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Con Iniesta es otra cosa

El Barça se reencuentra con su fútbol y con la victoria en el regreso del 8. Afónico de tanto rugir en Copa, el Athletic se libra de una goleada de escándalo. El Madrid, a seis puntos 

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En un partido sin apenas rival y en el que el resultado pudo (y debió) ser de los calificados como escandalosos, el regreso de Iniesta le supuso al Barça recuperar de una tacada su mejor fútbol y volver a ganar en Liga tres semanas después. La pregunta es: ¿qué más tiene que hacer el 8 para ser considerado indiscutible?

Amparado en el enorme desgaste realizado para eliminar al Sevilla, el Athletic se acurrucó a la espera de que el Barça le ganara por aplastamiento. Afónicos de tanto rugir en la Copa, los de Caparrós se mostraron dóciles con el balón

Guardiola salió con siete canteranos en su once titular, un modelo mixto que al Barça le permite aspirar a todo sin renunciar a esa identidad de la que tanto se alardea en Bilbao y un entorno que, aún bajo los efectos del síndrome de San Mamés, se deshace en elogios.

Mientras Guardiola sólo repitió cuatro jugadores con respecto a las semifinales de Copa y sacó el tridente, Caparrós alineó a ocho de los héroes de San Mamés.

Con el Athletic cerrado como una almeja, el Barça imprimió mucho ritmo al partido. Recuperada la sociedad Xavi-Iniesta al centro del campo del Barça, no sólo la posesión era arrolladora, sino que el balón volvía a moverse con criterio. Fernando Llorente, otro pedazo futbolista que a punto estuvo de echar a perder Clemente, esperaba algún perdido, aunque la primera ocasión del Athletic fue para Yeste, que marró ante Valdés.

Busquets le ganó la posición a Gurpegui, improvisado central en ausencia de Aitor Ocio, y arreó un cabezazo. El propio Gurpegui sería protagonista en el penalti sobre Iniesta y el posterior gol de Messi. El argentino también notó la presencia de Xavi e Iniesta a su espalda y en ausencia de Alves,se ató el balón a la bota y campó a sus anchas por la banda derecha.

Con la excusa del desgaste físico y la resaca copera, Caparrós no aprovechó las pistas que habían dado otros equipos sobre cómo jugarle al Barça. El sevillano planteó el típico partido que el Barça tarde o temprano tarda por ganar. El Barça de Guardiola se ha hecho merecedor de todo tipo de elogios por su fútbol posicional con y sin balón. Lo primero es relativamente sencillo para unos futbolistas de la calidad técnica.

Ahora bien, el gran mérito de Guardiola ha sido y lo volverá a ser la actitud y el rigor colectivo cuando pierden la pelota. Cierto que el Barça había dejado de presionar tan arriba como lo hacía. La explicación la ofreció Tito Vilanova, mano derecha de Pep en el banquillo y portavoz fuera de él: los rivales evitan la salida desde atrás con balones largos.

En la segunda parte el Barça volvió a ser el rodillo que hasta hace muy poco solía. Iniesta, Etoo, Messi, Etoo, Piqué, Henry, Puyol, Henry, otra vez Etoo... El camerunés, que lleva el gol escrito en la frente, lo intentó de todas las formas, pero no marcó. Los palos, Iraizoz y algún defensa del Athletic que estaba por allí evitaron una goleada del escándalo, aunque no el regreso del fútbol y del triunfo a un Barça que tiene al Madrid a seis puntos.

La alegría por volver a jugar una final copera 24 años después puede despistar a un equipo que en Liga sigue lo suficientemente lejos del descenso como para confiarse, pero lo suficientemente cerca como para meterse en un lío que en mayo puede chirriar.