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El impacto fugaz y relativo del fútbol en la política

La normalización en el uso de los símbolos será su consecuencia más duradera

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La primera estrella para La Roja, que acredita a la selección española de fútbol como campeona del mundo, ha sido un acontecimiento histórico. Pero no sólo por el triunfo sino por cómo se ha vivido en las calles, plagadas de banderas de España y ocupadas por una marea roja de ciudadanos equipados con camisetas y vuvuzelas. Pero más allá de la satisfacción y la euforia, los efectos de esta victoria son, según los expertos consultados, relativos y fugaces. Aunque todos coinciden en que el Mundial de Suráfrica 2010 marcará un antes y un después en la utilización de los símbolos en España.

Para el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Santiago de Compostela Justo Beramendi, 'estamos en un espasmo de euforia que aumenta la autoestima colectiva', pero su efecto será efímero porque tras una semana de celebraciones la gente volverá a su vida normal. Si acaso, apunta Beramendi, el éxito puede 'hacer que la marca España se revalorice'. El politólogo Pedro Ibarra señala que el estado de ánimo, provocado por el triunfo, 'podría moderar la visión crítica o pesimista ante la situación política actual y, en consecuencia, favorecer al Gobierno'. Ahora bien, esto 'no se traduciría en un cambio de intención de voto', subraya Ibarra.

Lo cierto es que la relación entre deporte y política no es nueva y, según señala el profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona Jordi Muñoz, 'es evidente' que la competición deportiva 'tiene una dimensión política'. Sin embargo, no hay ningún estudio que certifique que los triunfos futbolísticos tienen un impacto directo en el comportamiento de los ciudadanos. Muñoz pone como ejemplo los barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de mayo y julio de 2008, el anterior y el posterior a la victoria de la Eurocopa: 'Apenas percibimos cambios estadísticamente significativos en la valoración de la situación económica y política, ni en las expectativas de cara al futuro'. En su opinión, los ciudadanos son capaces de separar la alegría por el fútbol de lo demás. En este sentido, el experto del CIS Alberto Penadés apela a la inteligencia ciudadana y fija en 24 horas el efecto adormecedor de la celebración por el triunfo. 'Lo contrario sería como pensar que los ciudadanos son tontos. Saben que, por ejemplo, el riesgo de quedarse en paro es el mismo hoy que ayer'. Penadés confirma que no hay datos sobre los efectos sociopolíticos de las victorias deportivas en España, aunque recuerda que en Estados Unidos hay uno que 'ha demostrado que Barack Obama es más popular cuando gana su equipo de baloncesto'.

El éxito de la selección en cada fase se ha traducido en mayor número de banderas en los balcones y más seguidores disfrazados. Durante este Mundial, sostienen los expertos, se ha producido la normalización del uso de la bandera española como símbolo no asociado a la derecha. Muñoz señala que 'en parte es gracias a la selección de fútbol' y también a la de baloncesto. Beramendi afirma que frente a épocas anteriores en las que 'hubo una sobredosis de nacionalismo español franquista que se ha ido diluyendo, los símbolos ahora se están asumiendo con naturalidad'. Incluidos los autonómicos.

Los jugadores catalanes Carles Pujol y Xavi Hernández pasearon la senyera, el pasado domingo, para celebrar el triunfo en el Mundial. Javi Martínez, nacido en Estella (Navarra), se anudó el pañuelo de San Fermín. Y el asturiano David Villa celebró con la bufanda del club deportivo Tuilla, de su tierra natal. Según el profesor de Derecho Constitucional Francisco Balaguer, 'sería absurdo negar la posibilidad de que cada uno apele a sus símbolos, que son constitucionales'.

La utilización de banderas autonómicas son 'un reflejo de la realidad española', afirma Muñoz, por eso los expertos consultados entienden que debería verse con normalidad. A la vista de las encuestas del Centre d'Estudis d'Opinió de la Generalitat, y dado que un 42,2% de los habitantes se sienten tan españoles como catalanes, Beramendi apela 'a la doble identidad que impera en Catalunya'. Según Ibarra, en ocasiones como estas, 'cada jugador saca su otra identidad', además de la que tiene como miembro del equipo.

Protagonistas y ciudadanos se han echado a la calle para celebrar este triunfo histórico. Pero en algunos territorios, como Euskadi, de forma más tímida que en el resto del país y con algún problema. La razón, explica Múñoz, reside, en parte, en que 'el sentimiento nacionalista español es mucho más débil en el País Vasco'. El historiador Beramendi añade otro factor: 'La gente no nacionalista tiene su miedo. Aunque el clima social ha cambiado, no hay libertad para expresar los sentimientos'. Lo cierto es que en Barakaldo (Vizcaya), uno de los pocos municipios cuyo ayuntamiento instaló una pantalla gigante para ver la final, los aficionados tuvieron que irse del frontón porque fue objeto de un sabotaje, según el alcalde Tontxu Rodríguez.

Este incidente no impidió que algunos ciudadanos salieran a la calle a celebrar e incluso luciesen bandera españolas. El polítologo Ibarra, que vive cerca de Bilbao, lo corrobora: 'Se ha producido un cierto cambio porque aparecieron algunas banderas y gente con la camiseta de la selección en zonas de muy baja identidad española'. Y añade que, aunque no lo celebrasen públicamente, fueron muchos los que lo vieron y también los que se alegraron de la victoria. 'Si el voto nacionalista supone alrededor del 50% del total, en torno a un 20-25% probablemente se alegrase' de que ganara.

De lo que no hay duda es de que La Roja, como se denomina popularmente al combinado dirigido por Vicente del Bosque, ha ido ganando terreno a otros términos como 'furia roja' o la propia 'selección española'. Para los expertos, no hay una explicación política detrás. 'Es una cosa más espontánea que dirigida', afirma Beramendi. El apodo que el ex seleccionador Luis Aragonés impulsó en 2004 es un acierto, según Ibarra, porque 'ha atraído a más gente al alejarlo de la denominación más patriotera'.