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Como locos a por el gol

Betis y Espanyol empatan (1-1) en un partido de un ritmo muy vivo y con muchas ocasiones

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Divertirse. Ahí está el quid del fútbol. Recubierto de demasiados accesorios, suele olvidarse que la esencia radica en el entretenimiento del que contempla el espectáculo. El Betis ha podado las malas hierbas y se ha quedado con la sustancia. Para no refutar al anfitrión, el Espanyol se apuntó a la fiesta del Ruiz de Lopera. Dos equipos desbocados ofrecieron un partido sin mantas. Poco abrigo y mucho riesgo para una tarde-noche de fútbol de lo más entretenido. El resultado pudo bailar de un lado a otro; tan pronto los verdiblancos asediaron la portería de Kameni, como los blanquiazules - ayer de blanco y rojo- se iban a por la meta de Casto. Dos equipos con 5 defensas y 5 delanteros. Todo el césped convertido en campo de batalla.

Una partitura sin cortes ni interrupciones. Ni una sola cesura en la hora y media. El balón ya estaba al medio minuto en una de las áreas y acabó abrazado a un portero cuando el árbitro dio por terminada la fiesta.

Criados a muchos kilómetros de distancia, Capi e Iván de la Peña profesan la misma ideología futbolística. Están cortados por un sastre que puso hincapié en que fueran anchos de talento y capacidad para el pase. Hasta que tuvieron fuerzas, los dos centrocampistas lideraron una cruzada contra el sopor. No hubo minuto de tregua.

Los verdiblancos salieron al partido como posesos. El acoso a la portería de Kameni fue salvaje. El empuje de Emana es capaz de tirar del equipo entero y echárselo a los hombros. Su fuerza es una de las diferencias entre este Betis y los anteriores. Otra de las novedades es la mayor participación de Capi en el juego. Su depósito físico es mayor y eso le da oxígeno para sacar a pasear esa facilidad con la que entiende el juego.

De la Peña pidió la palabra enseguida. Empezó a tomar contacto con la pelota y el nuevo equipo de Mané construyó ocasión tras ocasión. Un poste, un larguero, una mano clara de Juanito, que no vio el árbitro. El duelo estaba servido. Ocasión tras ocasión sin descanso. Ninguna de las defensas era capaz de llamar al orden a las delanteras contrarias.

No fue la mejor noche para poner en estima las retaguardias de ninguno de los dos equipos. Quedaron en entredicho ante la capacidad atacante de uno y otro. Lo más llamativo del primer tiempo fue que no hubo goles. No hubo acierto para ponerle el sello a la multitud de oportunidades. Nelson tuvo un pase claro para dejar sólo a Sergio García, pero decidió tirar a puerta. Así empezó el partido y así se fue al descanso: con una llegada clara.

15 minutos de sosiego y vuelta a la carga. Emana siguió a toda pastilla y el Espanyol tuvo que encontrar una alternativa a De la Peña. Halló la banda de Nené para llegar hasta Casto.

El centrocampista camerunés del Betis encontró el gol en un buen disparo tras una buena jugada de toda la delantera. Los béticos tuvieron cinco minutos en los que pudieron dar la puntilla al partido. Al Espanyol le duró ese tiempo la pájara. Muy pronto volvió a meterse en el partido y se aprovechó de las dudas de una defensa algo nerviosa toda la jornada. Coro se coló por un callejón que dejó solitario Juanito para marcar el empate.