Publicado: 07.03.2014 07:00 |Actualizado: 12.01.2015 21:33

La litera que alumbró al mejor Barça

Roberto Trashorras recuerda los inicios en La Masía junto a su amigo Puyol e Iniesta, la mitad de la columna vertebral de los culés. Los tres compartían habitación en la residencia azulgrana. "Entonces ya era un jefe, un referente", evoca sobre el capitán del Barça, que ha anunciado su marcha

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Imágenes de carnet de Iniesta y Puyol en su época en La Masía del Barcelona.

Aquella habitación era oro. De entre todas las que había en La Masía y entre los jóvenes que llegaban cada año, la casualidad quiso que ésta contuviera a dos de las piedras angulares sobre las que se erigiría el mejor Barça de la historia. En la cama de arriba de una litera dormía un tal Andrés y en la de abajo un tal Carlos. En la de al lado se encontraba Roberto Trashorras (Rábade, Lugo, 1981) y "un tal Cortés", como lo describe el ahora capitán del Rayo Vallecano. En aquel habitáculo eran ocho. Y, como a cada uno le tocaba lo que quedaba libre, fue el azar el que juntó en el mismo a ese tal Andrés Iniesta y a ese tal Carlos Puyol. Además de Trashorras, el resto eran gente que no llegó a futbolista profesional. "Te podría decir nombres pero no los conocerías", reconoce.

Era 1996 y el gallego, con 15 años, venía de jugar con el Racing Villalvés y la selección de su comunidad. Allí le recibió un Puyol (Pobla de Segur, Lleida, 1978) que solo había arribado una temporada antes a la residencia azulgrana pero que, por su edad, ejercía ya de veterano. "Tenía mucho carisma, era un referente, un jefe. Los que llegábamos le teníamos mucho respeto", recuerda. Puyi, como le llaman sus amigos, se encargaba de hacer más llevadera la melancolía que provocaba el estar tan lejos de los seres queridos. Era el caso de Trashorras. "Era un chaval muy cercano, y ya desde el primer momento te ayudaba mucho. En los momentos en los que estabas más bajo de ánimo se acercaba y hablaba contigo. Con Andrés [Iniesta] también lo hizo", recuerda.

El ilerdense era genio y figura. Muy alegre y risueño, constantemente bromeando y de buen humor. "Siempre lograba sacarte una sonrisa, por muy triste o difícil que fuera el momento por el que estuvieras pasando". Esto llevó a que la convivencia de las decenas que formaban La Masía fuera considerable. Tanto que Roberto llegó a ser uno de los mejores amigos de Puyol allí, uno de los que formaban su círculo más cercano. ¿Y de qué hablaban tantas horas juntos? De fútbol, como no podía ser de otra manera. "Las conversaciones eran bastante monotemáticas. A veces íbamos al cine o hacíamos otras actividades, pero, lógicamente, cuando estás en una residencia de fútbol, de lo que más se habla es de eso", rememora con una sonrisa.

Por entonces, Puyi era alto y tenía un gran físico, muy corpulento. Llega al Barça B como interior derecho, una posición mucho más ofensiva que la que acabó ocupando con el tiempo. "A lo mejor la técnica no era una de sus mayores virtudes, como sí la era en otros, pero él la suplía con esfuerzo, garra y disciplina táctica; era muy inteligente. Pese a que pasaron jugadores que podían tener mejores cualidades técnicas, al final siempre jugaba él". Es en su ascenso al primer equipo, en 1999, cuando se reconvierte definitivamente como lateral derecho. Como ha ocurrido con muchos históricos, la ocasión le llega gracias a una lesión, en este caso de Reiziger. Van Gaal le da la alternativa justo cuando estaba muy cerca de marcharse al Málaga que entonces dirigía Joaquín Peiró. "Después de tantos años, él quería triunfar y, como muchos otros, veía que en el Barça no había futuro. Para él, irse a un equipo de Primera suponía una gran oportunidad", afirma el centrocampista del Rayo. Al controvertido técnico holandés le encantó. Se quedó prendado desde el primer momento de sus cualidades, su coraje, y ya no dejaría el equipo. 

Una temporada después explota definitivamente con su famoso férreo marcaje a Figo en la vuelta del portugués al Camp Nou, después de que hiciera el puente aéreo con destino Madrid el verano anterior. La prensa, los compañeros y el mundo del fútbol le alaba. El de Pobla de Segur se convierte en un fijo, en imagen del barcelonismo, del culé. Hasta hace alguna temporada, pocos imaginaban, probablemente ni siquiera él, que dejaría el club de su vida a los 36 años, cuatro o cinco antes de la edad a la que hubiera querido. Como Maldini, en quién siempre se miró. "He admirado tu manera de vivir el fútbol, intensamente y con una deportividad ejemplar, que yo modestamente he intentado hacer mía en el Barca", le dijo al mito italiano cuando se retiró.

"Se exprimía"

Puyol no pudo actuar de forma más honesta cuando el martes anunció que dejaba el club tras 15 años al máximo. Sabía que, debido a las lesiones, ya no podía dar el nivel que exigía un club como el Barça y, pese a que tenía todavía un más que suculento contrato por delante, se hizo a un lado. "Se exprimía físicamente tanto en los entrenamientos como en los partidos, y eso le ha acabado pasando factura", afirma Trashorras. El gallego sabía que Puyi estaba obsesionado con las lesiones, sufriendo con sus rodillas, que tantos quebraderos de cabeza le habían dado en los últimos años. Pero no conocía la decisión que su amigo había tomado. Ni siquiera cuando charlaron con motivo de la última visita del Rayo al Camp Nou hace unas semanas. "Era algo que llevaba él por dentro", asume. "Es un futbolista que quería jugar todo y al máximo nivel, y cuando ve que no puede lo deja. Para quitarse el sombrero, significa que quiere mucho al Barça".

¿Qué le aguarda ahora? Sólo él lo sabe. Los rumores apuntan a una liga menor, que exija menos, como la MLS (Major League Soccer) de EEUU. Una posibilidad que también apunta Trashorras. "Eso ya será cosa suya".