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Javier Fernández: "Se puede comer turrón y ser campeón del mundo"

ENTREVISTA. El rey del patinaje mundial ha vuelto a casa por Navidad, como decía aquel anuncio. Pese a ser idolatrado en todo el mundo es fiel a su barrio de Cuatro Vientos: "No lo cambiaría por nada". Este jueves dará una exhibición en Vistalegre.

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Javier Fernández compitiendo en el Grand Prix el pasado día 10. /REUTERS

MADRID.- En él, Javier Fernandez (Madrid, 1991) es como si uno viese a Billy Eliot: el muchacho de barrio con un talento descomunal, inexplicable. Hoy, a los 25 años, en su biografía figura el mundo entero. Miles de aeropuertos y billetes de avión. Ovaciones en idiomas que no hablaremos nunca. El comprensible deseo de la perfección. La extraña felicidad del emigrante. La nieve de Toronto. El regreso a casa por Navidad donde también le ha recibido ese turrón del blando que le gusta tanto. La sensación de volver a la infancia y de recuperar emociones que él, doble campeón del mundo de patinaje 2015 y 2016, no olvida nunca.

De ahí el poder de esta conversación que no sólo retrata a Javier Fernández. También retrata su vida a las diez de la noche, en pleno día de Navidad nada más terminar de trabajar y de salir de la pista. Pero su mundo es así. Este jueves liderará en el Palacio de Vistalegre un show, ‘Revolution on ice’, que mezclará patinaje y música en directo como nunca se vio en España. "Va a estar muy bien", promete él, un hombre distinto y acaso una garantía de por vida. "A veces, me pregunto si no me estoy haciendo viejo".

Pregunta. Su representante dice cuando habla de usted, "esto son las 24 horas"

Respuesta. No hay duda. Mi vida tiene que ser así. No puedo dejar de estar activo. Si paro una semana luego necesito meses para recuperar, porque este deporte es así, cuesta mucho ganar lo que luego pierdes con demasiada facilidad.

Es lo más ingrato del deporte. No hay remedio para eso

Correcto. Pero uno ya cuenta con eso. Es parte de mi trabajo. Por eso en invierno las vacaciones son muy relativas y no las imagino de otra manera. No puedo parar. Pero cuando llega el verano claro que me tomo tres o cuatro semanas y me voy a la playa a disfrutar del sol en la costa de Almería, porque eso también es vida.

¿Podría ser igual su vida con una sinfonía de Walt Disney?

Sería más complicado. No voy a decir que fuese imposible, pero yo expreso otro estilo, represento a un personaje, no a un dibujo animado. Sin ser imposible, no se me ocurre ni siquiera pensar como podría ser.

¿Cuánto de real y cuánto de personaje hay en usted?

"Lo mío es como tener dos vidas separadas; una, dentro del hielo o de la coreografía, donde uno no se cansa nunca de buscar la perfección, y otra en la vida diaria"

He aprendido que lo mío es como tener dos vidas separadas; una, dentro del hielo o de la coreografía, donde uno no se cansa nunca de buscar la perfección, y otra en la vida diaria, donde soy un hombre normal. No me imagino ir por la calle haciendo de Charlie Chaplin.

Chaplin decía: "A fin de cuentas, todo es un chiste"

Sí, pero no, yo soy una persona normal. Por eso respecto a lo que me preguntaba antes usted imagino que en mí todo ha de ser real una vez que dejo de trabajar. No quiero ser diferente a nadie.

¿Ser deportista de élite no lo cambia todo, en realidad?

No tiene por qué. Es lo que le digo. Hay otra vida en la que uno se sienta a la mesa en Navidad con su familia y puede hasta comer turrón, sobre todo del blando, que es el que más me gusta y, por cierto, es el que nadie de la familia toca resulta que queda todo para mí… (risas)

¿Qué siente cuando vuelve al barrio de Cuatro Vientos? ¿No se le quedó pequeño?

