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Lotus regresa al futuro

La mítica escudería de Senna y Fittipaldi, propiedad del Gobierno malayo, reaparece hoy en Jerez

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El espíritu de Lotus es tan genuino y poderoso que no se apaga en 15 años de ausencia de la F1 ni sucumbe bajo los billetes del Gobierno de Malasia, que en 1996 compró la mayoría de sus acciones. El coche que rodará hoy en Jerez y su piloto, el novato malayo Fairuz Fauzy, nada tienen que ver con el mito de una escudería histórica, pero una parrilla con dos bólidos Lotus junto a Ferrari, McLaren, Williams o Mercedes suena a campeonato grande.

El padre de la leyenda verde y amarilla fue Anthony Colin Bruce Chapman, un genial ingeniero cuyas cuatro iniciales figuran entrelazadas en el escudo de la marca, nacida en 1952 como una fábrica de coches deportivos. La velocidad subyugaba de tal forma a Chapman que animaba a todos sus clientes a participar en carreras. Y en 1958, Lotus aterriza en la F1.

Jochen Rindt, único campeón del mundo a título póstumo en 1970

Los números del equipo inglés ratifican su condición de grande. En 36 temporadas abandonó los circuitos en 1994, Lotus ha disputado 493 grandes premios y suma 79 victorias, 161 podios, 107 poles y 70 vueltas rápidas. Y presenta un palmarés envidiable: siete títulos mundiales de constructores (1963, 65, 68, 70, 72, 73 y 78) y seis de pilotos: Jim Clarke (1963 y 65), Graham Hill (68), Jochen Rindt (70), Emerson Fittipaldi (72) y Mario Andretti (78).

La mística de Lotus se cimenta en estos y otros nombres propios. Por encima de todos, el de Ayrton Senna. El 21 de abril de 1985, bajo un aguacero, el brasileño firmó en el G. P. de Portugal la primera de sus 41 victorias tras apabullar a Alain Prost (McLaren), el gran favorito. En las tres temporadas que permaneció en Lotus (85 a 87), Senna no ganó el Mundial, pero sumó seis triunfos y, sobre todo, explotó como piloto enorme antes de alcanzar la gloria en McLaren.

El equipo británico ganó siete títulos de constructores y seis de pilotos

Ayrton supo aprovechar la brecha del talento innato brasileño abierta por su compatriota Emerson Fittipaldi, cuyos éxitos y audacia hicieron fortuna en la sociedad española de los setenta hasta tal punto que su sonoro apellido designaba, y aún hoy se entiende así, a aquellos automovilistas con tendencia a pisar el acelerador.

Fittipaldi debutó en F1 (1970) a bordo de un Lotus, y, dos temporadas después, el 11 de septiembre de 1972, fijó una marca, la de campeón del mundo más joven de la historia con 25 años, ocho meses y 29 días, que duró 33 años. En 2005, se la arrebató Fernando Alonso 24 años, un mes y 27 días y, en 2008, Lewis Hamilton logró el récord aún vigente: 23 años, nueves meses y 27 días.

Sin embargo, la verdadera singularidad que guarda la historia de Lotus es de las que, por dramática, sustentan la épica del deporte. Es la historia de Jochen Rindt, el único campeón del mundo a título póstumo en los 60 años de historia de la F1. El 5 de septiembre de 1970, durante los entrenamientos del G. P. de Italia, las ruedas de su Lotus se bloquearon al entrar en la famosa curva Parabólica. El impacto contra el muro fue brutal. El surafricano se rompió las piernas y varias piezas del bólido le atravesaron el pecho y el abdomen. Murió una hora más tarde. Quedaban cuatro carreras para el final del Mundial, pero la gran ventaja acumulada antes posibilitó que Rindt (28 años) ganase el título mes y medio después de fallecer.

El brillo de las innumerable figuras que han pasado por el equipo a los anteriores se pueden sumar Hill, Clark, Moss o Piquet y las genialidades técnicas de Chapman inventó el efecto suelo, teoría aerodinámica por la cual los bólidos se pegan al asfalto convierten a Lotus en la cuarta escudería histórica de la F1.

En paralelo a la competición, Lotus supo sacar partido al prestigio de sus deportivos de calle, cuya singularidad quedará para siempre inmortalizadaen Regreso al futuro, famosa saga de películas. El DeLorean con puertas de ala de gaviota que viaja de década en década y el joven McFly que lo conduce comparten la fama universal de Senna y Fittipaldi.