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Lewis y Alonso avisan a Vettel

Los líderes de McLaren y Ferrari aprovecharon la retirada del campeón del mundo, cuyo Red Bull pinchó en la primera vuelta

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No se engañen. Ni antes eran enemigos encarnizados ni ahora se han convertido en amigos del alma. Alonso y Hamilton son, simplemente, los dos mejores de la parrilla de F1. Lo saben, por eso se respetan, y punto. En 2007 se vieron envueltos en la guerra civil que, encendida por otros, acabó quemando McLaren, pero ahora cada uno vive su vida y, si acaso, les une un portentoso enemigo común: Vettel. Aprovechando el inusual y temprano abandono del alemán, Lewis dominó la carrera de principio a fin y Fernando siguió como pudo la estela del McLaren para acabar segundo y subir a un podio, el de Abu Dabhi, que aún no conocía.

Finiquitado el Mundial en lo que a títulos se refiere, lo único que se dirime en los últimos grandes premios de 2011 tiene que ver con triunfos menores que engordan las estadísticas de pilotos y equipos, y los mensajes con diferentes intenciones que procuran enviar unos y otros de cara a la próxima temporada. De ahí la satis-

facción y complicidad de Hamilton y Alonso durante la ceremonia de entrega de trofeos. Ambos gritaron, cada uno según sus posibilidades, un aviso claro dirigido a Red Bull: 'A la mínima que vuestro coche flojee o se vuelva frágil, aquí estamos dispuestos a dar la batalla'.

Y eso fue lo que ocurrió en la segunda curva de la carrera. Vettel salió sin problemas desde la pole, no le dio ninguna opción a Hamilton, segundo en la parrilla, y cuando parecía volar hacia otro paseo, su rueda trasera derecha reventó y el Red Bull se salió de la pista. Tras una vuelta dramática, entró a cambiar el neumático, pero los daños en la llanta y los bajos eran de tal magnitud que se vio forzado a la retirada. Es su primer abandono desde el GP de Corea 2010, en aquella ocasión por una avería en el motor. Es decir, ha encadenado 19 citas seguidas cruzando la línea de meta.

A partir de ese momento, Hamilton, a cielo abierto, exhibió un pilotaje veloz, preciso y, sobre todo, sin estridencias. Se vio ganador, no le tembló el pulso y rubricó un triunfo impecable, sólo amenazado levemente en un segundo cambio de neumáticos en el que Ferrari y Alonso apuraron al máximo, pero no les llegó para salir por delante de Lewis.

El asturiano cumplió lo anunciado y lo ganó todo en una excepcional primera vuelta. Partiendo quinto, se merendó a Webber -cuarto-, en un visto y no visto y, apenas un par de curvas después hizo lo propio con Button. Fueron dos grandes adelantamientos, ambos exteriores y al límite, en los cuales Alonso ganó por centímetros la posición dominante y obligó a su rivales a levantar el pie.

A partir de ahí, y tras la retirada de Vettel, lo único que verdaderamente ocupó al piloto de Ferrari fue mantener la distancia precisamente con sus dos víctimas, pero ni Webber ni Button fueron nunca una preocupación real.

El excepcional ritmo que, una vez más, Alonso extrajo del limitado bólido rojo le permitió incluso soñar con la victoria durante tres vueltas. Cuando Hamilton realizó la segunda y última parada, Alonso necesitaba aguantar en pista y acumular un mínimo de 20 segundos de ventaja para superar al británico en boxes. No entró con crédito suficiente y, además, los mecánicos italianos arruinaron cualquier opción de gesta con otro pésimo cambio de gomas. Dada la importancia adquirida por esta operación, especialmente en los circuitos como el Yas Marina, en los cuales sólo se entra dos veces, Ferrari está obligado a trabajar en serio para afinar sus tiempos en boxes. No les queda otra si en 2012 pretenden batir a Vettel y a Hamilton.