"Yo no cambiaría mi barrio por nada"

No, de ninguna manera. Aquí está mi barrio de pequeñito, mi infancia, mi ‘Cuéntame’; aquí es donde me he criado, donde está la gente que conozco, la panadería a la que mi madre me mandaba a comprar el pan, el colegio de la Dehesa del Príncipe en el que estudié, el campo en el que jugaba al fútbol y mis amigos. Sobre todo, mis amigos...

Entonces es verdad lo que decían en ‘El Mago de Oz’, “se está mejor en casa que en ningún otro sitio”, incluso para alguien tan idolatrado como usted

Pero no le quepa la menor duda: yo no cambiaría mi barrio por nada… Nací aquí, me crié aquí, supe lo que era la vida aquí...

¿Qué fue de sus amigos de la infancia?

Cada uno tiene la vida que ha elegido y en general no les va mal… Aquí, como nos criamos en un barrio militar, hay algunos que están en el Ejército, incluso uno en la Brigada Paracaidista. Pero también tengo a un amigo que terminó ingeniería, porque, en general, la mayoría ha tenido la posibilidad de elegir lo que quería hacer con su vida.

En esa vida usted interpreta ‘We are the world’

Sí, si se quiere ver así, sí. Pero eso tampoco significa que yo sea especial y ni siquiera que tenga más mérito que ninguno de ellos, sino que mi profesión es así y que me ha permitido ser campeón del mundo. Hay otros trabajos que no ofrecen esa posibilidad. ¿Quién dice que yo no pueda tener a un amigo que sea el mejor abogado del mundo? Pero... ¿cómo se demuestra eso? 

¿Ser el mejor del mundo no es una locura?

Bueno, es una de las posibilidades que existen en la vida del deportista y que se ha dado en la mía. Y sí es maravilloso, sí, claro. Si lo consigues tienes la oportunidad de representar a tu país y de viajar por el mundo..., aunque, eso sí, al terminar el año y hacer recuento, te preguntas ‘¿cuántos de esos viajes fueron de placer?’ y no sale casi ninguno. Pero no pasa nada. Es la vida que elegí.

¿Sabe el precio de un billete de avión?

"El dolor es lo que acarrea el rendimiento, entrenar a diario, el estrés, el estar fuera de casa"

Sí, claro, porque cuando me voy de vacaciones me los saco yo... Nadie lo hace por mí. Pero claro que lo sabes como sabes cuales son las ciudades del mundo más caras y cuales no lo son tanto..., viajar también te da eso... No sólo es parte de mi trabajo. También intento saber lo que pasa, el mundo en el que me muevo...

El deportista de elite es un adicto al dolor, casi un viejo prematuro. ¿Cómo es su dolor?

El dolor es lo que acarrea el rendimiento, entrenar a diario, el estrés, el estar fuera de casa…, una rutina que sabes que te acabará pasando factura y que claro que te hace preguntarte: ‘¿no me estaré haciendo viejo?’ Y entonces me recuerdo a mí mismo que, a los 25 años, ya no recupero como a los 18, pero…

¿Se siente viejo?

"Sé que en el patinaje no se suele llegar más allá de los 27 o 28 años y que yo ya soy de los más veteranos. Pero no me preocupa, porque sigo haciendo esto porque me gusta"

No, viejo no; realista, sí. Sé que en el patinaje no se suele llegar más allá de los 27 o 28 años y que yo ya soy de los más veteranos. No me lo tiene que recordar nadie porque yo sé que está ahí y que el tiempo pasa. Pero no me preocupa, porque sigo haciendo esto porque me gusta.

¿Entonces tiene ya la vida resuelta?

No, resuelta no, pero sí me han salido facilidades para tener proyectos. Puedo ser entrenador, puedo crear eventos y podré hacer más cosas. Pero eso no significa que en el futuro no me lo vaya a tener que currar, porque no, mi vida, a día de hoy, no está resuelta.

¿Qué es para usted una obra maestra?

