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Dos horas de suplicio

El árbitro de la final se confiesa "agotado"

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El entrenador del Wolverhampton, Mick McCarthy, no es de los que se suelen quejar por el juego duro. Como internacional irlandés, fue el jugador que más faltas cometió en el Mundial de Italia 90 (y no llegó a ver una tarjeta amarilla). McCarthy está convencido de que las quejas holandesas sobre la actuación del árbitro son trucos de mal perdedor: 'Lo que no acepto es que un equipo adopte tácticas de matón y luego le eche la culpa al colegiado cuando pierde'.

La prensa y la Federación inglesas comparten ese veredicto y apoyan la actuación de Howard Webb, el policía de 39 años que no pudo frenar la violencia del equipo naranja. La única crítica que ha recibido en algunas crónicas es no haber expulsado a De Jong por patear el pecho de Alonso. 'Está claro que fue un partido extremadamente difícil de arbitrar', dijo el director general de la Premier. 'Menos mal que era Howard quien estuvo allí'.

¿Qué podía haber hecho Webb en un partido en el que la primera entrada dura se produjo a los 47 segundos? La alternativa era peor, dicen, porque dejar a Holanda con nueve o diez hombres antes del descanso habría acabado con cualquier incertidumbre sobre el resultado. Como dice Jack Taylor, último inglés en arbitrar una final, la de Alemania 1974, con un colegiado de gatillo fácil todo habría sido peor: 'No quiero ni pensar lo que habría ocurrido con ciertos árbitros de ciertos países'.

Webb ha dicho a algunos amigos que fueron 'las dos horas más difíciles de toda su carrera' y que acabó 'física y mentalmente agotado'. Sus compañeros se lo creen. 'Ni aunque viva 100 años volverá a dirigir un partido tan difícil', según el ex árbitro Dermot Gallagher.

La foto con la patada de De Jong apareció dos veces en The Times. Esa imagen y las declaraciones de Cruyff repudiando el juego sucio de sus compatriotas son los dos argumentos utilizados por la prensa para descalificar las protestas holandesas.