Publicado: 17.05.2015 21:59 |Actualizado: 17.05.2015 22:48

Real Madrid: veinte
años no es nada

Los blancos ganan su novena Copa de Europa dos décadas después tras un igualado choque contra un Olympiacos que sólo se rindió al final. Nocioni, clave en el choque y MVP.

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Jaycee Carroll. EFE

Jaycee Carroll. EFE

Lo dice el tango y hoy los aficionados del Madrid lo pueden tararear con alivio. Hicieron falta dos décadas para que los blancos ganaran su novena Copa de Europa y no se puede decir que la espera haya merecido la pena, porque bien podrían haber alzado el título el año pasado, o el anterior. Los seguidores blancos han aguardado demasiado. Pero cierto es que los merengues limpiaron al fin las telarañas de muchos años del apartado europeo de su vitrina con una paliza tan inapelable como engañosa (78-59) a un ogro que hace dos campañas les batió en la final.

No pudo hasta el final el Madrid tomar aire y esbozar esa sonrisa que se le pone al que se sabe campeón quedando minuto y medio. Olympiacos hizo un partido muy serio. Correosos, muy intensos en defensa , competidores como ninguno y más acertados en ataque. Hasta el último cuarto. Los helenos silenciaron el espectacular ambiente del Barclaycard Center, hoy claramente repleto de seguidores blancos. Lojeski, con diez puntos y 100% de acierto en tiros, ponía a los griegos con ventaja al acabar el primer cuarto (15-19), mientras el cuadro de Laso sólo aguantaba el tirón a base de triples, muy incómodo con la defensa que plantó en cancha Sfairopoulos.




No fueron capaces los blancos de correr en todo el choque por esa buena defensa de los helenos, que se fueron diluyendo en el segundo cuarto. Spanoulis estuvo de nuevo desacertado, completando una triste Final Four a excepción de los espectaculares últimos diez minutos ante el CSKA. Anotó el ídolo griego su primera canasta de campo en el minuto 15 para devolver la ventaja a Olympiacos (22-24). Laso lo intentaba tirando del habitual chute de adrenalina que suele ser el 'Chacho', pero fue en balde. Sin embargo, los blancos endosaban un parcial de 6-1 para irse al descanso con una máxima ventaja de 7 puntos (35-28).

Olympiacos pagaba caros sus errores en los tiros libres (acabó el choque con un lamentable 46% de acierto: 12 de 26; por el 84% del Madrid) y en las pérdidas. Y en la ausencia de un Spanoulis que ya no regresó. Lo mejor del fracaso de segundo cuarto para los helenos (20-9 para los merengues) era que sólo se veían 7 puntos abajo. Sacó, sin embargo, su garra Olympiacos en la reanudación y tras el meneo en pista del 'Aserejé' versión 'spanglish' remontó para ponerse uno arriba tras un 3-13 de parcial (40-41, min.25). Cuando peor pintaba el asunto y a Laso y a medio pabellón se les venían a la cabeza las imágenes de 2013, apareció Carroll con 11 puntos en cuatro minutos. Los blancos devolvían el golpe con un crochet durísimo al rostro heleno (53-46 al final del tercer cuarto).

l base de Olympiacos Vassilis Spanoulis (i) lucha la posición con el argentino Andrés Nocioni, MPV de la Final Four. EFE/Juan Carlos Hidalgo

El base de Olympiacos Vassilis Spanoulis (i) lucha la posición con el argentino Andrés Nocioni, MPV de la Final Four. EFE/Juan Carlos Hidalgo


Debieron pensar los griegos que quizás volverían a hallar a Spanoulis para llevarse el título a casa. Se hablaba los días previos de que con el base esperando hijo siempre ganó la Copa de Europa (lo hizo en las tres veces anteriores) y que ahora su mujer espera el cuarto, una niña. Pero ni por esas. El Madrid asestó el derechazo definitivo al mentón para tumbar por KO a Olympiacos, que sólo se rindió en las postrimerías. Lo tuvo que matar bien muerto porque es de esos cadáveres que reviven cuando menos se lo espera uno. Fue Nocioni (12 puntos, 7 rebotes, 2 asistencias) el hombre de la guadaña. Ocho puntos, un tapón de otro mundo y los premonitorios gritos de MVP para la parca, que no vestía de negro.

"¡Aquí, en nuestra casa, con nuestra sangre, sólo hay un final posible. Campeones de Europa!", se conjuraba el cuadro local minutos antes de la final. Ya lo tienen. Madrid: veinte años no es nada.