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Leire Olaberria: "No me lo imaginaba ni en mis mejores sueños"

La guipuzcoana rompió a llorar al recibir la medalla de bronce en puntuación

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Leire Olaberria lloró hoy como una magdalena en el podio de Pekín tras recibir el bronce de la prueba de puntuación, una medalla que no se imaginaba ganar ni en sus mejores sueños, según relató.

'Desde niña siempre soñaba con estar en unos Juegos y que me saliera algo así. Pero ni en mis mejores sueños me imaginaba que sería así. Me va a costar asimilarlo', afirmó la ciclista guipuzcoana de 31 años.

Pese a la sorpresa, Olaberria confesó que había trabajado duro para preparar los Juegos de Pekín. 'Desde el Mundial, donde hice cuarta, me he ido mentalizando de que podía subir al podio', aseguró la ciclista de vocación tardía, la ganadora de la tercera medalla del ciclismo español en Pekín.

Olaberria confesó que salió al velódromo más tranquila de lo habitual. Ella es nerviosa pero tenía ganas de correr la prueba de Pekín, para la que se había preparado durante mucho tiempo. 'Llevaba tres o cuatro meses esperando, se me ha hecho largo', señaló. Fue sumando puntos desde los primeros sprints y eso le dio tranquilidad. 'A media carrera he tenido que tomar aire porque estaba siendo una prueba muy intensa', dijo.

Luego llegó el momento decisivo, los últimos puntos para repartir y Olaberria sabía que tenía opciones. 'Tenía la intención de entrar en el penúltimo sprint, pero pensé que el último sería decisivo. No sabía cuantas fuerzas me quedaban pero tenía que darlo todo', narró.

Luego llegó el bronce, el triunfo, acordarse 'de todos los que han trabajado para que esto suceda, porque si esta medalla es grande es por ellos'. Y las lágrimas del podio. Olaberria llegó tarde a la bicicleta. Lo suyo era el atletismo, las pruebas de velocidad. Fue récord de España de los 100 metros en categoría cadete. 'Creo que todavía sigue siendo récord', rememoró.

Pero su peso y las lesiones le fueron frenando y perdió la ilusión. Se alejó un tanto del deporte y se centró en sus estudios de turismo y en el trabajo. Hasta que su novio, el ciclista Javier Azkúe, le dijo: '¿Por qué no pruebas la bicicleta?'.

Se metió en el velódromo de Anoeta y comenzó una nueva pasión. Recuperó la ilusión por el deporte, las ganas de competir. Y el gusto por la velocidad de la atleta. Comenzó a competir con 26 años, pero con grandes dosis de pasión. 'Cuando estoy en un sprint es donde más viva me siento. Me he enganchado a esta sensación. Al principio me asustaba pero poco a poco he ido ganando en confianza', aseguró.