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"Juanito hace daño"

Edurne avisa: "Hay gente que ahora se lo va a pensar antes de ayudar en un rescate"

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En julio de 2004, Edurne Pasaban y Juanito Oiarzabal compartieron dolor y gloria en un dramático ascenso al K2 (8.611 metros). La montaña salvaje se cobró una elevada factura: el vitoriano perdió todos los dedos de los pies y a la guipuzcoana le amputaron dos, en ambos casos por congelación. Siete años después, las descarnadas acusaciones de Oiarzabal contra Pasaban tras ser rescatado en el Lhotse amenazan con hacer añicos la labor de divulgación de este deporte abanderado principalmente por ellos.

Tras no poder coronar el Everest (8.848 m.) sin oxígeno, Edurne regresó ayer a España y se enfrentó a otro reto peliagudo, comparecer en una de las ruedas de prensa más dolorosas para ella. Por eso le tembló la voz al declarar: 'Lo que ha pasado estos días me da dolor, mucho, mucho dolor, porque ni el deporte ni la montaña son así. Estamos dando una imagen muy mala aquí y fuera de nuestro país. El deporte debe transmitir unos valores muy distintos. Esto hace mucho daño al alpinismo español, que no es así'.

'Los españoles tenemos mala fama, siempre estamos con follones'

El pasado miércoles, Oiarzabal, detonante de la bronca, explotó: 'A esta chavala se le ha ido la olla. Cree que ha hecho el rescate mundial y no se meneó del campo base hasta el último momento. Estuvo tocándose las pelotas mientras yo bajaba en un estado lamentable. Sólo ayudó cuando estábamos a 30 minutos de las tiendas, pero como se ha convertido en la princesa del pueblo hay que decirle a todo amén'.

Ayer, Edurne no se lo creía. 'Hemos tenido una buena relación [con Oiarzabal] en el campo base. Estoy alucinada y dolida, pero no por las declaraciones sino por el dolor que provoca en la gente de alrededor que nos quiere', reconoció, de nuevo al borde de las lágrimas.

Antes, la tolosarra dio su versión sobre la fallida expedición al Everest y el polémico rescate del grupo de Oiarzabal: 'Tras 42 días de duro trabajo y buena adaptación a la altura en el campo base (5.400 m.), el meteorólogo nos dijo que el 21 de mayo habría una buena ventana para intentar hacer cumbre. Sin embargo, cuando llegamos al campo 4 (7.400 m.), dos sherpas se pusieron muy enfermos de mal de altura y, además, hacía un viento mucho más fuerte de lo esperado para ascender sin oxígeno. Viendo la situación, volvimos al campo base, dejando arriba las tiendas montadas para volver a intentarlo'.

«Podía haberse hecho de otra forma; si le he molestado, pido perdón»

'Luego supimos de los problemas que tenía la expedición del Lhotse y nos pusimos a coordinar el rescate intentando convencer a alguna de las expediciones comerciales que estaban arriba prosigue Edurne. Estuvimos 48 horas sin dormir, lo que unido al cansancio por el intento de hacer cumbre nos llevo a tomar la decisión de volver a casa. Para nada ponemos el rescate como excusa de la no ascensión al Everest. Fue un factor más'.

Edurne ironizó con lo de 'princesa del pueblo' 'se va a enfadar Belén Esteban', reconoció que 'quizás las cosas se podían haber hecho de otra manera' y acabó conciliadora: 'Si le ha molestado, le pido perdón'.