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Laborable en Bilbao

El Baskonia arrolla al anfitrión gracias a su acierto desde la línea de tres puntos

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A base de mucho ímpetu y pundonor, al Bilbao le alcanzó para llegar con vida al último minuto, aunque no para llevarse la semifinal. No lo mereció por juego, llegó a ir 24 puntos por detrás, pero sí fue un ejemplo de voluntariedad. El último subcampeón de la ACB se tomó muy a pecho su papel de anfitrión y vendió muy cara su derrota ante el Baskonia (88-93).

A falta de 30 segundos y cuando los locales sólo iban cuatro abajo en el marcador, Grimau no cerró bien un rebote defensivo. Seraphim le arrebató aquel trascendental balón y se la ofreció a Heurtel para que este, con una suave bandeja, devolviera una ventaja suficiente al Baskonia. Esta fue la tónica del choque y esta vez sin tiempo para un nuevo arreón del Bilbao. Fue la canasta definitiva.

Oleson destrozó el partido con 23 puntos y un 85% de acierto en triples

Pese a los cincos puntos finales de diferencia, los vitorianos siempre gobernaron con mucha solvencia el partido. Desde el primer cuarto frenaron las salidas rápidas del Bilbao, su mejor aval, y le finiquitaron desde la línea de tres. Los jugadores baskonistas demostraron tener fusiles en lugar de brazos. El anfitrión apretó de salida, pero no pudo contener el tiroteo al que le sometió el Baskonia. Cada desajuste defensivo local era castigado con triples. Y en la mayoría de las ocasiones, el ejecutor fue Oleson. Los vitorianos anotaron 14 de sus primeros 18 tiros y despedazaron a su rival hasta llegar a doblarlo en los inicios del segundo cuarto (20-40).

Oleson tuvo una noche mágica. El escolta de Alaska terminó el partido con 23 puntos y un 85 por ciento desde la línea de tres (6/7). El Baskonia tuvo una fase de baloncesto excelso y de una puntería estratosférica que echó al Bilbao del choque.

El Bilbao llegó con vida al último minuto después de remontar 24 puntos

El buen momento baloncestístico de San Emeterio y la frialdad con la pelota que demostraron tener Pau Ribas y Oleson fueron demasiado para los bilbaínos. Entre los tres manejaron el partido a su antojo y dieron un recital de tiro. Especialmente el americano. En suspensión, fijo, tras un bloqueo, sin posición, el resultado siempre fue el mismo.

Aun así, y en parte porque los visitantes se dejaron llevar, el Bilbao intentó una vez más la proeza. A la espalda de Grimau, los de Katsikaris pusieron lo que les quedaba de corazón para pelear el partido. La grada empujó y los locales creyeron en el triunfo. Pero la muñecas calientes estaban en el otro bando. Bilbao peleó hasta la extenuación para tener una bola extra. Pero cuando la tuvo, nunca acertó con la red del Baskonia. Sí lo hicieron Oleson y San Emeterio, y por eso hoy el Baskonia busca su quinta Supercopa.