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El infierno griego de Miribilla

El Bilbao confía en el asfixiante ambiente de su pista para alargar la final ante el Barça

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'Esto no se ha acabado. Ahora, la serie se traslada a Miribilla; veremos qué pasa allí', lanza Fotis Katsikaris en la sala de prensa del Palau, escenario de la segunda derrota de su equipo en la final de la ACB frente al Barcelona. Lo dice con un tono de advertencia, convencido del poder intimidador de Miribilla, la nueva y decisiva casa del Bilbao Basket. Sabe de lo que habla Katsi-karis, criado como jugador y técnico en los pabellones de Grecia, ese infierno ambiental que, matizado y a otra escala, ahora se reproduce en Bilbao. 'Por la manera de animar de la gente, que está de pie durante todo el partido, por sus cánticos, por ese estar siempre al lado del equipo, me recuerda mucho a la atmósfera de un pabellón griego', explica el técnico del conjunto vasco.

Desde que, por primera vez en su historia, se clasificó para disputar el playoff de la ACB, el Bilbao remite a Miribilla como factor determinante en su fabuloso avance por la fase regular de la temporada y en todas sus conquistas en esta etapa final de la liga: primero frente al Valencia y luego ante el Madrid. Inaugurado en septiembre de 2010 y con capacidad para 8.500 espectadores, Miribilla, dicen, ha empujado casi tanto como los jugadores y el técnico para que los vascos llegaran a esta final que ahora tienen tan cuesta arriba: nunca nadie, en la historia de la ACB, ha logrado remontar un 2-0 en contra en la final.

Como en las canchas de Grecia, la afición no para de cantar y animar en pie

'Debemos mucho a nuestra afición. La manera en la que nos han acompañado es impresionante', apunta Àlex Mumbrú. 'A mí me recuerda al ambiente que hay en el pabellón del Panathinaikos y también al del Estrella Roja. Nuestro público es igual de ruidoso, pero más respetuoso: no lanza nada a la cancha', aclara el alero bilbaíno sobre lo que su compañero Paco Vázquez bautizó como efecto Miribilla. 'Ambiente como el del Panathinaikos yo no he visto ninguno; es lo más loco que yo he vivido', interviene Joe Ingles, víctima junto a todos los azulgrana del infierno del Panathinaikos en la Euroliga.

'Pero somos conscientes de que en Mirabilla no quedará un asiento libre y de que no pararán de animar durante todo el partido porque saben que puede ser el último', añade el pívot australiano del Barça. 'En Australia, sería impensable algo similar'. Más acostumbrado a ambientes calientes está Alan Anderson, curtido en las finales universitarias de Estados Unidos. 'Aquí hay un buena atmosféra, pero aquello es más grande, genial', señala el americano, nada intimidado por las advertencias de los bilbaínos. 'Yo lo compararía a un pabellón de Grecia por el hecho de hay tres griegos en el equipo [Katsikaris, Vasileiadis y Mavroeidis], pero, si tuviera que señalar un pabellón caliente, sería el del Partizán; es la mejor afición del mundo', apunta Kosta Perovic.

'Para aficiones calientes, las del Panathinaikos, el Aris y el Paok', replica Mavroeidis, 'pero la nuestra no le va a la zaga'. 'Bilbao es especial. La ciudad se ha volcado con el baloncesto y el ambiente de Miribilla es increíble. El Barça tendrá problemas', asegura el griego. Para ello, los de Katsikaris tendrán que aportar algo más que el infernal ambiente, pues el Barça, que no olvida el humillante 3-0 que le infringió el Baskonia el curso pasado, es un auténtico experto en solventar las finales con tres victorias consecutivas. Lo ha hecho ya en cinco ocasiones y aspira a repetirlo hoy (20.45, TDP) porque, como avisa Sada, en un momento excelso: 'Nunca me he dejado intimidar por el público y tampoco lo haré ahora'.