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Haddadi, un pívot entre dos vetos

El iraní llegó a la NBA gracias a una excepción de la ley comercial

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Cruzó el control de aduanas del Shelby County, el aeropuerto de Memphis (EEUU), en el verano de 2008 cargado de papeles. Pasaporte, visado, documentos de cortesía de los Grizzlies, una carta de bienvenida de la NBA y un sobre con timbre oficial del Gobierno estadounidense que convertía a Hamed Haddadi en la primera transacción comercial entre Irán y Estados Unidos en 28 años. Su negocio es producir tapones y rebotes líder de esas dos estadísticas en los Juegos de Pekín. Vender baloncesto. La actividad que encontró la grieta en la prohibición estadounidense de tráfico comercial con Irán, país con el que Estados Unidos rompió relaciones en 1980, tras el asalto a la embajada norteamericana en Teherán y después del triunfo, un año, antes de la revolución islámica. Hoy, las dos selecciones de Haddadi, la natal y la de adopción, se enfrentan en un duelo desigual.

En 2008, la NBA ganó al Capitolio. Lo consiguió David Stern, comisionado del campeonato, después de reuniones con la Cámara de Comercio y Senadores, a los que convenció de la necesidad de la excepción hacia el jugador de 218 centímetros. Haddadi promedió 1,7 puntos y 3,3 rebotes en 9,7 minutos en los seis partidos que disputó en pretemporada con los Grizzlies, y debutó en Liga el 30 de diciembre. Cuatro minutos ante Phoenix Suns, dos puntos y un rebote.

Mientras interiorizaba sus experiencias como rookie en el banquillo, chapurreaba inglés con las lecciones de su com-pañero Mike Conley, en los trayectos en coche a los entrenamientos, y ante los periodistas apenas hablaba, siempre con traductor, de política. Haddadi entendió el poder de su singularidad. Ser el primer jugador iraní de la NBA, el segundo en Estados Unidos tras Beh-dad Sami, le convertía en un pionero del aperturismo. De hecho, en un partido de la fase regular ante los Warriors aparecieron 800 personas vestidas, en su honor, con una camiseta verde, el color que, desde el verano de 2009, aúna a los seguidores del movimiento prodemocrático iraní. Haddadi se fotografió con la mayoría, les firmó autógrafos pero no se enfundó el simbólico color. 'No es bueno ni para su carrera ni para su vida que se le asocie con este tipo de movimientos', asegura Reza Aslan, su representante.

La censura de su país no permite verlo jugarc on los Grizzlies

El gesto no le ha pasado factura en su vuelta a Irán, donde las andanzas de Haddadi en la liga americana no pueden presenciarse por la censura televisiva del Gobierno. Una prohibición convertida en escollo para los diferentes seleccionadores del país asiático. 'No es fácil enfrentarse a jugadores cuyas imágenes, por jugar en la NBA, están vetadas', explica Rajco Toroman, el serbio que dirigió a Irán en Pekín, el técnico que sistematizó el baloncesto en Irán. Toroman fue el primer agitador de los sueños de Haddadi. Le animó a la aventura en el Partizán de Belgrado. Pero Haddadi declinó tres millones de euros por la comodidad de vivir en casa. 'Recuerdo que le dije que si no salía fuera y luchaba por mejorar se quedaría en nada', relata el serbio.

Llegar al estatus de Haddadi es la aspiración de Arsalan Kazemi, el futuro del baloncesto iraní. Universitario en el campus de Rice (Texas), Kazemi es ya un producto yanqui. Por eso asume con naturalidad el partido de hoy. 'Cuando acabemos nos daremos la mano', asegura Kazemi, quien busca su futuro en la NBA. Si lo consigue lo tendrá más fácil que Haddadi. 'Parece que estos iraníes saben pasar la pelota', se mofaba Ralph Lowler, en el Clippers-Grizzlies, del pasado 20 de noviembre. '¿Estás seguro de que no es el hermano mayor de Borat?', le contestaba Mike Smith. Su conversación fue cazada por una cámara de la ESPN. Comentarios que no afectaron a Hadda-di. 'Soy la típica estrella que está sentado en el banquillo', replicó tras el incidente.