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Higuaín asalta el autobús

El goleador argentino decide el partido para el Madrid en los minutos iniciales con un gran desmarque y un toque delicado que destrozó el ultradefensivo y mezquino planteamiento del entrenador de la Real

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Sin el brillo de los tres últimos partidos, sin esa soltura con el balón que anuncia un equipo más versátil, el Madrid conquistó los tres puntos en Anoeta. Tampoco le hizo falta el despliegue futbolístico de las últimas citas, porque, a veces, hay entrenadores que rinden a su equipo en su propia caseta. Montanier tomó una de esas decisiones que planchan a una hinchada y a un vestuario. Decidió jugar con nueve futbolistas de corte defensivo. Apagó Anoeta desde esa alineación indecente para los ojos del espectador. El Madrid corrió y mucho, se fajó, pero no necesitó armar un partido redondo para ganar.

Mandó Montanier un mensaje descorazonador: que sus futbolistas esperaran en el autobús aparcado delante de Bravo. Su planteamiento sonó a pizarra miedosa, pero no sólo porque su equipo pudiera perder, sino porque una tunda le hiciera saltar del banquillo realista. Con esa mentalidad lo mismo salta con la misma rapidez que entre Higuaín y Coentrao hicieron saltar esa maraña timorata. El portugués, en su sitio, de lateral, divisó un desmarque de libro del argentino. Higuaín acuchilló a esos tres centrales de Montanier que quedaron en evidencia por colocación y falta de lectura. Lo normal es que uno de los tres guarde las espaldas a los otros dos si se produce un espacio a sus espaldas. Pero no, estaban en línea con Babia e Higuaín no los perdonó. Se plantó ante Bravo y lo superó con un pellizco por debajo de la pelota. Un toquecito para que el esférico rebasara la salida de Bravo con suavidad. Las definiciones de Higuaín han ganado en delicadeza. Atrás quedó ese futbolista del cañonazo por definición. Ahora es más sibilino cuando se planta ante el gol. Aún hay veces que le cuesta sincronizarse con Cristiano, problema que no tiene con Di María. Entre los dos ligaron las mejores jugadas del Madrid. Ambos son los que más exigieron a Bravo.

La gran pregunta que arrojó el duelo es si Montanier estuvo toda la semana preparando esa piltrafa defensiva. ¿Qué tipo de mensaje ganador le pudo inculcar a sus futbolistas con ese dibujo que destilaba tanto pánico? Cuando su equipo recibió el gol ya no le servía ni para empatar y mantuvo ese dibujo cobarde casi una hora. Lo único que logró fue dificultar la circulación del Madrid, que ahora se le atasca más con Özil que con Kaká; Lass aparte, claro.

No tuvo la Real, salvo un par de minutos de desconcierto del Madrid en el segundo tiempo, ni ese arranque orgullosos que le suele brotar ante el Madrid, que vivió impreciso en Anoeta, pero tranquilo en la mayor parte del encuentro. Casillas solventó un par de disparos lejanos producto de pérdidas de balón en el centro del campo que no gustaron a Mourinho. Contra lo que dice, su equipo, sin jugar bien, esta vez también fue capaz de ganar. Por eso celebró la victoria casi con más fulgor y expresividad que las goleadas -'lo celebré así porque la dificultad del partido lo merecía', dijo luego-. Parece que le llenan tanto o más esos triunfos en los que su equipo es capaz de ganar guerreando que los que se lleva de calle. 'Fuerza, fuerza', le gritaba a sus jugadores cuando acabó el partido.

Real Sociedad: Bravo; Carlos Martínez (Agirretxe, m. 83), Cadamuro, Mikel González, Íñigo Martínez, Delabella; Estrada (Griezmann, m. 60), Mariga, Markel, Bergara, Xabi Prieto; y Vela.

Real Madrid: Casillas; Arbeloa, Pepe, Ramos, Coentrao; Xabi Alonso, Lass (Khedira, m. 68) Di María, Özil (Kaká, m. 63), Cristiano; e Higuaín (Benzema, m. 80).

Gol: 0-1. M. 8. Higuaín toca con suavidad por encima de Bravo tras un gran pase al hueco de Coentrao.

Árbitro: Undiano. Mostró tarjeta amarilla a Arbeloa, Cadamuro, Griezmann, Ramos, Carlos Martínez, Markel Bergara e Iñigo Martínez.

Anoeta: 25. 000 espectadores