Publicado: 19.01.2014 08:00 |Actualizado: 19.01.2014 08:00

Juanfran: "El fútbol me quitó las tijeras de las manos"

Tiene el título oficial de peluquero. "Los profesores decían que tenía buena mano para el corte de caballero". Pero la semana pasada cumplió veinte años de futbolista profesional

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A los 37 años, no existe fecha de caducidad para Juanfran (Valencia, 1976), el lateral izquierdo del Levante que acaba de cumplir veinte años de futbolista profesional. Ha jugado en medio mundo: Valencia, Celta, Besiktas, Ajax, Zaragoza, AEK Atenas... Ha cruzado varias generaciones, desde Figo hasta Zidane pasando por Piojo López, Romario, Beckham... Pero su motivación continúa fiel a un hombre que, de adolescente, iba para peluquero. "De hecho, tengo el título profesional". Pero fue el balón el que le quitó las tijeras de las manos y, entre otras cosas, le ofreció oportunidades grandiosas como jugar el Mundial de Corea y Japón 2002. Entonces fue el lateral izquierdo titular de España. "No he hecho nada más grande en mi vida", recuerda.

Acaba de cumplir 20 años de futbolista profesional y ha renovado por más. A este paso, va a llegar a los 67 que pide el Gobierno para jubilarse.

Bueno, sí, nunca se sabe (risas).... Pero no, sinceramente, a estas alturas de mi vida, tengo que guiarme por el día a día. Necesito escuchar a mi motivación, oler el césped y ser feliz, entrar en un vestuario y sentirme como en casa y, de momento, es así.

Pues en estos tiempos es difícil durar tanto tiempo haciendo un mismo trabajo. La gente se cansa de uno. ¿Cómo lo hace usted?

He aprendido a cambiar, a aceptar cada etapa de mi vida, porque la vida son etapas. Si aceptas lo que te pide cada una, puedes estar ahí. Yo, por ejemplo, ya no puedo ser el futbolista que era al principio. Entonces había días en los que corría como un pollo sin cabeza. Subía 17 veces la banda y, a lo mejor, de las 17, sólo tres valían la pena. Ahora me niego a hacer eso, porque ya no puedo. Pero, a cambio, tengo la experiencia que me ayuda a seleccionar lo que debo hacer.  

Entonces es factible llegar hasta los 67 años. Sería fascinante.

No, hombre, no. Yo no digo eso. No creo que pueda. La edad siempre está ahí y yo ya tengo una edad. Son 37 años. No puedo ser ajeno. Sé que cada temporada que pasa es una menos. Ante eso, mi mecanismo de defensa es la motivación, que me pide valorar esto como el primer día y, de momento, no hay problema, porque soy un amante del fútbol. Sé que este deporte me lo ha dado todo y que gracias a él, a mis hijas no les falta de nada. Eso me ayuda a compensar los días en los que veo algo malo. Entonces, en vez  de  atosigarme, he aprendido a disfrutar de las alternativas que tengo para olvidarme...

¿Y cómo lo hace?

Yo no necesito más que una sonrisa de cualquiera de mis hijas, que tienen tres y seis años. Para mí, eso lo repara todo y me recuerda que cualquier sacrificio que haga por ellas es poco. No sé como lo hará la gente que no tiene hijos. Me resulta difícil de entender, porque para mí los hijos lo son todo. Quizá porque me quiero parecer a mi padre, que fue un ejemplo para mí, y ahora yo trato de serlo para ellas. Y sé que no es fácil estar a la altura de mi padre.

Pero usted ha mejorado a su padre. Al menos, su posición social, su patrimonio, su calidad de vida, seguramente.

No, yo nunca mejoraré a mi padre. Es un hombre que trabajaba por las noches, con lo que desgasta eso, y luego nosotros, que éramos niños, no nos dábamos cuenta y armábamos ruido por las mañanas, porque mi madre se iba a trabajar, y no le dejábamos dormir. Pero él nunca nos mandaba con los abuelos, porque decía que los niños son para  los padres. Y ahora me doy cuenta del valor que tenía eso en un hombre que trabajó muy duro y que me convenció de que uno tiene que trabajar en la vida, de que nada de lo que te pasa es por casualidad. 'Aquí nadie te va a regalar un coche, te va a montar una casa...', me decía. 'Tienes que ser tú...'.

Jesé, el futbolista del Madrid, pidió a su padre que tramitase los papeles de la jubilación nada más firmar su primer contrato profesional.

