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Jordi Alba saca la sonrisa a Emery

El Valencia, en un mal partido, gana a última hora al Zaragoza

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Como en la novela de Blasco Ibáñez, Cañas y barro, el Valencia intenta ganarle tierra firme a la albufera, ponerle cimiento a lo que en las últimas semanas no ha sido más que ciénaga y fango resbaladizo. Eran siete partidos en los que el equipo levantino no se había echado una victoria al gaznate, demasiado para unas de las plantillas con más caché del panorama nacional. La mejor noticia para ellos fue el triunfo con ese gol de picardía de Jordi Alba en el tramo final. Tampoco es que anden mucho mejor las cosas por el Ebro. Escaldado después de la contundente derrota en Pamplona, el encuentro de ayer servía de expiación de los errores cometidos en Navarra.

Pues bien, ni uno ni otro cumplieron con sus objetivos con la cita de ayer. Uno se ocupa y preocupa en primer lugar de lo que planea el otro y viceversa. Esa fórmula suele dar como resultado un tostón de proporciones gigantescas. No hubo valentía, atrevimiento. La precaución fue la norma general que aplicaron ambos equipos como premisa indispensable.

Qué otra cosa se puede contar de unos primeros 45 minutos en los que entre 20 jugadores de campo no consiguieron darle a la estadística un tiro entre los palos. Nada. La bruma del Ebro y del Turia se condensó encima de la Romareda en esos tres cuartos de hora.

Al Valencia le cuesta dar con una noche en la que Banega se muestre en toda su dimensión. Algo no casa ahí. Su posición exige algo más de jerarquía, de ponerle melodía a lo que sólo es un ruido infernal. Sin embargo, su tendencia es a pedir su inclusión en ese club de los 'se dejaba llevar'. Emery le dio una nueva oportunidad a Parejo para engancharse al equipo, pero al descanso ya lo tenía en la caseta.

La lectura optimista de una puesta en escena tan pobre es que el segundo acto por narices tiene que ser mejor. Lo fue. Para empezar después de 49 minutos se produjo el primer lanzamiento a puerta de Banega en una falta. El argentino se electrificó y eso lo agradeció al momento su equipo. La fuente de energía de este Valencia es evidente. Soldado tuvo el gol en una bonita chilena.

El Zaragoza no quiso irse sin nada que regalar a la grada y metió algo de chispa con la entrada de Juan Carlos, pero la sensación era que el Valencia tenía el partido en la mano. Un gol raro puso el epílogo a un partido de lo más enmarañado.