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Intercambio de libretos

El Madrid, que mereció ganar, desarma al Barça secuestrándole el balón y éste le iguala con mucha pegada

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Un partido de contrastes insospechados arrojó un empate en el primer combate de esta Supercopa. El Madrid tuvo la pelota y el Barça la pegada. Un cambio de papeles tan inesperado como llamativo. Se robaron las identidades uno y otro. El Madrid jugó mejor, pero el Barça pegó con más acierto. Con una puesta en escena muy estudiada por Mourinho, el Madrid se hizo con el partido desde el primer minuto. El mismo once del 5-0 como anuncio de revancha. También con un punto de psicología redentora. La hierba corta y húmeda. Una señal de valentía contra lo que se vio el año pasado. Y la presión arriba. Amenazante. Sin ningún movimiento especulativo. Incluso inteligente.

Ese agobio al pase atrás del Barça para evitar su volver a empezar mareante que tanto suele desesperar y descolocar a sus rivales genera dudas y desconcentra. Esa manera de presionar, si sale bien, hace daño, porque se recupera el balón de frente y en carrera hacia la portería contraria. Y en esas condiciones, el Madrid es dinamita por las piernas de Cristiano, de Di María, de Benzema y el talento agudo de Özil.

La puesta en escena del Madrid fue ambiciosa, sin complejos  

Con esos argumentos, el Madrid le quitó su alma al Barça. Le dejó sin rondos durante la primera media hora. No se reconoció el campeón de Europa sin la pelota, desarmado porque no podía jugar a lo que le ha engrandecido. Sin Xavi, guardado en el banquillo, había expectación por ver cómo respondía Thiago a la exigencia sin su escolta. Le correspondió asumir la cruda responsabilidad de sostener el estilo. Fue triturado por ese ritmo infernal con el que el Madrid quiso gobernar el partido desde el inicio. De ese fútbol torrencial emergió un cabezazo picado de Benzema que obligó a Valdes a un vuelo salvador. La diferencia entre este Benzema y el de la temporada anterior es que las piernas le funcionan a la velocidad de la cabeza. La jugada del primer gol lo confirma. Una carrera por la banda, con los toques justos y elegantes que requería la situación hasta conectar con Özil.

El alemán también se confió a su tobillo para superar a Valdés. Lo giró al lado contrario al que le marcaba con la mirada al meta. Ofensivamente, la propuesta de Mourinho no es sofisticada, pero es machacona y devastadora cuando la precisión acompaña al exceso de revoluciones.

No existía el Barça. El partido, el esfuerzo y hasta la pelota eran del Madrid. La primera vez en mucho tiempo que el Madrid le arrebataba el monopolio de los tiempos de posesión. Otra señal de esa ambición del Madrid que fue excesivamente castigada con el golazo de Villa. Al primer rondo del Barça, primer gol. Un mazazo. Un palo que a los jugadores del Madrid les costó digerir. No había figurado el Barça y a la primera que encadenó más de cinco pases intencionados empató el partido. Con todo el esfuerzo realizado, con toda la seguridad que destilaba, el Madrid vio que una secuencia cadenciosa y estética le derrumbaba. La curva que dibujó el disparo de Villa silenció el Bernabéu. También vio el Madrid que un error atrás le condenaba a irse al descanso maldiciendo las injusticias del marcador.

El tanto de Villa castigó en exceso
a los de Mou: primer rondo, primer gol 

Messi sólo apareció en todo el primer tiempo para marcar. El Barça le robó la pegada al Madrid, como antes el Madrid le había secuestrado los rondos. Quizá echó en falta el libreto de Mourinho una propuesta que contenga más velocidades. Una idea de juego que no contemple sólo triturar al rival, sino también masticarlo. Quizá llevado por la euforia del gol de Özil, por el ambiente, por el deseo de devolver afrentas y dar un golpe de autoridad, no contemplaron los jugadores blancos la pausa. Su entrenador se fue al vestuario ligeramente disgustado. Casillas, que se arrancó las vendas de las muñecas camino del vestuario, era otro reflejo de esa impotencia.

Con el marcador en contra, estaba por ver cómo reaccionaría el Madrid. Cómo se repondría a ese golpe que no esperaba. Sus miedos hubieran tenido la lógica de recuerdos recientes. Con muy poco, el Barça le había hecho mucho daño.

No varió el Madrid su propuesta en el segundo tiempo. Jugó a toda mecha con la épica como envoltorio. En ese paisaje se desenvuelve muy bien. Así que apabulló al Barça con las mismas armas. No dejó que al Barça le corriera la pelota. Lo arrinconó, lo presionó y lo zarandeó con ese fútbol que parece nacerle del páncreas. Un juego visceral que enciende al Bernabéu. El gol del empate se produjo en medio de esa descarga. Xabi Alonso recogió un pase de Pepe en la frontal del área tras un saque de esquina.

Sin Xavi, Thiago
fue triturado por
el ritmo vertiginoso de los blancos

El Barça lo pasó mal porque no tenía la pelota y porque la defensa se le desmoronaba a cada embestida blanca. En la alineación que dispuso ayer Guardiola faltaban tantos aditivos futbolísticos como psicológicos. Faltaba jerarquía y lo que tenía enfrente lo requería. Más con Messi e Iniesta desaparecidos. Alexis también enseñó muy poco, aunque fue el más revoltoso cuando su equipo peor lo pasó en el primer tiempo.

En el Madrid tampoco apareció Cristiano con la rotundidad que se le espera. Rompió en alguna ocasión en velocidad, pero no fue una amenaza continua como se le demandaba. Le faltó esa pegada que sí tuvo Messi.

2 - Real Madrid: Casillas; Ramos, Pepe, Carvalho, Marcelo; Xabi Alonso, Khedira (Callejón, m. 57); Di María (Coentrao, m. 51), Özil, Cristiano; y Benzema (Higuaín, m. 80).

2 - Barcelona: Valdés; Alves, Mascherano, Abidal, Adriano (Piqué, m. 61); Iniesta, Keita, Thiago (Xavi, m. 57); Alexis, Messi y Villa (Pedro, m. 73).

Goles: 1-0. M. 13. Benzema recibe un balón en carrera por la derecha, alcanza el pico del área y asiste a Özil para que marque con un toque suave. 1-1. M. 35 Villa cuela por la escuadra un derechazo cruzado tras una gran jugada del Barça. 1-2. M. 45. Messi se aprovecha de la falta de entendimiento de Pepe y Khedira para marcar. 2-2. M. 53. Xabi Alonso, de tiro raso desde la frontal del área.

Árbitro: Teixeira. Amarillas a Khedira, Aléxis, Xabi Alonso y Coentrao

Bernabéu: 79.000 espectadores.