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El gran maestro que necesitó ayuda

Annacone, clave para que Federer reencontrara su tenis

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Ivan Lendl y Pete Sampras ya no están solos. Hasta ayer caminaban juntos como los únicos en haber ganado cinco veces el torneo final de la temporada pero ayer, una vez más, Federer se puso a la altura de los récords. Sampras ya tiene experiencia en esto. Ha visto como, poco a poco, el suizo que una vez le sorprendió en Wimbledon ha ido arrebatándole marcas que antes eran suyas.

En el éxito tardío de Federer tiene mucho que ver un gurú que en otro tiempo también lo fue de Sampras: el entrenador Paul Annacone. El ahora número 2 del mundo siempre fue un llanero solitario. Sabe que nadie puede pulir un tenis que se ha demostrado perfecto y, por eso, nunca creyó necesitar ayuda. Las cosas marchaban, razón de más para no cambiar la receta. Hasta que todo se torció. Lo que antes era facilidad se tornó en preocupaciones. Cuando Federer dejó de ganar con soltura se planteó un cambio. Dejar de ir por libre supuso un sacrificio, pero fue uno de esos que se hacen para dar un salto adelante.

No, Annacone no ha convertido a Federer en nada que no fuese previamente. Su repertorio es tan profundo que cualquier intento de ampliarlo es redundante. Pero no por ello un entrenador deja de ser importante. El americano ha conseguido que la receta de Federer vuelva a funcionar. Ha hecho que los ingredientes en lugar de anularse se combinen para dar más sabor al plato. El cambio ha sido táctico.

Hoy Federer tiene más claras sus prioridades, conoce mejor sus límites y en lugar de intentar sobrepasarlos se aleja de ellos. Su juego ahora es más coherente, en lugar de intentar hacer todos los golpes en todos los partidos se centra sólo en los mejores para sobrevivir. Ya no cae en provocaciones para jugar el tenis que prefiere su rival. Ahora Federer es el que programa los partidos.