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La lógica es azulgrana

La superioridad del Barça debe imponerse a un Madrid que apelará al orgullo y a un subidón ficticio

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“Con esta camiseta se sale siempre a ganar”. La réplica de Raúl a la rendición de Schuster (“ahora no es posible ganar al Barça”) fue la antesala de la destitución del alemán. El capitán tomó la palabra, arrió la bandera blanca (y no precisamente la del Madrid) izada a los cuatro vientos por Schuster e invitó públicamente a Calderón a inclinar su dedo pulgar. Mijatovic, el ejecutor, y Juande, el sustituto, aguardaban ansiosos en la sala contigua. Todo estaba hablado y sólo era cuestión de que pasara la asamblea.

Como por arte de birlibirloque el madridismo se vino arriba. Claro que si el subidón fue por ganarle al Zenit y atribuirle el éxito a Juande, fuegos de artificio ante un partido mayor como el que le aguarda en Barcelona.

El técnico manchego llevaba semanas merodeando por el Bernabéu, algo que incomodó aún más a Schuster. “Me invitaron a un café y cerramos el acuerdo rápidamente”, dijo en su meteórica y esperpéntica presentación. Paradojas del destino, el Sevilla al que Juande dejó tirado, le permitió asaltar un banquillo para el que estaba apadrinado mucho antes de ese café tan humeante como la propia destitución de Schuster. No guardó ni el luto.

La influencia de Raúl para que Juande haya recalado en el Madrid ha sido decisiva. Ambos, junto al renacido Salgado, comparten representante. “No comí con Raúl hace 15 días, fue hace dos meses”, puntualizó primero y confirmó después. Raúl, de constitución atlética, se ha erigido en el mandamás del Madrid. En el campo luce el brazalete de capitán, pero fuera de él es capitán general. De ahí que esta noche volverá a ser él quien lidere a su equipo en el Camp Nou. “Con esta camiseta se sale siempre a ganar”, arengará Raúl a sus compañeros.

La duda es si Juande también planteará el partido con ese objetivo o si por contra dará la razón a Schuster y disfrazará al Madrid de equipo menor: metido atrás, obsesionado con parar a Messi, juntito para no pasar frío y calentar a Xavi, y saliendo a la contra. Sacar conclusiones de la victoria sobre el Zenit es un error. Y aún más notorio si quien lo hace es el técnico entrante. “Estamos capacitados para sacar un buen resultado en Barcelona”, señaló Juande, como si 24 horas le hubieran bastado para cambiarle la cara al Madrid. Sabido es que para los futbolistas el debut de un entrenador es como para los niños un juguete nuevo. Al principio le hacen mucho caso, pero enseguida se cansan de él y lo dejan en una esquina.

¿Y qué decir del Barça? Han pasado sólo siete meses del bochorno del Bernabéu, pero en ese tiempo el club azulgrana ha dado un giro radical. Al fondo del pasillo estaba el final de un ciclo: el adiós de Rijkaard, la moción de censura contra Laporta y la apresurada llegada de Pep Guardiola. En Barcelona hay ánimo de revancha y se masculla la goleada, aunque Guardiola sabe que todas las precauciones serán pocas.

Individualmente, y pese a sus numerosas lesiones, al Madrid se le suponen argumentos más allá del orgullo para mantenerse de pie frente al Barça. Ahora bien, y salvo que Juande sea el mago que se quiere vender, colectivamente el fútbol del Barça está a otro nivel y debería pasarle por encima. ¿Con goleada? Pues todo dependerá del rendimiento que ofrezca el Madrid.

Sobra decir que Casillas no está en su mejor momento. Valdés, por contra, vive más tranquilo. Su equipo defiende mejor porque juega mejor. Tener el balón y saber qué hacer con él es el arma del Barça. Los pronósticos son evidentes y el cauto discurso de Guardiola tendrá hoy más vigencia que nunca. A diferencia del Madrid, el Barça sólo puede ganar. La lógica es azulgrana.