de que cualquiera puede ganar partidos. Hasta Perea, que hasta no hace mucho era un futbolista rebajado de prestigio, incapaz de congregar dos aplausos seguidos.

Pero entre los pocos problemas que presentó Osasuna, Lamah se identificó como el mejor y, tal vez, el único. Lamah es un futbolista que da miedo. Aunque fuese un zoquete con la pelota, que no lo es, lo daría igual. Tiene volumen, rapidez y una mirada orgullosa. Desde el inicio avisó a Juanfran de lo que vale la prudencia. Su idea tampoco se dio por vencida en la segunda parte. Así que Simeone recurrió a Perea, un tipo de alto riesgo y que, pese a todo, sigue teniendo registros de atleta. Se trataba de olvidar esa amenaza. El hombre era él. Casualidad o no, Lamah no dio más voces.

Osasuna apenas encontró ninguna solución en la segunda parte 

Sin él, Osasuna buscó a Raúl García, un viejo forajideo que ha vuelto a presumir de talento. Fue inútil. Tenía nostalgia. Pyuñal también es un hombre de buenas costumbres, pero no se le puede responsabilizar de una remontada. La amenaza se limitó a balones altos, a centros desde las esquinas, a maniobras pobres. Y, en cualquier caso, Courtois se responsabilizó del espíritu de Godín o de Simeone, que ya es prácticamente lo mismo. Y el Atlético logró una victoria simple, de las que en la época de Manzano parecían imposibles. Pero entonces Godín se distraía con ver pasar a una mosca. Ahora, sin embargo, no tolera nada a nadie.

Osasuna: Andrés; Bectrán, Sergio, Flaño, Satrustegui (Timor m. 76); Cejudo (Nino m. 63), Puñal, Nekouman, Lamah; Raúl García y Lekic.

Atlético: Courtois; Juanfran (Perea m. 78), Godin, Miranda, Filippe; Koke (Salvio m. 78), Tiago, Mario Suárez, Turan (Domínguez m. 86); Adrián y Falcao.

Goles: 0-1 M. 39. Godín aprovecha un balón suelto.

Árbitro: Pérez Montero. Amonestó a Falcao, Lekic, Raúl García y Tiago,

Reyno: 10.000 espectadores.