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El indomable carácter de 'O Fabuloso'

Luis Fabiano agita el vestuario del Sevilla con sus acciones en el campo

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A Cristóbal Soria, el superdelegado de campo del Sevilla, no se le escapa una. El pasado sábado, evitó que el Comité de Competición se cebase con Luis Fabiano por sus insultos a uno de los asistentes de Undiano Mallenco en el partido ante el Barcelona. Ágil y listo, Soria tapó la boca del brasileño para que ni el árbitro ni su ayudante pudieran descifrar las lindezas que el brasileño soltaba por esa boquita.

Su expulsión del pasado fin de semana es el último episodio oscuro de este delantero, que tiene una biografía entre el negro y el blanco. No hay grises. De marcar tres goles con la selección brasileña, viaja a una expulsión absurda en Valladolid o a un malentendido con Manolo Jiménez en un entrenamiento. La tarjeta roja por el manotazo a Sergio Busquets dejará a los andaluces sin su 9 titular para el importante partido del próximo domingo ante el Real Madrid.

Parece que ha vuelto a las andadas. 'He hablado con él, las cosas malas hay que arreglarlas dentro de casita. Claro que me preocupa, pero fue un forcejeo, lo agarran, él suelta la mano', apuntó ayer un diplomático Jiménez. La relación entre técnico y delantero es muy delicada y cualquier astilla puede prender.

Maresca es menos prudente: 'Tiene ya bastante edad para saber si lo que ha hecho está bien o está mal. Si se equivoca, el primero que lo sabe es él'. Al presidente José María del Nido tampoco le hizo nada de gracia la acción de su jugador.

Sus goles habían evaporado al personaje controvertido y de difícil adaptación que se lió a guantazos con el uruguayo Diogo en un Zaragoza-Sevilla en La Romareda hace dos años. O Fabuloso ha sido uno de los estandartes de los logros del Sevilla en el pasado reciente. Como premio, Dunga le adjudicó la misión de ser el goleador de la canarinha.

Un año después, otro partido ante los maños dibujó a un Luis Fabiano distinto y comprometido. Dos días antes del encuentro, su vivienda fue asaltada por una banda de ladrones. Su mujer y sus hijas fueron atemorizadas a punta de pistola. A pesar del incidente, fue titular ante el Zaragoza y consiguió marcar. Cerró con 24 goles la pasada temporada, mientras que ahora tan sólo ha batido en tres ocasiones la portería contraria.

Ejemplos hay cientos. Al jugador brasileño hay que tenerle la casa limpia y recogida para que no tenga motivo de queja. Pueden crear un cisma de la más insignificante mota de polvo. Son tan talentosos como imprevisibles. Luis Fabiano no escapa del prototipo. Los cantos de sirena con ofertas multimillonarias meten en el horno un pastel que, en muchas ocasiones, resulta tóxico.

Los jeques del Manchester City tienen la chequera lista para reforzar su delantera y el paulista del Sevilla es uno de los favoritos.

Desde comienzo de temporada, se le nota atribulado en el campo, quejoso, gesticulante. En los últimos tiempos, la vida se ha hecho más dura para los delanteros sevillistas. Hay menos oportunidad de lucimiento y menos contacto con el balón. La participación de Kanouté y Luis Fabiano en el juego ya no es tan visible como en curso anteriores. 'Estando tan solo arriba, es muy difícil. El problema está en que no creamos ocasiones de gol', dijo tras un partido en Lieja.

Monchi es el vigilante que se ocupa de deshacer los hilos de esta madeja. Ejerce la función de tutor del brasileño y media en la relación entre el jugador y el entrenador. El último desencuentro entre ambos fue hace una semana.

Luis Fabiano se marchó sin mediar palabra de un entrenamiento . Al parecer, el detonante de todo fue un roce con Manolo Jiménez después de que el futbolista le dijera que sentía molestias. El técnico le exigió que se esforzase y le dijo que si no se encontraba en condiciones de entrenarse, lo mejor que podía hacer era marcharse. Acto seguido, y cuando el plantel apenas había comenzado a ejercitarse, el brasileño aceptó su invitación y emprendió camino hacia los vestuarios. El director deportivo tuvo que negociar otra tregua entre Luis Fabiano y el entrenador.