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El Madrid saca la bestia que lleva dentro

Exhibición blanca ante el Efes

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El Efes estaba aún pensando en la rueda de calentamiento cuando el Madrid ya había sacado la guadaña. Defensa intensa, robos rápidos, transiciones a toda pastilla. El credo de Laso. El Madrid comienza la película con un parcial de 16-4, una sensación muy parecida a jugar sin rival. Todos brillaban o hacían por ello. Llovían tiros de Suárez y Rudy con bastante acierto, contraataques en tromba y baloncesto espectacular, sin ambages, con una muy estudiada libertad. La afición disfrutaba en la grada, la gente quiere no poder pestañear en un partido.

Cuando el equipo bajó un poco el nivel colectivo, a partir del segundo cuarto, se activó una nueva bomba. Carroll engaña al mundo con su cara de niño bueno. Detrás de esa sonrisa de tímido hay un justiciero del oeste con una mecánica de tiro de museo. Empatizar con él le resulta sencillo a la grada. Parece un hombre normal y eso le catapulta a convertirse en un ídolo. Eso y ser una máquina de anotar, claro. Cuando a falta de un minuto del tercer cuarto se fue al banquillo los blancos aventajaban a los turcos por 22 tantos. Misión cumplida, 19 puntos en 24 minutos de juego. No fue el único en estado de gracia. La garra certera de Carlos Suárez, la dirección de Sergio, Rudy machacando y Mirotic repartiendo clase. El recital, por encima de los cien puntos (104-84), fue ante un equipo con mucho dinero y fichajes de relumbrón que, por el momento, no sabe actuar como un grupo.

El Barça sufre en Turquía

En Turquía, la sintonía de un pianista amateur rescató ayer al Barcelona de una tarde de desconcierto. Tocando las teclas adecuadas, en el momento preciso, Erazem Lorbek que, además de músico aficionado, es un baloncestista enorme, logró que la composición del Barça, que había sonado a gloria ante el Galatasaray (20 puntos de ventaja), arrancara la victoria más costosa para el grupo de Xavi Pascual (66-70). Si la hoja de servicios del Barça continúa hoy impoluta en Europa (cinco triunfos en cinco partidos) es, en gran medida, porque el pívot esloveno supo afinar cuando los azulgrana más desentonaban. Su serenidad y una canasta en el momento de mayor zozobra (62-68) cerraron un partido en el que el Barça fue víctima de una bipolaridad inédita.