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Hijo de una liga menor

El BATE, pese a ser capaz de rascar puntos al Zenit y Juventus, no tiene capacidad por sí mismo

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Hablar del BATE, que juega en Minsk, como rival es absurdo. No se trata de menospreciar al campeón de la liga bielorrusa, sino de ajustar el análisis a la realidad. Esta Liga de Campeones no deja de ser un regalo y su papel está siendo brillante: le ha quitado puntos al Zenit y al Juventus, y ha salido con honor de una visita al Bernabéu que se tomó como algo turístico.

El BATE no tiene capacidad por sí mismo, ni maneja variantes. Es un equipo que vive de la ilusión, el atrincheramiento y el esfuerzo físico. Ese es su peligro: no tiene nada que perder y la ilusión es infinita. Un Madrid concentrado, veloz, instintivo sería capaz de sentenciar en el primer tercio del partido, pero la tendencia del grupo es menospreciar al BATE, pues todos piensan que es uno de esos equipos a los que se le gana sin bajar del bus.

 

Defienden atrás, muy cerca del área. Siguen al dedillo la premisa de jugar muy juntos, defensa con ayudas y una máxima: todos por detrás del balón tan rápido como sea posible. La Champions suele facilitar las goleadas porque los equipos van contra natura. El BATE juega a equipo grande en la competición doméstica y a equipo pequeño en Europa, un cambio de mentalidad imposible que se termina pagando con las goleadas.

De repente, el BATE, como tantos otros, juega a no querer la pelota, a destructor. Es un contrasentido que provoca el engaño. No hay rival pequeño, sólo estilos más propicios.

La acumulación provoca la reducción de espacios, la línea defensiva juega unos metros (pocos) por delante de la línea del área grande. Tener jugadores de ruptura es básico para intimidar. Contar con Robben e Higuaín provoca que la defensa sufra el mal de la sombra. Tiras atrás un par de metros, evitas que te cojan la espalda y la resultante es que aparecen los espacios entre líneas.

El Juventus y el Real Unión fueron valientes, tiraron la línea y la mantuvieron, nada de irse atrás, lo que provocó que el Madrid no tuviera más recurso que el último pase, aunque fuera desde posiciones perdedoras. Hay que ser valiente para plantear un partido de esa manera. Las bajas de Robben, Van Nistelrooy e Higuaín ayudan y mucho a un BATE que tiene en el Real Unión o Juve un libro abierto para ganar, porque esos días se juntó la valentía de estos equipos con la ausencia de Higuaín en el once del Madrid.

Schuster debe buscar alternativas para meter miedo en el juego al espacio. Se me ocurre un planteamiento para Drenthe, pero no tengo muy claro si el holandés entiende el juego.

Candidatos a los cero puntos al final de la fase de grupos, los bielorrusos llevan dos, aunque lo más importante es que nadie les ha ridiculizado. Todos los rivales, y los tres de entidad, lo han pasado mal contra el BATE. Esto les ha llenado de confianza, pues saben que no se trata de defender. En ataque tiene pegada, argumentos para hacer temblar los cimientos de cualquier rival que salga con un nivel de activación desajustando.

Los resultados dan confianza a los bielorrusos y eso se nota en el número de jugadores que salen a la contra. En el Bernabéu, eran uno, dos o ninguno. Contra la Juve llegó la explosión, las facilidades de Manninger dieron paso a que el punta no fuera un ser extraño que vivía en soledad. Contra el Zenit, el partido terminó siendo abierto, propicio para la goleada de los de San Petersburgo. Ida y vuelta, los de Advocaat fallaban una tras otra. Los bielorrusos, lo mismo. El porcentaje eran tres del Zenit contra una del BATE.

No conviene menospreciarlos. Quedan dos partidos para que se les acabe la fiesta, malas noticias para un equipo que volverá a la previa en agosto.

El Madrid se juega que le valga el empate en el Bernabéu contra el Zenit. Salir a competir sin pensar en otro enfrentamiento del grupo es básico. Da lo mismo el resultado. Si gana la Juve, el Madrid deberá jugar en Minsk para cerrar el pase y convertir el duelo de Chamartín en una oportunidad para rotar a los jugadores más castigados y dedicar la semana a pensar en el Barça. Ganar es obligado porque el Juventus también tiene intereses y muchas bajas. Con el primer puesto asegurado si ganan al BATE en el Comunale, mirarán por sus intereses.

El objetivo está cumplido y las miradas se vuelven a la Serie A. El Zenit viene de ganar al Spartak, donde la cabeza de Laudrup ya está cuestionada y Karpin juega a proteger al danés. La derrota del Spartak facilita que los futbolistas de San Petersburgo vuelvan a jugar en Europa la próxima temporada. Con la Liga concluida, toda la atención está en la Champions. El peligro viene de Rusia.