Publicado: 12.05.2014 15:10 |Actualizado: 12.05.2014 15:10

La Liga menos querida; la Liga más reñida

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La temporada 2013/14 tendrá un colofón a prueba de infartos. El campeón de Liga se disputará a cara a cruz. En un duelo directo entre los dos contendientes que se han quedado solos en una batalla que ha alargado 38 jornadas, el Atlético de Madrid y el Barcelona. Un final que pocos se atrevían a contemplar cuando el calendario deparó un Barça-Atlético en la última jornada. Las cuentas son meridianas. Los rojiblancos parten con ventaja en la 'finalísima' del sábado a las 18 horas. Les valen dos resultados: la victoria y el empate. Los azulgranas contarán con el apoyo de su público y tan solo les vale el triunfo para cantar el alirón. 90 minutos decidirán todo un curso de competición. Un partido que exigirá al máximo las tensiones, las mentes y las piernas. El valenciano Mateu Lahoz será el encargado de arbitrar la contienda.

Sin embargo, este final tan trepidante contrasta con la sensación de que los tres equipos que han estado luchando por la Liga hasta estas últimas jornadas no han podido, no han sabido o no han querido dar el empujón necesario para amarrar el título sin tener que llegar a este extremo. En dos jornadas -en el caso del Real Madrid, tres- ninguno de ellos ha ganado ni un solo partido. El Atlético ha perdido uno y ha empatado. El Barcelona ha empatado dos. Y el Real Madrid ha empatado también dos y ha perdido uno. Todos ellos, en función de los horarios de los partidos, han estado en disposición de dar golpes tanto anímicos como numéricos a la clasificación. Pero ninguno de ellos se ha mostrado en disposición de conseguirlo. 

Los rojiblancos, los que han mantenido el liderato en todo momento (suma 89 puntos), han padecido cierto mal de altura. Los de Simeone han notado en el momento decisivo la responsabilidad del que tiene en su mano hacerse con la Liga. El miedo ha superado en estos dos partidos a la fe que había demostrado el bloque colchonero a lo largo de toda la temporada. Tras el éxtasis de euforia que supuso alcanzar, 40 años después, la final de la Liga de Campeones, tuvo la opción de dejar casi sentenciada la Liga en la jornada 36. Jugaba el domingo en el Ciudad de Valencia y el sábado había empatado el Barça en casa ante el Getafe. Lo tenía todo en su mano pero perdió por 0-2.  Y ayer el Calderón se dispuso con sus mejores galas para vivir el alirón. El Barça jugaba a la misma hora y cosechando mejor resultado que los del Tata, el título volvía a las vitrinas del estadio del Manzanares. Pero se topó con el Málaga y con las manos de Willy Caballero (1-1).

Pese a todo, en el entorno rojiblanco se destila la satisfacción de haber llegado con las posibilidades de Liga intactas a la última jornada. "Llegaremos a la última fecha tres puntos por encima del Barcelona. Eso no lo creía nadie y nadie va a creer que tengamos posibilidades de ganar, pero seguimos vivos. No tengo nada que decirles a los jugadores. Ahora toca una final, donde siempre hay un 50 por ciento para cada uno", aseguraba ayer en rueda de prensa Simeone. Y continuó mandando una arenga de optimismo a los suyos: "Jugamos contra un poderoso acostumbrado que en la última década ha ganado ocho o nueve ligas. Juegan en casa, pero iremos con mucha humildad e ilusión. Nadie le regaló nada a estos muchachos, estoy a muerte todo lo que le está pasando a este equipo y sus jugadores".

La temporada del Barcelona debería ser objeto de un detallado psicoanálisis. Tanto dentro como fuera del campo, ha sido el equipo que más ha dado la Liga por perdida. El que más muestras ha dado de entregar el título. De no desearlo, de no prestarle casi atención. Una plantilla que ya estaba con un ojo puesto en el Mundial y otro en el mercado de fichajes se encuentra de repente con que todavía puede alcanzar un título si gana un partido el sábado en el Camp Nou. Sus 86 puntos lo hacen posible. En los últimos tiempos el club se ha visto inmerso en una depresión deportiva, tras las derrotas en la final de Copa y en los cuartos de Champions ante sus rivales directos por la Liga, e institucional, tras la desgraciada desaparición de Tito Vilanova. La melancolía se ha paseado por el banquillo azulgrana y por los terrenos que pisaban los jugadores.

El empate en casa ante el Getafe sirvió para que Martino casi se despidiera ante los medios. Xavi pedía hacer "borrón y cuenta nueva" y Zubizarreta se reunía con Luis Enrique para planificar la próxima temporada. Entre semana, se comían asados que olían a reunión de fin de curso. Y ayer en Elche seguían de pachanga. El equipo ilicitano les sacó los colores y selló su permanencia con el empate a cero. Gerardo Martino reconocía que el equipo había estado casi más pendiente de lo que podía suceder en el Calderón que de jugar en el Martínez Valero. Y al final, el técnico reconoció que "antes de empezar el partido pensábamos que no nos alcanzaría este resultado". "Jugamos con el resultado de dentro y de fuera, con una sensación de ambigüedad. Un gol del Elche en esos momentos acababa con la pelea. Lo que sí puedo decir es que jugaron con corazón, quizás faltó un poco de fútbol y de profundidad", confesó. Pues con todo, el Barça, sin quererlo, peleará por la Liga el próximo sábado.

De la ecuación final liguera se ha despejado, por deméritos propios, el Real Madrid. Pese a tener con un partido más de margen, se ha bajado en marcha de un tren que podría haberle llevado a hacerse con la Liga y que podría haberle acercado a conseguir el primer triplete de su historia. Ayer, dijo definitivamente adiós a cualquier opción liguera tras caer derrotado en su visita a Vigo (0-2). Los dos errores de Sergio Ramos y Xabi Alonso en los tantos de Charles ejemplificaron la desgana, la desconcentración y la falta de actitud demostrada por el equipo desde que selló con brillantez su pase a la final de la Liga de Campeones. El Madrid se queda con 84 puntos y ahora depende de ganar al Espanyol y que el Barça pierda para alcanzar la segunda plaza.

El Madrid parece que no ha volado todavía desde Múnich. No apareció en el partido inmediatamente posterior ante el Valencia pese a que ya conocía los tropiezos del Atlético ante el Levante y del Barça contra el Getafe. Empató en casa ante un equipo que llegaba hundido anímicamente tras la derrota ante el Sevilla en la vuelta de la semifinal de la Europa League. En aquel partido se vio por detrás en el marcador hasta en dos ocasiones y tuvo que ser un escorzo de Cristiano Ronaldo el que sirviera para salvar un punto. Y pese a que el pasado miércoles tuvo la bala del partido atrasado contra el Valladolid, también disparó al aire. Otro empate con sabor a desidia. Osorio remató de cabeza en el 85 a la red y contrarrestó el gol de falta de Sergio Ramos. Lo de Vigo fue tan solo la consumación de que la cabeza de los jugadores del Madrid está en Lisboa. Ahora, ganar la Décima se antoja fundamental para poder teminar con éxito la temporada. Si no, estos tres partidos de Liga les perseguirán durante mucho tiempo.


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