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Honduras se cruza otra vez

Del Bosque se lo juega todo ante los centroamericanos e Iniesta no se recupera a tiempo de su lesión muscular

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España no se lo esperaba. Ni en el peor de los supuestos pensó que llegaría a la segunda cita del Mundial con el agua al cuello, sin margen para el error y sometido a examen. Honduras ya no es un puro trámite. Es un obstáculo terminal. O se la derrota o la selección se vuelve a casa. O se la gana con holgura o puede complicarse un posible triple empate (aunque para los cálculos, ayudará que Suiza y Chile midan sus fuerzas antes). O se la vence con una actuación convincente o la roja se va a ver de frente con sus fantasmas y bajo sospecha. Hay prueba de altura donde hace una semana no existía nada.

Hasta el frío, una simple incomodidad, se mira hoy como un verdadero enemigo. Los meteorólogos pronostican dos grados bajo cero a la hora del partido (20.30) en Ellis Park.

La roja exhibe su apego por el rondo en el cuarto de hora que se dejó ver

Para combatir toda la lista de adversidades, España volverá a coserse al toque. En realidad, no es el estilo lo que se discutió en la batería de reproches que sucedió a la gris actuación de la selección ante Suiza. Pero el equipo ha sentido que eso era lo que se agredía desde el exterior. Que se dudaba de su forma de jugar, su compromiso con el balón y su juego de posesión absoluta. Están más molestos los jugadores de lo que han confesado por el crédito perdido. Una semana después de convertirse en la admiración del mundo, se sienten observados y puestos en duda. Y a su modelo lo consideran atacado.

Quizás por eso, están decididos a sobreactuar su apego por el toque. Lo demostró ayer Del Bosque en el cuarto de hora del último entrenamiento que la FIFA deja abierto a los medios de comunicación. Exhibió su fe en el modelo con un rondo general a un toque sobre un tercio del campo. La selección entrena la posesión y el toque, que lo vea el mundo.

Otra cosa es la alineación. Del Bosque sabe que un movimiento en el once sería una concesión a los críticos. El cuerpo le pide no tocar nada, demostrar que la seguridad con la que ha defendido sus decisiones en el estreno y el juego del equipo no es una pose. Tampoco quiere señalar un culpable, poner en entredicho a un jugador por un retoque. Pero también sabe que el equipo necesita profundidad, llegada, más presencia en el área rival, gol. O sea, Fernando Torres. Para incluirle sin señalar a nadie en un once que tiene a gala guardar en secreto bajo llave, Del Bosque se ha encontrado un aliado en la enfermería: 'Están todos bien, menos Iniesta'. La musculatura del azulgrana sigue torturándole las piernas y, como confesó el propio jugador a este periódico, la cabeza. ¿Arriesgó o no el técnico al ponerlo ante Suiza? Del Bosque dice que sabe la alineación, pero no la cuenta. Espera a decírsela dos horas antes del partido a los jugadores. Ayer los mezcló desordenadamente en dos bandos con toda la intención. Imposible extraer una conclusión de esos minutos de ensayo a la vista.

Honduras anda excitada con la oportunidad de tumbar a la favorita

Honduras, mientras, vive pendiente del concurso del goleador Suazo. Pero sobre todo, anda sobreexcitada. De pronto, ve a España como un enemigo accesible. Rueda, el seleccionador, está animando a los suyos a perder el miedo y atreverse. Para una selección sin hambre de títulos, tumbar a España es algo así como todo el Mundial, la oportunidad de entrar en la historia. 'Más que lo del 82', dice su prensa. Se encerrará, pero promete volar a la contra.

Cuestionada por dentro, con frío y amenazada por el ánimo rival subido. Pero España no puede fallar.