Público
Público

Hermandad bajo la lluvia

Las aficiones española y portuguesa viven con cordialidad el choque en un día lluvioso en Ciudad del Cabo

Publicidad
Media: 0
Votos: 0
Comentarios:

Las previsiones meteorológicas no fallaron. Tras un lunes soleado, primaveral, la 'ciudad madre' de Sudáfrica, Ciudad del Cabo, ofreció un día gris y muy lluvioso por momentos. Los alrededores de la 'nao' del Green Point Stadium, la nueva joya arquitectónica de la ciudad, fueron un hervidero de seguidores desde primeras horas de la tarde.

Se volvió a mezclar, como en los partidos ante Suiza y Chile, el rojo de España en este caso con el de Portugal, con la diferenciación del amarillo o gualda de los hispanos y el verde de los lusos. Y ni las tormentas arredraron a los miles de seguidores que decidieron aguardar las horas previas al encuentro, que pese a la lluvia no cesaron de 'soplar' sus vuvuzelas y desprender ese ruido que acompaña día tras día la vida en Sudáfrica.

Lógicamente, cuando más diluvió cualquier sitio fue bueno para guarecerse, con una bebida en una mano y una vuvuzela en la otra. Soportales de un gigantescto y clásico centro comercial situado cerca del estadio, bares y los propios pasillos de la moderna instalación fueron refugios improvisados para todos aquellos que habían decidido pasar el día junto a Green Point.

Para colmo de males para los seguidores, pocos portaban por entonces paraguas, puesto que luego no los podrían introducir en el estadio debido a la prohibición por seguridad. Cualquier tipo de paraguas y las banderas de más de dos metros de longitud están prohibidas por motivos de seguridad, según anunció el Comité Organizador del Mundial.

Ciudad del Cabo posee una amplia colonia portuguesa. Se notó por el gran número de seguidores que posee aquí el conjunto de Carlos Queiroz.

Pero también se dejaron ver centenares de aficionados de la 'roja' española, aunque, como en las otras tres ciudades que ha jugado hasta el momento, muchos de ellos eran sudafricanos, seguidores de sus estrellas de la Premier, como Fernando Torres y Cesc Fábregas.

El duelo ibérico se vivió con esos matices que aportan de los seguidores 'adoptados' de ambos equipos. No fue un 'derbi' como si se hubiera disputado en Madrid o Lisboa, o en cualquier ciudad española o lusa. Mucha ilusión pero menos pasión.

La comunión fue absoluta, completa, como viene ocurriendo en lo que va de Mundial. Respeto por doquier y buenos deseos, aunque no los deportivos, obviamente.