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Un gol que aplaza la revolución

El Atlético paraliza las negociaciones de futuro un segundo después de estar a punto de saltar por los aires

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'Si no llegamos a ganar al Villarreal, estalla la revolución'. Al Atlético le salvó la campana, según confiesa a Público un peso pesado del vestuario. El domingo, durante más de una hora, los rojiblancos vivieron con la derrota en el cogote, a ocho puntos del Villarreal, al borde de la descomposición total. Acariciando la fractura definitiva entre Abel y los pesos pesados del equipo, entre el club y sus jugadores más díscolos, entre la afición y los dueños, entre la hinchada y la plantilla, entre el público y el entrenador. El Atlético estaba a punto de saltar por los aires. Pero tres goles consecutivos, una remontada heroica, sujetaron el caos y frenaron en seco todas las estampidas.

Abel estaba en el centro de todas las miradas. La grada le dejó a un lado. Se escuchó el Olé, olé, olé, Cholo Simeone, que andaba por el palco, y nunca el Abel, Abel, Abel que acompañaba al actual técnico en su época de jugador. Y le reprochó el cambio de Heitinga, por una vez ovacionado. Los jugadores tampoco se reconciliaron con el técnico. Entre la colección de abrazos y dedicatorias que acompañaron a cada tanto rojiblanco ninguna tuvo como destinatario al entrenador.

Está solo. Bueno, arropado exclusivamente por el bando de los nacionales y Assunçao, el amigo de todos. 'Lo mismo hablan mal de Abel porque les hace trabajar más', cuenta uno de sus jugadores adeptos, muestra inequívoca de la división que preside el vestuario.

El público también mostró su disconformidad con Maxi, aún capitán del equipo pese a sus afrentas. Le pitó al principio cada vez que tocó el balón. Pero al ser sustituido, ya con 3-2 en el marcador, le ovacionó. Hubo perdón. 'En el club sólo pensamos en ganar no en capitanías', se desmarca Cerezo.

La victoria también paralizó las ansias de fuga de unos cuantos jugadores. Algunos representantes que iban a reunirse en los próximos días con los dirigentes del Atlético, como Jorge Mendes, han visto como ayer el club dio orden de aplazar estos encuentros hasta mayo. Pero habrá desbandada. 'Este verano será de saldos, y si encima no juegas la Liga de Campeones...', admite resignado un directivo.

El futuro del director deportivo también es incierto. García Pitarch acaba contrato y seguramente no lo renovará. 'Pitarch acabó un ciclo en el club', dicen algunos consejeros. Pero el que manda, Gil Marín, le guarda mucha amistad. Como a Abel Resino, que está más convencido que sus superiores de que su continuidad depende de meter al equipo en Liga de Campeones. Por eso su prioridad no estaba en Oporto, por eso se le vio tan cómodo y crecido incluso tras la eliminación europea. De la rendición a la esperanza en un suspiro.