Publicado: 21.08.2015 22:19 |Actualizado: 22.08.2015 11:03

De la ansiedad a los JJOO

Javi Guerra, decimotercer clasificado en el maratón del Mundial de Atletismo, cumple sus aspiraciones en Pekín. Se clasifica para los Juegos de Río e impone su nuevo perfil de maratoniano, el hombre que corre sin reloj y perdió el miedo a volar. “He aprendido a desdramatizar”.

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El atleta español Javier Guerra, al finalizar la prueba de maratón, en el Campeonato del Mundo de Atletismo, en Pekín, en la que quedó decimotercero. EFE/Lavandeira jr

El atleta español Javier Guerra, al finalizar la prueba de maratón, en el Campeonato del Mundo de Atletismo, en Pekín, en la que quedó decimotercero. EFE/Lavandeira jr

MADRID.-“No seas como fui yo. No le des tanta importancia a las cosas. Tienes que desdramatizar”. En los peores momentos, Javi Guerra (Segovia, 1983) siempre se acuerda de aquel consejo que hasta hace años Paco, su padre, le repetía como una tortura. Pero ya hace años que aquellos tiempos pasaron de moda en la vida de Javi, que esta madrugada volvió a triunfar en el maratón del Mundial de Pekín.

El resultado, realista, le agradeció su trabajo con la decimotercera posición que le clasifica ya para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. No fue un puesto cinematográfico, pero sí admirable en estos tiempos en los que los europeos apenas pueden aspirar a más. Ganó un eritreo de 19 años, Ghbreselassie, que corrió cuatro minutos por debajo de Javi Guerra, 2 horas, 16 minutos y 59 segundos. Un día más supo administrarse a su manera sin necesidad de reloj ni de GPS en estos tiempos tan modernos. “Admito que es una rareza, sí, pero a mí me va bien”.



Fue su triunfo, el triunfo de un atleta que parece hecho de hielo en el maratón. Los 12 últimos kilómetros se dedicó a recoger cadáveres hasta avanzar a esa decimotercera posición que radiografía su nueva vida. Nada que ver con aquellos años en la pista en los que la ansiedad casi siempre podía con él.

El atleta español Javier Guerra, al finalizar la prueba de maratón, en el Campeonato del Mundo de Atletismo, en Pekín. EFE/Lavandeira jr

Sus resultados no reflejaban sus entrenamientos, culpa de la genética, quizá, porque a su padre Paco, viejo atleta en los noventa, también le pasaba. Pero la diferencia es que Paco que, pese a todo, llegó a ser internacional a los 40, confiaba en una solución para su hijo. “Tú eres demasiado joven”, le decía, “y no podemos resignarnos. Tienes que convencerte de que puedes y de que tienes esa fortaleza. Tienes miedo y no tienes sentido que tengas miedo”.

Sin embargo, hoy aquellos días ya están enterrados en la vieja hemeroteca de la familia, donde descansa el pasado. “Cuando lo recibí en 2008 me encontré un muchacho miedoso que te hablaba de sus problemas y que ni siquiera te preguntaba ‘¿cuál es la solución?’”, explica su actual entrenador Antonio Serrano, que le propuso un nuevo libro de ruta: el maratón. “En realidad, esperamos unos años hasta que vimos que en la pista no tenía demasiado remedio. Corría un 10.000, la primera parte en 14’00” y en la segunda se iba a 28’40”, y eso no era normal. Así que le convencí para pasar al maratón. Al principio, le sonó extraño, pero desde la primavera de 2013, cuando fue campeón de España en A Coruña, su vida atlética es otra cosa”

Regreso a Segovia

Ayer, Pekín volvió a darle la razón, a manifestar un atleta seguro y sin impaciencias. El calor, próximo a los 30 grados, fue abusivo, pero Javi Guerra, el hombre que descubrió que no podía seguir viviendo en la residencia Blume de Madrid, se defendió como un titán. “Tenía que hacer mi carrera, no la de nadie más”. Y como en el Mundial de Moscú 2013 o en el Europeo de Zurich 2014, Guerra llegó a meta, donde se respetaron sus aspiraciones. Algo que siempre pasa desde que se hizo maratoniano.

“El maratón ha cambiado mi vida, pero yo también supe cambiar. Volví a vivir a Segovia con mi novia y ya sólo bajó a Madrid los días de series con mi entrenador”. También se fío de la figura del psicólogo. “Nos olvidamos de los prejuicios”, explica Serrano. “Le convencí de que era una herramienta más de trabajo para nosotros”.

A partir de ahí hablan los resultados de un atleta, de 31 años, que no batalla frente a lo imposible, porque los tiempos han cambiado. Ya no es como en el 95, el 97 o el 99 cuando Fiz y Antón fueron campeones del mundo. Ahora, son tiempos más realistas en los que una decimotercera posición en un Mundial no está al alcance de casi ningún maratoniano europeo.

Pero ahí está Javi Guerra, educado y feliz, que pudo ser el único atleta que corrió sin reloj el maratón. No fue una locura, sino una costumbre suya que tal vez refleja su dominio mental sobre la distancia. La ansiedad ya pasó a mejor vida.

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