No, no ha sido mi caso. Mis padres nunca me lo hubieran permitido. No va con sus valores de vida y, además, siempre me hubiesen recordado que yo tengo dos hijas que están a mi cargo y eso es mucha responsabilidad, muchos gastos... Otra cosa es que yo haya tratado de ayudar a mis padres en lo que he podido, pero ellos... Para ellos, la felicidad está en llegar a mi casa y dar un beso a mis hijas. Antes me lo daban a mí (risas), pero, claro, las cosas cambian... 

Las cosas cambian tanto que usted iba para peluquero, Juanfran.

De hecho, soy peluquero. Estudié los tres años que hacen falta para sacarse el título, porque cuando pasé al Instituto comprobé que los estudios no eran para mí. En EGB siempre había ido bien, pero a partir de ahí no había manera... Mis padres me dijeron que no podía quedarme en casa y que debía buscar una solución. Y, de repente, un día veo en  el buzón unos folletos en los que se imparten cursos de peluquería y decidí matricularme.

¿Hubiera sido posible ser tan feliz de peluquero como de futbolista?

Sinceramente, no lo sé, no puedo contestar a esa pregunta. Nunca ejercí, pero los profesores decían que para el corte de caballero tenía buena mano.

¿Ha sido una frustración no ejercer de peluquero?

Bueno, en el Mundial de Corea 2002 cortaba el pelo a los compañeros y en bastantes equipos de los que he estado, Levante, Valencia... lo he hecho. Y, en cualquier caso, no creo que haya sido una frustración, porque me he dedicado a una profesión como la de futbolista que amo totalmente. La vida me ofreció conocerla y me quito las tijeras de las manos. Pero no puedo reprocharlo. Al contrario. Supe aprovechar la oportunidad.

El futbolista prolonga su infancia indefinidamente.

Sí, claro. De niño, yo pegaba patadas a todo lo que veía, fuese una lata de Coca Cola, una naranja o un balón, así que dedicarme durante veinte años a esto no tiene precio. Porque, además, es una profesión tan privilegiada que no es fácil hacerte un sitio. Si no crees en ti, no te vale para nada tu talento. Si no aceptas esta vida desde el principio, no puede ser. Yo me acuerdo cuando era adolescente y nadie me garantizaba que pudiese llegar. Yo no podía salir por las noches y a lo mejor tuve alguna novia que no lo entendía. Pero en su momento supe privarme de lo que me apetecía y aquí estoy, veinte años después.

Su mérito estuvo en la dificultad. Hubiera sido más fácil ser peluquero.

Una vez que conseguí el título, sin ninguna duda. Hubiera encontrado un trabajo y quién sabe si después hubiese ahorrado para montar mi propia peluquería. Pero el fútbol me tendió la mano y después he sido yo el que he aceptado sus reglas. Es verdad que he recorrido mucho mundo y que ahora todo parece maravilloso. He jugado un Mundial con España. He estado en Grecia, Turquía, Holanda... donde he podido hacerlo mejor o peor, pero creo que en todas partes dejé mi sello. Siempre me he dejado todo en el campo. Nadie me ha podido poner nunca la cara roja.

Las mejores entrevistas con usted se las ha hecho Cayetano Ros en El País. A este hombre le dijo una vez: "El futbolista que no se vea un privilegiado es mala persona". ¿Sigue diciéndolo?

Creo que es obvio. Y lo digo yo, que soy un currante del fútbol. Pero es que es así. ¿Qué profesión te permite ganar lo que gana un futbolista de Primera? Es verdad que nos demanda mucho. Vivimos por y para el fútbol. Pero es algo que el fútbol te devuelve con unos sueldos, con una repercusión, con unas posibilidades que todos sabemos que en otras profesiones no existen. A mi edad, se da más valor si cabe a las cosas.

Entonces usted ha sabido alejarse sin problema de la vanidad.

Creo que sí. Creo que soy el mismo que ayer. Mi patrimonio cambió, mi forma de ser no. Sigo yendo al mismo bar a tomarme unas patatas bravas que iba cuando tenía 17 años y no tenía un duro. En realidad, el fútbol cambió más de lo que lo he hecho yo en estos veinte años. Mis amigos son los mismos que tenía en Sexto o Séptimo de EGB y, si se me olvida la fecha de cumpleaños de cualquiera de ellos, porque tengo una pésima memoria, ya los hay que me fríen a llamadas para recordármelo, porque esa llamada es sagrada. Y la hago, ¿cómo no la voy a hacer? ¿Qué me diferencia a mí de nadie? Sólo el privilegio de ser futbolista...