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El Madrid rompe el gafe

Los blancos no jugaban una final de Copa desde 2004, y ante el Barça, desde 1990

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La historia reciente pesa y crea psicosis. El Bernabéu acudió a la cita con tantas ganas de celebrar el paso a la final como sospechas de que otro disgusto tampoco era descartable. Pasados los primeros minutos y el alboroto por un disparo al palo de Di María, se instaló en el estadio un silencio cortante, una señal de que los últimos partidos le han hecho dudar al madridismo de su equipo.

Esa tensión en la grada y en el equipo la percibió Mourinho y él mismo acabó contagiado. El primer objetivo del portugués fue aclarar a Ramos qué zonas del campo debía ocupar y por dónde subir. Después hasta tuvo que indicar a sus defensas y centrocampistas donde tenían que colocarse para iniciar la jugada desde atrás. El estadio enmudeció al poco cuando Negredo superó a Casillas con una preciosa vaselina.

El caos del Madrid lo enseñó también una bronca a Casillas del entrenador portugués por no decirle a Albiol que dejara pasar un balón largo que el portero podía controlar con mayor facilidad. A los jugadores del Madrid, como la pasada campaña ante el Lyon, se les apreció el vértigo de un posible gatillazo. La acusación de su entrenador de no tener suficiente regularidad tampoco ayudó a tranquilizarles en la previa.

Sin la pegada habitual de Cristiano, a medida que pasaba el tiempo, esa sensación de incertidumbre se hacía más grande. Como termómetro del equipo, el error del delantero portugués, sólo ante Varas, infundió más temores. Se quedó con el rostro desencajado y volvió a practicar ese inmovilismo en varias acciones en las que recuperó la posición andando. Cuatro partidos sin marcar le tienen fuera de foco.

No es habitual, pero con ese panorama, ayer fue el Bernabéu el que decidió enchufar a su equipo en la última media hora del encuentro. Sintió la grada que a su equipo con el fútbol no le llegaba para garantizar a la anhelada final y se encendió. A partir de ahí aplaudió algunas contras de sus jugadores, animó a Benzema y explotó con el gol Özil. Luego, desataron su ira contra José María del Nido, presidente del Sevilla, al que insultaron con ganas.

Así que 21 años después de aquella final de Mestalla que el Barça ganó contra pronóstico (2-0), los dos grandes del fútbol español volverán a jugarse la Copa. Para Mourinho es una vía de escape como en su día lo fue para Cruyff, que en la temporada de aquella final de 1990 había empezado a dar síntomas del poder absoluto al que aspiraba con el caso Milla. El turolense fue su primer gran elegido para representar la escuela del toque que ahora tanto acompleja al Madrid. El holandés no quería pagarle lo que le el mediocentro reclamaba y no le convocó para aquella final. Milla fichó por el Madrid al finalizar la temporada, pero en la siguiente Cruyff ganó la primera Liga que desembocó un año más tarde en la primera Copa de Europa del Barça. La Copa también le sirvió de revancha al Madrid tras el 0-5 que cantó Serrat y que también tuvo a Cruyff como protagonista. Esa misma temporada, la 73-74, disputaron la final de Copa y el Madrid se impuso con rotundidad (4-0) y se desquitó de aquel varapalo.

Ayer, un alemán recién llegado, de ojos saltones y zurda prodigiosa, celebró el gol frente a los fotógrafos besándose el escudo (¿un guiño irrespetuoso a Forlán?). La fiesta la cerró Adebayor, que diez minutos de pisar por vez primera el césped del Bernabéu se estrenó como goleador blanco. Y firmó la gran final deseada desde hace 21 años.