"En cualquier parte se puede encontrar una obra maestra"

He llegado a la conclusión de que en cualquier parte se puede encontrar una obra maestra, en la calle, en una persona cualquiera, hasta en el momento más inesperado. ¿Qué diseñador de coches, por ejemplo, se conforma con ser como los demás? Hasta en un restaurante hay cocineros que no dejan de inventar y uno lo ve en los platos...

Hasta yo mismo en esta entrevista...

No esperaba estas preguntas, no.

Podría preguntarle cuál es la obra maestra de su madre, cartera de Correos, repartidora de cartas

La dedicación. Sobre todo, la dedicación, porque ella, como mi padre, tiene esa prioridad. Por eso sé que lo que haga siempre lo hará bien: ella nos decía a mi hermana, que está a punto de terminar Enfermería, y a mí, ‘no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy’, y no hay día que no me acuerde de esa frase porque es así.

¿Qué más le pueden enseñar a usted sus padres?

"A los 25 años, a mí me queda demasiado por aprender y una buena forma de hacerlo es escuchar a mis padres"

Han vivido mucha más vida que yo. A los 25 años, a mí me queda demasiado por aprender y una buena forma de hacerlo es escuchar. Sobre todo, escuchar a mis padres que están ahí y que no han necesitado ser campeones del mundo para que sean mis héroes. Mi padre, por ejemplo, es mi héroe.

¿Y si usted no fuese campeón del mundo?

"En Toronto me desplazo a entrenar en autobús, en bicicleta o andando o, si acaso, me lleva algún amigo como me pasa cuando vuelvo a casa"

No pasaría nada. Creo que honestamente sería la misma persona. Viviría normal, viviría humilde y si no tuviese para lujos no pasaría nada, porque tampoco me los doy ahora. No tengo ni coche; en Toronto me desplazo a entrenar en autobús, en bicicleta o andando o, si acaso, me lleva algún amigo como me pasa cuando vuelvo a casa… Me marché de aquí a los 17 años y cuando vuelvo me da pereza ponerme a hacer tests para sacarme el carnet de conducir… No me veo.

¿Y entonces ese sueño dorado de conducir un Porsche?

Bueno, yo es que nunca lo tuve.

¿En la intimidad también es usted campeón del mundo?

No, no creo. Pero intento conservar mi manera de ser. La forma de ser es lo más importante que tenemos. Mañana podré ganar o perder, pero mi manera de ser no cambiará. Seguiré apreciando la vida, viviendo cada detalle, volviendo a casa, comiendo turrón del blando, dándome ese pequeño caprichito.

El otro día escuché a un entrenador decir: "No me gustan los héroes"

Pero depende el significado que demos a esa palabra. Yo ya le he hablado de mi padre. Para mí, nunca dejará de ser mi héroe. Pero no sólo eso, sino que ¿a quién no se le ocurre ver como un héroe a un bombero que para salvar la vida de los demás ha arriesgado su vida? Para mí, sí, para mí esos sí son héroes.

¿Y Cristiano Ronaldo?

No le conozco, pero sí me parece que es un hombre que está muy dedicado a su trabajo. Ahora bien, de ahí a que sea un héroe…, no lo sé, prefiero ser muy cuidadoso con el significado de la palabra héroe…

¿Nunca le acusaron a usted de ser un héroe?

No, a lo sumo, pionero (risas)

Muy literaria su vida

No. Muy realista, creo. En mí todo es y ha sido real como decía antes. Me fui a los 17 años de casa y he sabido lograrlo. Ahora pienso que mi historia puede inspirar a otros jóvenes a buscar sus sueños...

Ha sacado su propia autobiografía 'Bailando el hielo'. ¿Acostumbra a leer mucho usted?

No tanto. Creo que debería hacerlo más, pero esto va por épocas. Ahora veo más películas, mire la última que acabo de ver, la de Los mercenarios, me ha gustado, está bien... Ahora, tengo que ir a por la próxima...

Y las verá en inglés, claro...

Podría hacerlo, pero no. Prefiero que sea en español porque las disfruto más. No sé, es como otra sensación, cosas de uno.