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Iniesta no debe ser obsesión

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Andrés Iniesta, el futbolista diferente, va a resultar determinante en este Mundial. Por sus botas pasan muchas de las aspiraciones de nuestro país. Su talento, su aportación en momentos importantes de la selección, es incuestionable. Es un titular fijo y su conexión con Xavi es seguramente el principal aval del optimismo de muchos es-pañoles. El estilo son ellos.

Dicho esto, no hace falta recordar que un Mundial son siete partidos y, aunque el primero es determinante para medir el momento, lo acertado de los presagios, la reivindicación de una manera de jugar y sentir, además del choque de bruces con la realidad futbolística, no es menos cierto que si para algo no sirve el primer partido es para arriesgar a los jugadores más importantes. Tuvimos un buen ejemplo ayer en Costa de Marfil y Didier Drogba. El delantero e indiscutible mejor jugador africano no entró en el once inicial. Si hay que asumir riesgos, deben tener que ver con una necesidad perentoria o con un partido que se tuerce, pero lo creíble de esta España es su plan B, su extenso fondo de armario.

Si no está Andrés, ahí están Mata, Pedro o Navas, cada uno en su estilo

Si no está Iniesta, baja importante, tenemos a Mata, Pedro o Navas, cada uno en su estilo. Pueden aportar otras cosas al equipo. Mata tiene más gol; Pedro, más trabajo; Jesús Navas, más verticalidad.

Iniesta es un jugador trascendental, pero la grandeza de esta selección está precisamente en no echar de menos a nadie. Villa nos faltó en la final de la Eurocopa y apareció la mejor versión de Fernando Torres. Siempre he tenido la teoría de que en Españase ve a los jugadores por el color de las camisetas de sus clubes. Pocos parecen dimensionar la baja de Torres, el mejor delantero español, el más popular en Suráfrica, por jugar en el Liverpool.

No me extrañaría nada que Andrés Iniesta y Fernando Torres empiecen hoy como suplentes el Mundial y acaben siendo los dos jugadores más determinantes del equipo. Con permiso de Xavi, claro está.