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La Liga de San Emeterio

Suya fue la última acción que certificó el campeonato liguero del Baskonia. Splitter, designado MVP de la serie

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Si hay un jugador al que el baloncesto le debía un momento de gloria, ese es Fernando San Emeterio. Siempre dispuesto al orden global, sin afán de estrellato, sacrificado por naturaleza. Incluso callado ante el menosprecio. Él le ha dado la tercera Liga de su historia al Baskonia -las tres por 3-0-.

El mismo equipo que le puso el pasado verano en el mercado. Fernando era moneda de cambio para una cara nueva en el Buesa Arena. Para otro proyecto de nuevo ídolo. Sin embargo, las salidas de Prigioni y Sergi Vidal, especialmente este último, al Madrid, precipitaron la marcha atrás del equipo vitoriano. Y Fernando no rechistó. Sólo preguntó por el calendario de vuelta al trabajo.

Aquel día, el Baskonia empezó a ganar la Liga. Porque su plantilla, con mucho apellido nuevo dispuesto a robar minutos, seguía teniendo a San Emeterio. El físico, el tiro, la defensa, el sentimiento, la valentía. Todo eso se armonizó en dos gestos para humanizar al Barça. Uno arrancado desde la rabia. La carrera que le coló entre la defensa blaugrana para encontrar el vuelo que dibujó la canasta imposible para, al menos, forzar el cuarto partido (78-78), a falta de 0,5 segundos para el fin de la prórroga.

El otro, arrancado desde ese silencio único de Fernando. Allí, desde el tiro libre, el balón le daba la oportunidad para reivindicarse. Él, que tantos partidos ha ganado secando la producción contraria, era esta vez el ejecutor. No vaciló como el buen verdugo.

En el vuelo de su tiro libre se cerró una Liga, un partido y un momento marcado por el chute de emociones. Adrenalina entre la gloria y la desgracia. Lo primero lo ha buscado el Baskonia durante toda la serie; de lo segundo, dejó de huir el Barça en Vitoria. La gran paradoja para el equipo invencible. El equipo que parecía no tener antídoto. Sin embargo, el Baskonia lo ha desnudado en tres tardes. Las dos primeras, por tanto mérito vitoriano como demérito del Barça. Esta vez, por la paciencia y solvencia de los de Ivanovic.

En Vitoria, los de Pascual fueron algo más que el equipo desarmado del Palau. No en los dos primeros cuartos, plagados de errores y ansiedad. Sólo la zona blaugrana recondujo el marcador (41-36, min. 30), cuando Splitter, designado MVP de la final, Huertas, Eliyahu y San Emeterio ya habían definido los pilares. El despertar de Navarro y Ricky,
en el tercer periodo, derivó en la alternancia. Una guerra de nervios que Eliyahu parecía romper (60-55, min. 35) a golpe de semibombas. Pero Navarro, con un triple especial, y Morris, con una canasta y tapón in extremis, forzaban la prórroga que el Barça tuvo ganada (76-78, min. 34) hasta que apareció San Emeterio.