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La hora de los cazadores

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Han pasado cuatro partidos, más de doscientos minutos de juego y las escopetas han disparado directas al corazón de Torres. Mientras la recuperación de Xavi es efectiva, Puyol lidera la zaga, Iniesta suma más que multiplica y Xabi Alonso diseña un torneo inmaculado, el delantero centro de La Roja es sometido a debate nacional. Llorente jugó bien ante Portugal, cambió la dinámica del partido y aceleró las pulsaciones de España, pero no concretó las ocasiones de que disfrutó.

El ecosistema del fútbol patrio regula el periodo por el que transcurre el proceso de recuperación del ariete del Liverpool, pero aplaude cualquier motivo para cambiar al portador del 9. En un campeonato del Mundo, no existe espacio para recuperar la forma, comprar la chispa, adquirir el tono o facturar frescura.

Torres aglutina dos operaciones de menisco en noventa días y dos vueltas a la normalidad. Si en la primera todo funcionó a velocidad de vértigo, la segunda, a la vista está, transita con lentitud. El madrileño afronta el reto de Suráfrica con el riesgo que supone para su imagen el rendimiento exhibido.

No se esconde: la busca, la pelea, la pierde, la quiere, la regala pero para alabar a Llorente, no es determinante ajusticiar a Torres. Aunque para los cazadores, sí. Sin embargo, no es un Mundial de jugadores que dejen la boca abierta. Drogba, Rooney, Etoo, Cristiano o Anelka abandonaron por la gatera.

Además, Messi y Kaká pedalean para unirse a Higuaín o Tévez, el uno, y Luis Fabiano o Robinho, el otro. No es consuelo de tontos, es reconocer que Villa y los citados han pegado un golpe de pedal para asociarse lejos del pelotón. En todo caso, el seleccionador no cuestiona a quien ha cumplido con el colectivo.

Ahora resulta que anotó con fortuna en Viena y que debe aprobar como un meritorio cada vez que se enfunda la camiseta. Con todo, los cartuchos siguen con pólvora. Los cazadores respiran engreídos. Son los mismos que crecen en las malas porque en las buenas desaparecen como el ruido de las nueces. Ah, Luis Aragonés continúa con el discurso catastrofista. Claro, debemos comprender que si España alcanza la gloria, él escribirá la historia como medalla de plata.